martes, 20 de octubre de 2015

La muerte del Jefe Máximo

Por: Víctor Miguel Villanueva
@victormiguelvh 

Plutarco Elías Calles, en la Revolución Mexicana, triunfó hasta sobre la muerte. El movimiento armado de principios del siglo XX no le quitó la vida en los campos de batalla, ni la perdió en un ajuste de cuentas ni en una traición como era costumbre en ese entonces. No, el general Calles tampoco fue asesinado como Madero, Carranza, Obregón, Villa, Zapata, Serrano o Gómez; no, él sobrevivió a todos ellos; incluso a los fuerzas cristeras durante el conflicto religioso. Plutarco Elías Calles fue el único Jefe Máximo –el más poderoso– de la Revolución Mexicana que llegó a la tercera edad, que murió de viejo, por enfermedad, y su deceso también se convirtió, como otras muchas cosas más que hizo, en algo inédito en la vida política de este país.
            Para Calles ser maestro rural y luego inspector de educación era poca cosa. De ahí que buscara el prestigio social y económico en otros lares; pero como empresario fue un fracaso. Su vida comenzó a cambiar, a parecerse a sus sueños, cuando se hizo comisario de Agua Prieta. Su entrada a la Revolución fue posterior al asesinato de Francisco I Madero; fue entonces cuando comenzó su carrera militar siempre bajo la tutela y opacado por el genio militar de Álvaro Obregón. No le bastó ser gobernador de Sonora cuando los constitucionalistas vencieron al usurpador Huerta, pues su ambición le aconsejó ser la sombra del Caudillo. Con él se deshizo de todos los obstáculos políticos que se impusieron a sus planes: el presidente Venustiano Carranza; los líderes populares Francisco Villa y Emiliano Zapata y de quienes intentaron competir con ellos por el poder: Adolfo de la Huerta, Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez. Llegó a la presidencia de la República en 1924 y tras el asesinato de Obregón en La Bombilla, se erigió como el Jefe Máximo. Cargo que ocupó, pese a las dos expulsiones del país que le hizo el general Lázaro Cárdenas, hasta el día de su muerte, el 19 de octubre de 1945. Hace 70 años.
El día que regresó a México.
Foto: Plutarco Elías Calles. Pensamiento político y social
Antología (1913-1936) FCE México 1992.
En 1941, en pleno gobierno de la llamada unidad nacional de Manuel Ávila Camacho, el viejo general Calles pudo regresar al país. El sexenio de Cárdenas, su antiguo hijo político, había terminado y el Jefe Máximo podía volver. Viudo, lleno de hijos, yernos y nueras, nietos y dos hijos más con su segundo matrimonio, Plutarco Elías Calles pasaba los 65 años cuando decidió vivir su vejez en la Ciudad de México. Aunque viejo y sin un poder verdadero en la política, su presencia era emblemática para el grupo gobernante, se trataba del único sobreviviente que tomó las armas para restablecer el constitucionalismo en el país tras el asesinato de Madero. Era la Revolución personificada, ni más ni menos. Pero el Turco estaba viejo y tenía menos fuerzas para soportar los achaques que siempre tuvo en ese cuerpo fornido que lo había acompañado por tantos años y en tantas batallas militares y políticas.
            El 18 de septiembre de 1945 cumplió 68 años, casi un septuagenario. Fue entonces cuando entró a la recta final de su vida. Casi un mes después enfermó. Su médico de cabecera Abraham Ayala González tuvo que operarlo de las vías biliares el sábado 13 de octubre de 1945. Dos días tardó en recuperarse de la intervención, incluso se dice que estuvo animado hablando con sus hijos, hijas y nietos. Pero la noche del jueves 18 se sintió mal, tuvo una recaída. A las 5 de la mañana fue llamado de urgencia el doctor Ayala González y había un inusual movimiento en el Hospital Inglés, más aún en la habitación 32 del mencionado nosocomio que estaba totalmente pintada de blanco, sin ningún adorno y con un buró lleno de cajas de medicina, frascos y jeringas. De acuerdo con El Universal, a las 11:30 Plutarco Elías Calles recobró la conciencia y hasta reconoció a Ayala González “mi querido doctor”, le habría dicho con voz cansada. Luego vendría otro shock del cual ya no volvería el exmaestro rural. Intentaba hablar pero se ahogó en “borbotones de su propia sangre” aseguró Excélsior.
En el exilio.
Foto: Plutarco Elías Calles. Pensamiento político y social
Antología (1913-1936) FCE México 1992.
            En el cuarto 32 reinaba el caos y la angustia. Se hacían trasfusiones de sangre, se aplicaban sueros e inyecciones; el general sonorense expulsaba sangre por la boca. Pasadas las 14 horas de aquel 19 de octubre de 1945 sólo había una certeza: el expresidente Plutarco Elías Calles fallecería en cualquier momento. Al Hospital Inglés llegaron los primeros secretarios de Estado: Primo Villa Michel, de Gobernación; Eduardo Suárez, de Hacienda y Crédito Público; Marte R. Gómez de Agricultura, y el licenciado Jesús González Grillo con la representación del Presidente Manuel Ávila Camacho. Entre tanto, los familiares mandaron por los dos hijos menores del general Calles que se encontraban en San Francisco, California: Plutarco de 13 años y Leonardo de 11, hijos de Leonor Llorente. También se le avisó a Artemisa Elías Calles Chacón que estaba en Nueva York. En el círculo político la noticia de que el Jefe Máximo estaba por morir se volvió un rumor constante y viral. A las 14:40 el hombre fuerte de México fue declarado muerto por el doctor Abraham Ayala González.
            Su rostro era de “una intensa palidez, los pómulos salientes y mejillas hundidas, el pelo casi blanco, surcada de arrugas la cara y grandes ojeras”, según describió la reportera de El Universal. También dijo que el general tenía un pijama color crema de manga corta y que las sábanas blancas de su cama estaban salpicadas de sangre. Desde luego, no hubo presencia alguna de un sacerdote y a nadie se le ocurrió esa descabellada idea. Fernando Torreblanca anunció que el cuerpo de su suegro sería velado en la residencia de Guadalajara 104, esquina con el Parque España.
            A las 19 horas, del 19 de octubre de 1945, se abrió la residencia Torreblanca Elías Calles. El cuerpo del General estaba al centro del hall con un traje negro, dentro de un ataúd metálico y cuatro velas gigantes con luz roja que lo rodeaban. En la puerta Rodolfo, Plutarco, Alfredo y Gustavo Elías Calles Chacón recibían las condolencias. Mientras que en el interior Hortensia, Natalia y Alicia Elías Calles Chacón en completa soledad y silencio, se encontraban vestidas de negro, con velos del mismo color sobre sus cabezas y rostro, con los ojos “enrojecidos por el llanto”.
Un “informante” le confesó a Ana Soledad Álvarez de Excélsior que el general “no deja gran fortuna. Son fábula las cuentas de libras esterlinas en los bancos extranjeros”. La misma fuente asegura que hubo en el velorio un momento de “tensión” cuando de pronto “llegó un personaje vestido de negro, de largo gabán, que por un momento se cree que es un sacerdote”. En su crónica dice que se trataba de Gumaro Lizárraga “que no sé porqué tiene apariencia sacerdotal”. La misma reportera agrega que al salir esa noche de la residencia Torreblanca Elías Calles, alguien del pueblo le preguntó si el General había alcanzado a ser confesado.
Ya cansado y viejo el Jefe Máximo.
Foto: Plutarco Elías Calles. Pensamiento político y social
Antología (1913-1936) FCE México 1992.
            Durante esa noche y la mañana del 20 de octubre siguieron pasando frente al ataúd del que fuera el Jefe Máximo de la Revolución Mexicana “militares de alto rango, senadores, diputados, políticos, hombres de negocios y damas de diferentes círculos sociales”, así como también gente del pueblo. El presidente Ávila Camacho y su secretario de la Defensa Nacional, el general Francisco. L. Urquizo montaron una guardia. También hicieron acto de presencia compañeros del estadista sonorense tan cercanos como el general Joaquín Amaro y Luis N. Morones, no podían faltar a darle el último adiós a quien les dotó de poder político y de grandes fortunas. El segundo no perdió tiempo y fiel a su estilo ante la prensa declaró a Calles “amigo de la clase proletaria”. Igualmente pasaron lista de presentes Humberto y Refugio Obregón, hijos del Caudillo. El reportero de Novedades dio fe de la presencia de José Vasconcelos quien también acudió a despedir al político sonorense.
El cortejo partiría al panteón luego de la visita del presidente de la República que estaba anunciada a las 15 horas. Así fue, muy puntual llegó a la calle de Guadalajara 104 el general Manuel Ávila Camacho, acompañado de Emilio Portes Gil, Marte R. Gómez y Javier Rojo Gómez. Sonaron 21 cañonazos, la banda militar dio toque de silencio y se entonó el Himno Nacional. El Presidente montó la última guardia con sus acompañantes y los hijos varones del general Calles. Después el cortejo fúnebre salió hacia el cementerio.
            Había una doble valla formada por miembros de la Tercera División de Infantería, a cargo del general Gilberto Limón, subsecretario de Guerra. También había motocicletas que abrían paso por las calles de Veracruz, Agustín Melgar, calzada Tacubaya, calzada de Madereros y la calle Juan Escutia. Hubo también apoyo de “carros de combate”. Excélsior contó “mil carruajes” detrás de la carroza que lleva al último Jefe de la Revolución. Novedades coincidió en que eran “mil autos” y calculó “cinco mil almas a pie”.
            Al llegar al panteón Civil por supuesto que no hubo misa. Sólo dos oradores: Luis León, quien fue su secretario de Agricultura, y el general José María Tapia. El primero dijo “lleno de emoción y asomándose las lágrimas” que la muerte del general Calles le recordaba un poema que decía “Siento, Oh Patria, tu dolor”, luego calificó al excomisario de Agua Prieta como “El estadista de la Revolución”. Por su parte, el general Tapia a los pies de la tumba de Calles dijo que este “había sido un incomprendido y víctima en muchas ocasiones de esa incomprensión, como en el caso de la muerte del general Obregón” (SIC). El cuerpo bajó a la fosa, fue sepultado y entonces el presidente Manuel Ávila Camacho se retiró, con los respectivos honores a su investidura y la entonación del Himno Nacional.
La salida del cortejo funebre.
Foto: Plutarco Elías Calles. Correspondencia personal
(1919-1945) Tomo I. FCE México 1996.

            Ese 20 de octubre de 1945 terminaba una etapa de la Revolución Mexicana. Su Jefe Máximo se encontraba tres metros bajo tierra y seguramente, como lo escribió Ignacio Solares, comenzó otra batalla: en el más allá con los espectros de tantos muertos que en la conciencia del general Plutarco Elías Calles habitaban y lo torturaron sus últimos días de vida.

FUENTES:
El Universal, Excélsior, Novedades y El Nacional, de los días 19 y 20 de octubre de 1945.

jueves, 1 de octubre de 2015

Horacio Casarín: del Necaxa al Atlante y a la inmortalidad

Por: Víctor Miguel Villanueva
@VictorMiguelV


En la temporada 1941-1942 el Atlante era el campeón del futbol mexicano. La prensa lo consideraba el mejor equipo de la Liga Mayor y lo apodaban trabuco. Pero le faltaba la estrella del torneo; el futbolista que se había ganado la admiración de todos, el hombre gol de la Liga y llamado a ser el primer gran ídolo de nuestro futbol. Se trataba de Horacio Casarín, pero había un problema: el Chamaco era el centro delantero del acérrimo rival, del Necaxa. Pero como en esos tiempos, ya bastante lejanos, el Atlante era el todo poderoso y se propuso convertir al electricista en azulgrana. Lo iba a conseguir al final de la campaña.
            En efecto, el Atlante salió a defender su campeonato en esa temporada 1941-1942. Fue una lucha sin cuartel contra el España y el Moctezuma de Orizaba, que se decidió hasta las últimas jornadas. Los Prietitos cerraron su participación el 9 de abril de 1942 en el Parque Asturias enfrentando al colero general América. Los azulgrana debían vencer para asegurar el primer puesto, lo cual obligaría al España a ganar también el último juego y a los Cerveceros los dos últimos. Atlante no tuvo piedad de su rival y lo derrotó 6-2; el campeón tenía 18 puntos y esperaba resultados. Paradójicamente, el 26 de abril en Orizaba, el Necaxa rescató un empate a tres goles y con eso el Moctezuma quedó fuera. Mientras que el España vencía 2-0 al Asturias y habría definición por el título.
El primer gran ídolo del futbol mexicano.
            El equipo azulgrana terminó con 8 victorias, una más que los albinegros; pero, el España perdió únicamente 3 juegos y el Atlante cuatro. En cuanto a goles los Prietitos tenía 44 a favor por 36 en contra, su rival 38-26. El 4 de mayo de 1942 se anunció el juego final. Se decidió que se jugara en el Parque Asturias y no en el Necaxa por el aforo. En la campaña regular el Atlante goleo 6-2 al España en la primera vuelta y en la segunda empataron a dos goles; quizá por eso La Afición se aventuró a cabecear el domingo 10 de mayo de 1942: “El Atlante conservará hoy el cetro del futbol”.
            El partido, ante 25 mil almas, fue apoteósico, de epopeya, digno de Homero (1). Que el Atlante perdió por 5 goles a 4. Luego de no alcanzar el bicampeonato, el equipo azulgrana anunció su segunda gira consecutiva de final de temporada a Estados Unidos. Del otro lado del Río Bravo se sabía de la calidad de su futbol y deseaban presentarlo en seis compromisos ante lo más selecto del futbol estadounidense. Así, el 16 de mayo se publicó en la prensa nacional la lista de viajeros. En ella estaba incluido Horacio Casarín. Nadie reparó en el hecho y esto no levantó sospechas o suspicacias, para un cronista de Excélsior el delantero del Necaxa se había ido de “turista a Nueva York con el Atlante”.
            De hecho, Casarín debutó como azulgrana en la gira, durante el primer juego en Nueva York (2). Fue el 24 de mayo de 1942 en el Estadio Triboro de la Isla de Randall, ante 10 mil personas. Atlante empató a tres goles con la Selección de la Liga Americana y el exnecaxista jugó los 90 minutos. Su primer gol como atlantista fue en el segundo juego ante Baltimore, Casarín marcó el empate a un gol al minuto 25 del primer tiempo; luego el Atlante ganaría 6-3 el partido, ante 12 mil aficionados. La alarma se produjo el 31 de mayo en Filadelfia cuando a los 10 minutos del juego se lesionó el tobillo derecho y tuvo que abandonar el juego. No volvería a participar más en la gira por la Unión Americana.
            Mientras tanto, en México se había puesto en marcha el torneo de Copa 1942. En vísperas del debut copero del Necaxa ante el Jalisco, el entrenador y manager de los Electricistas, el entrenador Ernesto Pauler escribió un comentario en La Afición para explicar que a su equipo no le afectaría la salida de Horacio Casarín, confirmando así la transferencia del goleador al Atlante. El exportero austriaco dijo que el goleador “fue hecho en el regazo del club”, pero aseguró que su equipo no sufriría la ausencia del Chamaco: “el Necaxa no es un equipo que dependa de las individualidades, sino de su conjunto”. Pauler finalizó justificando la salida de Casarín: “nos hemos preocupado siempre porque surjan jugadores y con ello, a mi entender, hacemos una labor deportiva de gran satisfacción y enorme provecho”. Necaxa goleo 5-2 al Jalisco y “nadie suspiró por Casarín”.
De azulgrana subió a los altares de la idolatría popular.
            El martes 16 de junio por fin regresó el Atlante a México. Tenía programado el domingo siguiente su debut en la Copa contra el América, pero se decidió posponer el partido para que los jugadores azulgrana estuvieran bien físicamente. Lo cual no fue bien visto por algunos medios que criticaron las preferencias con el Atlante y denunciaron que el equipo completo estuvo en las tribunas viendo el España vs Moctezuma.
            Atlante oficializó ante la Federación Mexicana de Futbol la adquisición de Horacio Casarín el 24 de junio de 1942. No hubo más detalles periodísticos, simplemente que acudieron con la carta de retiro del Necaxa y lo registraron. También se confirmó que no había más lesión y que debutaría el domingo en el Asturias contra el América. La prensa no tuvo empacho en resaltar lo que significaba el pase de Casarín de los Electricistas a los Prietitos. Por ejemplo, Antonio Andere escribió: “Con la inclusión de Horacio Casarín en su seno, el Atlante y, en forma muy especial su delantera, adquiere un poderío extraordinario y el equipo azulgrana que ya gozaba de fama de trabuco, ahora merece llevar ese nombre con más razón”. Luego, el redactor de La Afición le preguntaba a sus lectores “¿imagina usted a Horacio Casarín rematando los centros tempraditos, ideales, de Valtonrá, o los también inmejorables de Julio Munlloch?”, después agregaba que la delantera del Atlante sería “un manantial de peligro para los porteros enemigos”. Finalmente, aseguró sin cortapisas que la ofensiva azulgrana con Alberto Caballo Mendoza, Leonardo Chanclas Zumbido, Horacio Casarín, Julio Munlloch y Martín El Maestro Valtonrá; con los suplentes José Antonio Huitt y Gabriel La Nacha Olivares, hacían “la mejor delantera que hay actualmente en México. Con esa delantera no se puede tener miedo ni al diablo”. Manuel Sayde en Excélsior dijo “de ahora en adelante el poder ofensivo del Atlante será un ángulo formado por Valtonrá, Casarín y Munlloch, cuyo vértice será el centro delantero exeléctrico, que resulta terriblemente peligroso”.
            Finalmente, llegó el domingo 28 de junio. Las tribunas en el Parque Necaxa estaban repletas. La afición del Atlante sólo tuvo que esperar 15 minutos para ser testigo del nacimiento de una de las parejas más sensacionales en la historia particular del equipo azulgrana: Valtonrá-Casarín. Sí, Antonio Andere acertó: centro del Maestro y gol de Casarín. Un leitmotiv desde ese 1942 y hasta la inmortalidad. Así fue el primero de los cientos de goles que saldrían de la formula Valtonrá-Casarín: El Maestro desbordó por derecha, burló a Goyo Morales, enseguida se deshizo de Evaristo; mandó un centro medido, “matemático”, a unos centímetros sobre el césped; Casarín “sobre la carrera logró un cañonazo a placer, fusilando al guardameta”. Gol. Gol del Atlante. Gol de Horacio Casarín a pase de Martín Valtonrá. Sí, había nacido una de las parejas más explosivas de la historia del futbol mexicano. Era azulgrana y fue adorada por todos quienes tuvieron la fortuna de verlos. Incluso, hasta hicieron una película juntos.
            Aquel juego lo ganó el Atlante. Se puso tres a cero en ventaja con goles de Casarín, Munlloch y Valtonrá; luego el América empató a tres goles con anotaciones de Vial, Matamoros y Proal. A los 64 minutos Horacio Casarín volvió a sacudir la red con un tiro “fuerte y colocado” al resolver una melé en el área del América que esa mañana jugó de azul. El quinto y último gol azulgrana lo convirtió el tico de origen alemán Huitt. Las gradas de sol despidieron al Atlante y a su nuevo centro delantero con ovación de pie; sin embargo, el reportero de El Universal, que firmó la crónica con el seudónimo de El Guardameta, escribió “Por el Atlante lo único –bueno– fue el debut de Casarín, que ayer no estuvo en uno de sus días afortunados, aunque anotó dos (SIC)”. Seguramente esperaba que Horacio marcara los cinco, tuvo que esperar hasta el 11 de abril de 1944 en que Atlante goleó 5-0 al América y todos fueron del Hijo de don Venancio.
El Maestro, socio ideal de Casarín. 
            En fin, el domingo 28 de junio de 1942 se inscribió en los anales de la historia del futbol nacional porque ese día se conformó una dupla formidable, eterna, mágica y goleadora como pocas, la de Martín Valtonrá y Horacio Casarín. Igualmente, ese día el centro delantero del Atlante, ex del Necaxa, comenzó un viaje definitivo y para siempre a la idolatría. El primer gran ídolo que conoció y de quien tiene memoria el futbol mexicano nació aquel día, estaba vestido de azulgrana y fue, definitivamente, la afición atlantista quien lo encumbró. El mejor futbolista del país jugaba en el mejor equipo de la Liga.
NOTAS:
(1)  Es tema de una futura entrada.
(2)  En otra entrada se detallará ésta y la gira anterior por Estados Unidos.
Las fotografías NO corresponden necesariamente a los hechos aquí narrados. Cumplen la función de ilustrar el texto.

FUENTES:

La Afición, El Universal y Excélsior.

Murió el portero, nació el técnico y surgió el lavolpismo

Por: Víctor Miguel Villanueva @VictorMiguelV L a noticia conmocionó al medio futbolístico: el Oaxtepec IMSS ten...