lunes, 29 de febrero de 2016

De cómo un campeón mundial se hizo atlantista

Por: Víctor Miguel Villanueva
@victormiguelvh

Era del dominio público que desde octubre de 1978 el Atlante era un nuevo rico. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) lo había adquirido y había prometido formar un gran equipo, costara lo que costara. Los primeros refuerzos ya habían llegado: Luiz Alberto Da Costa, Luizinho; José de Jesús Aceves y Spencer Coelho. Pero no era suficiente, de ninguna manera; por eso, desde que inició 1979 la prensa aseguraba que el Atlante compraría dos refuerzos en el extranjero y sería “una bomba”. Para el 10 de enero ya se mencionan las posiciones: un portero y un delantero. Pero no hay nombres aún.
            Sin embargo, el 13 de enero un cable publicado en Esto suelta cuatro nombres de porteros: Julio César Falcioni de Vélez Sarsfield, Héctor Miguel Zelada y Ricardo Ferrero de Rosario Central, y Enrique Vidallé de Gimnasia y Esgrima de La Plata. En ese entonces, el Atlante contaba con tres arqueros: el experimentado Armando Franco, su suplente Jorge Cruz Teista y el juvenil José de Jesús Celestino; en honor a la verdad, el arco atlantista estaba bien cuidado por Franco que además era un héroe del ascenso y la afición lo tenía en gran estima. Incluso, el llamado Pequeño Gigante del Marco declaró que si venía un portero “tendrá que demostrar que es bueno y mejor que yo, sino se irá a la banca”.
Ricardo Antonio La Volpe en el arco azulgrana.
Foto cortesía Juanito 70.
            Lo cierto es que el primero de febrero de 1979 el director técnico del Atlante, el húngaro Arpad Fekete, salió a Sudamérica. Se confirma que iba por un portero argentino y un delantero brasileño. Por primera vez un cable asegura que el equipo mexicano pretende al arquero de San Lorenzo de Almagro: Ricardo Antonio La Volpe, portero campeón del mundo con la selección de Argentina en la Copa del Mundo de 1978. Ahí estaba la campanada: Atlante compraría un campeón del mundo. Pero antes de confirmarse eso, se hizo oficial que Marcelo Antonio Da Silva, Marcinho, del Atlético Mineiro, era nuevo refuerzo de los Potros de Hierro.
            El 13 de febrero de 1979, los atlantistas conocieron el rostro del que podría llegar a ser su portero. Un cable fechado en Buenos Aires era ilustrado con el rostro del portero: pelo negro abundante, bigote y barba; cara afilada, gesto adusto; entre las líneas se leía “es un arquero con experiencia y personalidad, pero se afirma que no le gusta mucho hacer grupo”. Podríamos asegurar que no se equivocaron, tenía experiencia, mucha personalidad y hacer grupo no era la mayor virtud, ni mucho menos, de Ricardo Antonio La Volpe.
            La confirmación llegó el 25 de febrero de 1979, a través de la agencia de noticias española EFE, se dijo que el directivo de San Lorenzo, el señor Rafael Gurfinkel, reconoció la trasferencia de su arquero Ricardo La Volpe al futbol mexicano para jugar en el Atlante a cambio de 200 mil dólares, unos cinco millones de pesos. Agregó la fuente que el portero tenía 26 años y que fue “codiciado por Boca” pero que las exigencias de este club lo impidieron. De un momento a otro La Volpe viajaría a México.
Campeón del Mundo.
            Pero la cosa no fue fácil. Ricardo Antonio La Volpe tardó 15 días en llegar a nuestro país. Mientras tanto la prensa se cuestionaba su contratación; defendían a capa y espada a Franco como portero inamovible del Atlante y opinaban que era mejor otro delantero, alguien “que hiciera goles, no que los evitara”. Armando Franco guardó silencio, no quería opinar, pero sacó a relucir sus números en la campaña de ascenso y en el último torneo de Liga.
Finalmente, el 11 de marzo Ricardo Antonio La Volpe llegó a México: sin barba, pero con bigote. Aterrizó en la Ciudad de México a las 20 horas en un vuelo de Varing procedente de Brasil. Inmediatamente dijo que su tardanza se debió a que César Luis Menotti no estaba en Argentina y él, como técnico nacional, tenía que firmar la salida de los seleccionados nacionales campeones del mundo. A los medios de comunicación les dijo de entrada: “Vengo a seguir siendo figura”. Tenía 26 años, media 1.83, casado y con dos hijas. Al hablar de su calidad les dijo “no veo por qué el señor Menotti me haya sostenido tres años en la selección”. Sobre si sería titular afirmó “los puestos se ganan en la cancha y también a eso he venido”. Luego se le cuestionó si era verdad que no sabía hacer grupo y contestó “Eso me tiene sin cuidado, aunque pienso que no hay bases para esas afirmaciones. Me gusta decir siempre lo que siento, de frente, sea quien sea”. Continuó la charla en un hotel de la colonia Nápoles, donde se hospedaba, asegurando que no esperaran un portero espectacular “más bien a uno que conoce bien su oficio, a quien le gusta trabajar el área y hablar con sus defensas. Oficio y nada más”. 
Por último, Ricardo Antonio La Volpe, en esa primera vez ante los medios de comunicación mexicanos, también reveló sus deseos: “Vengo a aportar lo máximo de mi. Rendir cien veces más de lo que puedo y tengo. Con eso busco que mi ausencia no sea notoria en Argentina. Quiero que se hable fuerte y bien de mi, porque la meta que tengo es el próximo mundial de España”.
Este arquero campeón del mundo en Argentina 1978 fue suplente de Ubaldo Matildo Fillol y de Héctor Baley. Estuvo tres años en la selección que preparó César Luis Menotti, incluso, en 1975 ya había jugado en México y en concreto en el Estadio Azteca. Se trató de un cuadrangular internacional. Ahí La Volpe fue titular en los tres encuentros: 6-0 a Estados Unidos, 2-0 a Costa Rica y 1-1 con México; el único tanto que recibió se lo hizo Fausto Vargas. Ricardo Antonio La Volpe se consideraba como uno de los cinco mejores arqueros de Argentina, el mismo hacía su top five: “Fillol, Gatti, Baley, Falcioni y yo”. Lo cierto es que antes de dejar Boedo le organizaron dos partidos de despedida: uno lo ganó San Lorenzo de Almagro 2-0 al Atlanta y otro lo empató sin goles con Argentinos Juniors.
Símbolo indiscutible del atlantismo de los ochenta.
El miércoles 13 de marzo fue presentado en la Unidad Cuauhtémoc donde entrenaba el Atlante. Juan Aguilera, del departamento de prensa, y el entrenador Ernesto Cisneros hicieron la presentación del nuevo integrante de los Potros de Hierro. Luego saludó de mano a cada uno de sus nuevos sus compañeros; se observa en una fotografía que le da palmaditas en el rostro a Franco y que el resto del plantel ríe, seguro les jugaron una broma. Luego posaron para los reporteros gráficos los tres arqueros del Atlante: Armando Franco, Ricardo Antonio La Volpe y Enrique Vázquez del Mercado, este último fue contratado de urgencia por la lesión de Jorge Cruz Teista. Al siguiente juego, Franco sería titular y La Volpe estaría de suplente.
En un Atlante contra América el jugador chileno Miguel Ángel Gamboa le abrió la mejilla a Armando Franco, que abandonó el partido. Ahí no debutó Ricardo Antonio La Volpe, pero este hecho sí le abrió el camino al debut y a la titularidad. Esto se concretó el 30 de marzo de 1979 en el Azteca cuando Atlante recibió al Tampico. Los Potros de Hierro salieron a la cancha con Ricardo Antonio La Volpe; Emilio Gallegos, Hugo Marcelino Gotfriett, Alejandro Bonavena Ramírez y Rolando Mejía; Víctor Manuel Vucetich, Gustavo Beltrán y José Luis González, Calaca II; Luizinho, José de Jesús Aceves y Crescencio Sánchez.
Era un espectáculo en el aire.
El resultado final fue 2-1 para el cuadro azulgrana. Los anotadores fueron Crescencio Sánchez a los 15 minutos y José de Jesús Aceves a los 88. El primer gol que recibió LaVolpe fue un autogol de Emilio Gallegos al desviar un disparo de Bertocchi. Vistió calcetas y short negro, un suéter claro con el número 16 en la espalda. En una noche de viernes en que la afición del Atlante comprendió que su arco tendría un gran guardián; quizá, lo que no se imaginó, es que desde aquella noche el atlantismo y La Volpe quedarían unidos para la eternidad.
Fue el inicio de 4 temporadas; jugó 110 partidos de 123 posibles sin contar fase final; 54 veces atajó En el estadio Azteca; 104 de esos 110 partidos fueron completos para una efectividad de 94.54%. En total estuvo vestido de azulgrana 9820 minutos; cuatro veces salió de cambio y en dos juegos lo expulsaron. En cuanto a goles recibidos fueron 110 en 110 partidos, uno por juego; 57 los recibió como local; de los 110 encajados, 56 tantos fueron en el primer tiempo y 54 en el segundo. Le anotaron 22 penales, siendo Ricardo Brandón quien lo hizo más veces con dos, uno jugando para Toluca y otro con Atletas Campesinos. La Volpe atajó 6 penales, incluido uno a Cabinho con Pumas. Recibió dos autogoles: uno de Emilio Gallegos el día de su debut y otro de Eduardo Rergis en 1981. El jugador que más le anotó fue Hugo Sánchez con seis y el segundo Nery Castillo con cuatro. Por equipos, los Pumas le marcaron 13 goles, siendo el mejor y el Atlético Morelia, sólo uno. Finalmente, el Atlante con Ricardo Antonio La Volpe ganó 51 partidos, empató 31 y perdió 28.1
Luego de estos fríos números, es justo afirmar que así fue cómo comenzó una era perenne en el Centenario del Atlante, puesto que Ricardo Antonio La Volpe cumpliría con creces en el arco y luego produciría como técnico equipos inolvidables como aquel de 1988-1989, regresaría al conjunto azulgrana a Primera División, les daría su segundo título de la era profesional en 1993 con un equipo que embelleció como pocos la historia de este club.
Eternamente agradecidos: volvió a darle un título de campeón al Atlante.
En fin, Ricardo Antonio La Volpe fue y es un ícono indestructible y brillante, sumamente brillante, de la historia azulgrana. Bajo los tres postes y como director técnico: el atlantismo siempre estará agradecido con este portero que desde el 11 de marzo de 1979 se introdujo en lo más selecto de la historia azulgrana.

Notas:
1)    Estadísticas del autor de este blog.
2)    Fuentes Hemerográficas: Esto, La Afición y Estadio.

3)    Las fotografías aquí presentadas sólo sirven de ilustración no representan necesariamente los hechos aquí narrados.

jueves, 18 de febrero de 2016

La salida del infierno

Por: Víctor Miguel Villanueva
@victormiguelvh


El Atlante permaneció en el infierno de la Segunda División exactamente 311 días, del 29 de julio de 1976 al 5 de junio de 1977. Su regreso no fue fácil: 54 partidos, la mayoría en campos de juego indignos de una división profesional; problemas de los jugadores por cobrar sus sueldos, pues a Fernando González, Fernandón, no le importaba la categoría donde estuviera su equipo, su mezquindad no tenía límites. Eso sí, su afición lo acompañó y en 27 juegos realizados en el Estadio Azteca jamás lo vio perder, el Potro regresó sin derrota ante su público fiel.
            El torneo de Segunda División, en su fase regular, era de 46 jornadas. Atlante terminó como líder general, como el mejor de todos con 27 victorias, 12 empates y sólo 7 derrotas; con 75 goles a favor y únicamente 33 en contra. Sumó 66 puntos, cuatro más que el sublíder Necaxa. Al final de las 46 fechas se formaron dos grupos con cuatro equipos que se enfrentarían entre sí, a visita recíproca; el ganador iría a la final por el ascenso al máximo circuito. Los Potros de Hierro quedaron integrados en el grupo A con Necaxa, la Universidad Autónoma del Estado de México y el Tampico.
Alejandro Bonavena Ramirez y Gustavo Beltrán,
capitanes de hierro.
Antes de ponerse el balón en juego de la Liguilla de Ascenso, los periódicos hablan que a los jugadores del Atlante se les debían  300 mil pesos. Fernandón se presentó horas antes a pagar un poco más de la mitad del adeudo a los capitanes del equipo Gustavo Beltrán, Armando Franco y Miguel Hernández, ellos tres recibieron en efectivo 194 mil pesos. Así el 7 de mayo de 1977 el Atlante estaría en la cancha del estadio Azteca contra el Tampico.
25 mil aficionados acudieron esa noche al coso de Tlalpan. El equipo azulgrana alineo con: Armando Franco; Miguel Hernández, Alejandro Bonavena Ramírez, Fernando Villegas y Rolando Mejía; Gustavo Beltrán, Rafael Romero Reyes y Gerardo Lugo Gómez; Palomino, Crescencio Sánchez y Arnoldo El Payo Correa. Los primeros 45 minutos fueron de sufrimiento, los atacantes azulgrana no encontraban el arco visitante; Lugo dominaba el medio campo, había llegadas, pero no el gol. A los 5 minutos de la segunda parte El Payo Correa, por fin, pudo sacudir la red tampiqueña y al 82 Crescencio Sánchez hizo el segundo. El primer paso estaba dado. Necaxa también había ganado a la UAEM, próximo rival del Atlante.
El partido también se efectuó en el estadio Azteca. El marcador también fue de 2-0; los anotadores fueron Gustavo Beltrán a los 36 minutos y Gerardo Lugo a los 51, luego de un pase de “inglecita” del Payo. Como Necaxa perdió en Tampico, la ventaja ya era de dos puntos en el grupo. Ahora se venía el clásico en Nuevo Necaxa, Puebla, el 15 mayo de 1977.
El campo de Puebla, llamado 14 de diciembre, sólo una parte tenía tribunas de madera; la mayoría de la gente se sentaba en una loma adyacente a campo de futbol, sólo los separaba una alambrada. Del otro costado, había un cerro, ahí no había gente, en lo alto se veía la iglesia del pueblo. Ahí se jugó el Necaxa contra Atlante y pensar que en algún momento de su historia los Electricistas contaron con el Parque de futbol más hermoso de México y con césped inglés. Gerardo Lugo hizo al minuto 65 el 1-0 para la visita, pero Necaxa igualó a los 88 con un penal que los medios impresos calificaron de “inexistente”.
Armando Franco, portero confiable y querido; José Che Gómez,
el técnico que sacó al Atlante del infierno; y Gerardo Lugo, 
de talento desbordante y amado como pocos por
la afición azulgrana.
Al inicio de la segunda vuelta de la Liguilla de Ascenso el Atlante dio un golpe de autoridad en Tampico: ganó 3-2. Bonavena Ramírez hizo el 0-1 al cobrar una falta, el 1-2 fue de Rafael Romero Reyes con un disparo de larga distancia y el 1-3 de Miguel Hernández también con un disparo desde fuera del área. Necaxa perdió con la UAEM y quedó eliminado del torneo. Pero el camino a la final no estaba despejado.
El estadio Gutiérrez Dosal de Toluca, La Bombonera, fue testigo el 22 de mayo de 1977 del triunfo de la UAEM sobre el Atlante por 2-1. El técnico azulgrana José Che Gómez salió por el punto que necesitaba para calificar, utilizó a siete jugadores de características defensivas, dejando sólo a Lugo y a Correa adelante. Aún así, le anularon un gol a Gustavo Beltrán y, ya con el 2-0 en contra, Romero Reyes pudo acercar al equipo en el marcador. La derrota en Toluca fue portada en los diarios deportivos de la capital, incluso, sobre la Liguilla por el campeonato de la Primera División. Faltaba una fecha y el grupo estaba así: Atlante 7, UAEM 6, Necaxa 5 y Tampico 2. En el otro grupo, Querétaro se había calificado ya a la final de ascenso.
Para el clásico contra el Necaxa donde Atlante estaba obligado a ganar para alcanzar la final de la Segunda División, el Estadio Azteca abrió todas sus tribunas y fueron 50 mil personas las que llegaron para ver si los Potros de Hierro jugarían para volver a la Primera División. Gracias a esa taquilla los jugadores del Atlante recibirían los pagos que les debía la directiva. Ante un ambiente de fiesta y drama los colores azulgrana y rojiblancos se volvieron a ver las caras en un campo de futbol.
Las gráficas del 29 de julio de 1976 mostraban a un Crescencio Sánchez llorando por el descenso. Nadie lo olvidaba. Por eso, el jueves 26 de mayo de 1977, fueron más eufóricos los gritos de gol del Chencho y de la afición azulgrana. Sánchez se deshizo él solo del Necaxa al anotar tres goles de los 4 que esa noche hizo el Atlante. El primero, a los 18 minutos, en un mano a mano con el portero necaxista; el segundo, a los 35, gracias a un pase de Gustavo Beltrán que lo dejó sólo para definir; el tercero, a los 46 minutos, al cobrar un tiro de castigo, y el cuarto, a los 80 minutos, de Miguel Hernández a pase de Lugo en un tiro indirecto. ¡El Atlante era finalista! Fue la noticia principal en Esto, La Afición y Ovaciones, con Crescencio Sánchez como la figura central del triunfo azulgrana. La ida sería en el Azteca y la vuelta en Querétaro.
Crescencio Sánchez el héroe que llevó 
a los Potros de Hierro a la final.
La final del 31 de mayo de 1977 tuvo instantes de drama y momentos de espectacularidad, como el hecho de que el primer tiempo acabó 0-0 y que en el segundo se marcaron ¡seis goles en 20 minutos! 75 mil personas acudieron al Azteca para apoyar a los Potros de Hierro, que tuvieron que aguantar el nerviosismo por la perfecta defensa queretana que mantuvo sin goles su partería, ante el acoso permanente del Atlante, mágicamente dirigido por Gerardo Lugo, durante el primer tiempo.
A los 60 minutos, Crescencio Sánchez recurrió a un disparo de larga distancia, el balón no pudo ser sujetado por el portero visitante y llegó Lugo para hacer gritar a todo el estadio. Era el 1-0 para el Atlante y vendría más. Diez minutos después, otra vez Lugo sacudió la meta adversaria, un pase de Gustavo Beltrán dejó solo al rubio mediocampista azulgrana que acomodó su disparo para no fallar. El Azteca se estremecía con la alegría de la afición azulgrana. Querétaro hizo su gol, pero al 77 el Atlante amplió su ventaja luego de una gran jugada de Lugo por derecha, quien llegó hasta la línea final, hizo un pase retrasado, que tomó Crescencio Sánchez para fusilar al arquero, era el 3-1. A los 78 minutos Gallos Blancos hizo el 3-2, pero un minuto después Beltrán filtró por derecha un pase a José Luis González que definió de maravilla para concretar una victoria holgada y esperanzadora de que salir del infierno estaba a 90 minutos. ¡Ya mero Atlante! Cabeceó en portada Esto.
El 5 de junio de 1977, diez meses y 7 días después, todo el plantel del Atlante se tomó la foto oficial previo al juego en el Estadio Municipal, tal y como lo hicieron tres décadas atrás en la obtención del primer campeonato de Liga de la era profesional. Había 13 mil queretanos, por mil atlantistas, incluido Fernandón. A los 14 minutos Rafael Romero Reyes es derribado dentro del área queretana. Crescencio Sánchez pidió el balón, estaba seguro de marcar y poner al Atlante de vuelta en el máximo circuito. No se equivocó, anotó engañando por completo al portero. El marcador global era de 5-2 a favor de los Potros de Hierro. Antes de terminar el primer tiempo, Romero Reyes cometió penal que Gaspar transformó en gol para despertar las tribunas del Municipal. Así se fueron al descanso. Luego de 15 minutos de presión de los Gallos Blancos, el capitán Gustavo Beltrán filtró a Arnoldo Payo Correa que vio la posibilidad de disparar y lo hizo desde afuera del área, el balón llegó a la red y el partido estaba sentenciado. Atlante dejaba el infierno.
La portada del diario Ovaciones.
Los jugadores se abrazaron, fueron a donde estaban sus fieles seguidores, juntos festejaron; la alambrada se venció, por lo que los atlantistas estaban en el terreno de juego; cargaron en hombros a Armando Franco. Los aficionados de Querétaro también ingresaron al campo y se liaron a golpes con los del Atlante, el saldo de 17 heridos y 11 detenidos. Mientras tanto, Fernando González buscaba el vestidor para festejar con sus jugadores, Esto relata que, en el camino, un niño “gordo y con la camiseta del Atlante” se le abrazó a las piernas para darle las gracias por el ascenso. La Afición publicó una foto del mismo Fernandón llorando por el triunfo.
En el vestidor no hubo ni sidra, ni champagne, sólo refrescos. Su presidente aseguró a los medios “el atlantismo ha renacido con esto”. Armando Franco señaló “con lágrimas nos fuimos y con ellas volvimos”. Mientras que el vestidor era agredido con piedras y botellazos. ¡Bienvenido Atlante! Era la portada de Ovaciones. Días después Fernando González les otorgó una comida a los campeones y les obsequió a cada uno de los jugadores una placa de terciopelo rojo con su nombre y el escudo del Atlante. Y con eso concluyó el paso del Atlante por el infierno.

Fuentes: Esto, La Afición y Ovaciones.

Aclaración: Las fotografías NO corresponden a los hechos aquí narrados, sólo cumplen la función de ilustrar el relato.

sábado, 13 de febrero de 2016

El Atlante saborea por primera vez la gloria. Parte III

Por: Víctor Miguel Villanueva
@VictorMiguelV

Finalmente, el 1 de junio de 1947, el Atlante se coronó –por primera vez– campeón del futbol mexicano en la era profesional. Al final su indiscutible poderío, no en ese año, sino en toda la década, se reflejó con una vuelta olímpica. Es indiscutible que el equipo del general José Manuel Núñez tenía el mejor plantel; la delantera más productiva; poseía el máximo ídolo del futbol nacional, a los mejores extranjeros; causaba expectación en el campo que se presentara, era la oncena a vencer para todos; pero el campeonato se les había negado. Sin embargo, era irremediable que la Aplanadora Azulgrana levantara el trofeo de campeón y lo hizo ante casi 50 mil personas, en el primer estadio de concreto del país, para ser el protagonista de un hito más en la historia del futbol mexicano. Así pasaron los hechos:


El Atlante posando en el Olímpico de la Ciudad de los Deportes.

            Luego de 20 jornadas disputadas Atlante mantenía, como desde el inicio, la punta del torneo 1946-1947. Tenía 30 puntos por 25 del campeón Veracruz y del León. Con Tiburones y Panzas Verdes –en esos tiempos llamados Curtidores– disputaría el campeonato en los últimos ocho juegos. Un ingrediente más: el calendario tenía programada la visita de Veracruz a la Ciudad de México y la de los azulgrana al Bajío. Sería un cierre emocionante. Más aun cuando le tocó al Atlante descansar y sus perseguidores se pusieron en 27 puntos cada uno.
            El 2 de abril de 1947 reapareció el equipo de Luis Grocz en el Parque Asturias para medirse al San Sebastián, único equipo capaz de vencerlos en la primera vuelta. El trabuco azulgrana en 30 minutos hizo ¡cinco goles! para el delirio de su afición: Mateo Nicolau, Horacio Casarín, Ángel Segura y dos de Rafael Meza los autores de esta avalancha de goles. El público no dejaba de ovacionar las acciones de Angelillo y la prensa resaltaba el juego de Roberto Scarone “jugó limpiamente y dando pases de todas marcas, demostró lo valioso que es en su equipo”. En el segundo tiempo  Casarín marcó el sexto gol, pero no cualquier gol: el ídolo máximo con balón dominado encaró a un defensa, lo eludió para inmediatamente impactar el esférico con fuerza; su remate pegó en el travesaño y luego terminó en el fondo de la red. El público atlantista sacudía las maderas azul y blancas del Parque Asturias.
            Pero, si el San Sebastián fue presa fácil, el rival en turno lo era más. Le tocaba enfrentar al colero general de la competencia: el América. Los Cremas sólo fueron oponentes hasta el primer gol, luego –como muchos otros equipos– fueron testigos privilegiados del juego vistoso y contundente del Atlante. A los 35 minutos centra Nicolau, el portero contrario no puede quedarse con el balón, ahí está El Maestro para definir. Quince minutos después ahora es Vantolrá el que desborda, su centro es atrasado, ahí donde Meza de media vuelta prende el esférico y 2-0. El 3-1 fue un autogol del defensa Ayala. El Maestro Vantolrá hace el 4-1 tras una jugada de triangulación entre Nicolau, Meza y Casarín. Finalmente, el 5-1 es obra del Tico Meza a pase de Roberto Scarone.
Vino otra semana de descanso para el líder. En este nuevo receso León no pasa de un empate con Atlas, pero Veracruz masacró 6-0 a Monterrey. Así, el campeonato está más cerrado que nunca. Atlante tiene 34 puntos por 32 de León y Veracruz. La jornada 23 tiene a toda la Liga pendiente de los punteros: Atlante recibe al Marte, Veracruz contra el Asturias y León frente al Moctezuma. ¿Qué saldrá de esta semana crucial para la definición del campeonato 1946-1947?
Horacio Casarín en el Olímpico de la Ciudad de los Deportes,
la casa del Atlante.
El 23 de abril, el Atlante hace lo suyo en el Parque Asturias, golea 6-2 al Marte y pone a salvo su liderato. Otra vez es una cascada de goles y en 30 minutos hacen cuatro: Scarone, Meza, Valtonrá y Angelillo del minuto 13 al 44 del primer tiempo. La prensa se deshace en elogios para el mediocampista charrúa. En el segundo tiempo, Scarone sigue manejando los hilos del juego azulgrana: Angelillo y Meza hacen los otros dos goles. Todos los extranjeros de la Aplanadora Morena hacen gol ese día. En esa misma jornada también ganan León y Veracruz. El siguiente duelo es entre azulgranas y Tiburones.
La expectación es inmensa, se trata del juego entre el líder y sublíder con únicamente dos puntos de diferencia entre ambos; son también los actuales campeones y subcampeones, ni más ni menos. La Federación Mexicana entiende lo que significa el partido y anuncian que éste se realizará en el Olímpico de la Ciudad de los Deportes con una capacidad de 40 mil personas. Sería el primer juego de Liga en el nuevo coso de avenida de los Insurgentes. Los periódicos lo tienen como tema central, La Afición, en algo adelantado a la época, hace infografías de ambos conjuntos; saca al Pirata Fuente en portada y llama a los jugadores del Atlante Soles Morenos.
Veracruz se concentra en San Martín Texmelucan y de ahí viene a la ciudad de México a entrenar. Un día coincide con el Atlante. Los jarochos hacen uso del campo primero y luego, se observa en fotografías de la prensa, que se quedan a la práctica de sus rivales. En las afueras del coso se venden ya los boletos a una multitud que los solicita. Los palcos, con seis asientos, a 33 pesos; los de tres a 16.50 pesos; sombra numerados a 5.50, la sombra general a 4.00; sol preferente a 3 y el general a 2; niños en sombra en 75 centavos y en sol a 25. Mientras tanto, el general Núñez es cuestionado sobre el partido, recordándole que el año anterior Veracruz le quitó el título al Atlante al golearlo en el Asturias, pero el dueño del equipo azulgrana responde “El Atlante es un equipo integrado por deportistas que tiene amor a su camiseta y pleno sentido de responsabilidad para con sus partidarios y con su club”.
Hablando de partidarios azulgrana, El Universal publica los días previos la siguiente cabeza: “Cinco mil sombrerudos apoyarán al Atlante”. Según el reportero la afición del Atlante llevaría al juego, para distinguirse del resto, sombreros de palma con un listón azul, se ubicarían en la zona poniente del estadio, abajo del marcador. La misma fuente al siguiente día asegura que la afición de Veracruz llevará guayabera y paliacate rojo en el cuello y que también se calculan 5 mil los que harán el viaje para tan crucial partido.
Finalmente, llegó el día. El 4 de mayo, el Olímpico de la Ciudad de los Deportes estaba lleno. La taquilla es de 139 mil 662 pesos con 50 centavos, todo un récord histórico. El Atlante es el primero en salir al campo con su tradicional uniforme, el público azulgrana no oculta su algarabía; luego el Veracruz aparece de playera amarilla, se escucha una banda en la tribuna, salen cohetones y una manta dice “Sólo Veracruz es bello”.
Se pone en marcha el juego. Nicolau tiene la primera opción de gol pero su remate de cabeza pasa desviado. Al Pirata Fuente no se le ve concentrado, mientras que Roberto Scarone “juega horrores”. A los 23 minutos Vantolrá hace un saque de banda, Arizmendi va por derecha y centra al área; ahí Angelillo remata de cabeza pero a la colocación del arquero Camacho, este suelta el balón y el propio jugador argentino contrarremata para el 1-0. Nadie en el estadio duda que se viene la Aplanadora Morena: a los 27 minutos Roberto Scarone conduce el balón, ve la oportunidad, dispara a gol; su cañonazo de zurda se estrella en el travesaño, cuando aún se escucha el “ah” del público, Horacio Casarín de cabeza remata y gol: 2-0 para el líder del torneo. Se viene el descanso.
El Universal.
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
Las crónicas periodísticas hablan de un bajo nivel de Veracruz, pero tampoco dejan de alabar la forma en que Atlante se apoderó del partido de principio a fin. A los 63 minutos, Arizmendi también ve la opción del disparo de larga distancia, lo realiza con gran potencia; su remate también pega en el travesaño, pero luego lo hace en la espalda del portero Camacho y viaja a la red jarocha. Tres a cero del Atlante. El Maestro hace su clásico desborde antes de centrar con su acostumbrada precisión, la defensa va con Casarín, pero el balón va a la cabeza de Angelillo quien remata de cabeza en el aire, Camacho hace malabares con el balón y finalmente se le escapa a su portería. Cuatro a cero y la Bamba ya no se escucha más. A lo 79 el mejor gol de la tarde: Angelillo también prueba su cañón de larga distancia y éste sí anota por encima del portero y sin pegar en el travesaño. La afición del Atlante arroja sus sombreros al aire y entona el “les guste o no les guste”. El título está más cerca que nunca.
Por delante está el viaje a Guadalajara, la siempre difícil aduana tapatía. El campo está lleno y la perenne cojiniza al árbitro no faltará. Los locales se ponen en ventaja, luego la bronca se desata en las tribunas cuando el público juzga que el silbante Horacio Pastor no ha marcado dos penales en contra del Atlante. Al medio tiempo Pastor huye corriendo al vestidor. A los 62 minutos la visita logra la igualada: Angelillo centra de derecha hasta el otro lado del área, ahí El Maestro remata, pero no a gol, sino al área de penal donde Casarín, de cabeza, hace el gol del Atlante. Un empate de gran valor en una jornada que descansó León, por lo tanto la clasificación va así: Atlante 39, León 36 y Veracruz 35. Faltan seis puntos por disputarse.
El jueves 16 de mayo de 1947 el León gana su juego correspondiente a la jornada 26 y así se pone a un punto del Atlante que el domingo juega ante el Asturias. El equipo y su afición están nerviosos, el dueño del Parque hace un gran primer tiempo y tiene a los Prietitos en cero goles. En la segunda parte ya pasaron 20 minutos, no hay movimiento en el marcador y sí mucha angustia y fatalidad en los rostros y en las mentes de cada uno de los atlantistas ahí reunidos. Nicolau cobra un tiro de esquina que encuentra la cabeza de Rafael Meza ¡Gol! el grito es instantáneo y potente. Seis minutos después viene un centro del joven Noriega que otra vez es acertadamente rematado por Meza para el 2-0 y al 86 Nicolau vence al portero del Asturias en un mano a mano. Tres goles para una victoria que les deja con 3 puntos de ventaja antes de jugar en León, en la penúltima jornada.
La portada de La Afición el 2 de junio de 1947.
Entonces se da lo insólito. El jueves 22 de mayo Oscar Flores, subsecretario de Ganadería y jefe del Comité de la Campaña contra la fiebre aftosa, suspende el juego entre León y Atlante, lo mismo que una corrida de toros. Su razón es la siguiente: “acudirán a presenciar estos eventos numerosos visitantes de otras regiones y como en esta región existe fiebre aftosa, el contagio pudiera ser llevado a otras regiones no infectadas”. En León no había fiebre, el peligro era que de Irapuato o Celaya la gente, que iría supuestamente al juego, llevara el virus. La noticia sacude a todos la mañana del viernes 23. En la Federación hay una reunión urgente donde hubo “mil proposiciones”. Una de ellas la hace Germán Núñez Cortina, miembro de la Comisión de Calendarios, que es jugar a puerta cerrada. Pero no es aceptada, por “respeto a la afición” que quiere ver el juego y que además ya adquirió las 8 mil localidades. León propone jugar en Puebla. Luego, sin ser precisas las fuentes periodísticas, se afirma que la directiva leonesa acepta jugar en el estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes. El reportero de La Afición afirma que la discusión terminó cuando la directiva del Club León aceptó que el partido se jugara en la capital de la República cuando se le garantizó que “se llevarían 50 mil pesos de utilidades”.
Así, la mañana del 1 de junio de 1947 ingresaron al coso de la avenida Insurgentes 48 mil 622 personas que dejaron una taquilla neta de 139 mil, 598 pesos con 50 centavos. El partido fue escaso de emociones. Atlante jugó a no perder para obtener el punto que necesitaba para coronarse ese día por primera vez en el profesionalismo. La única oportunidad de gol en la contienda la salvó el Potrillo Villavicencio en un mano a mano con el delantero Flores. No hubo más. Cuando el árbitro silbó el final el Atlante saboreo por primera vez la gloria con Potrillo Villavicencio; Peluche Ramos y Negro Medina; Arizmendi, Roberto Scarone y José La Margarita Gutiérrez; Martín El Maestro Vantolrá, Ángel Segura Angelillo, Horacio Casarín, Rafael Meza y Mateo Nicolau, dirigidos por Luis Grocz y por José Manuel Núñez, el general Núñez como directivo. La prensa coincidía que Atlante ese día no lució pero jugó “con envidiable unidad, con tesonero entusiasmo, con ritmo uniforme, con positiva paciencia”. Es decir, jugó para ganar.
El Universal
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
En los vestidores hubo mariachis, porras para cada uno de los integrantes del equipo; no hubo sidra: “Circulaban botellas de refresco y una de coñac”. El general Núñez declaró: “Nadie puede comprender el gran regocijo que experimentó en estos momentos”. El técnico húngaro dijo “mis nervios eran un volcán en erupción durante todo el partido pero ahora todo se olvida, ante el hecho de ser campeones”. Hay fotografías donde se observa a Luis Grocz en el campo abrazándose con La Margarita Gutiérrez, así como a la afición madura felicitando a Casarín y a niños rodeando a Angelillo. Roberto Scarone afirmó “se siente muy bonito ser campeón, más por cómo hubo que sudar la camiseta en el juego”.
La temporada 1946-1947 terminó el 5 de junio con un triunfo del Atlas sobre el campeón Atlante por tres goles a dos. Muy pocos repararon en el hecho, seguían saboreando la gloria que da ser campeones por primera vez con un equipo inolvidable en su juego, en su plantel y en su contundencia ante al arco rival, como lo son todos los equipos grandes en el futbol.

Fuentes:
Esto, La Afición y El Universal.
Nota: Algunas de las fotografías aquí presentadas NO corresponden necesariamente a los hechos aquí narrados, sirven de ilustración al texto.


Murió el portero, nació el técnico y surgió el lavolpismo

Por: Víctor Miguel Villanueva @VictorMiguelV L a noticia conmocionó al medio futbolístico: el Oaxtepec IMSS ten...