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Bombas en la Basílica de Guadalupe

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E ra un domingo como cualquier otro. La Basílica de Guadalupe se encontraba llena de fieles cuando de pronto un estruendo y un intenso humo blanco causaron pánico. Eran exactamente las 10:30 de la mañana. La gente, al comprobar, que físicamente ellos estaban bien, experimentó un temor aun más fuerte. El humo blanco se dispersó y todos pudieron constatar que la imagen de la Virgen de Guadalupe estaba intacta. Un milagro, sin duda, coincidieron los ahí presentes aquel 14 de noviembre de 1921.             S egún algunas fuentes eclesiásticas desde “días antes” en el recinto guadalupano se habían visto “individuos sospechosos”. Al parecer los perpetradores del atentado dejaron dos artefactos explosivos debajo del altar de la Virgen de Guadalupe . En un hueco que se forma entre dos muros gruesos de mármol, donde había un gran crucifijo y fueron escondidas con candeleros grandes de flores. Para llegar ahí se necesita subir por una ...

El caos, el desconsuelo y la desesperanza ante la suspensión de cultos.

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E l 24 de julio de 1926 el Episcopado Mexicano hizo oficial su resolución de suspender el culto público en todo el país. La medida, autorizada por el Vaticano , era la respuesta a la promulgación de la llamada Ley Calles –reformas al código penal en materia religiosa- que entraría en vigor el 31 de julio de ese año. Todo esto dejaría a los fieles mexicanos sin servicios religiosos de ningún tipo. La desesperación hizo presa fácil a miles de católicos que acudieron en forma masiva a los templos antes de que fueran abandonados por los sacerdotes.             El rumor de que la élite eclesiástica suspendería el culto era del dominio público desde principios de mes. Tanto que el jueves 22 una multitud acudió a la Catedral Metropolitana para llevar a sus hijos a recibir el sacramento de la confirmación. Era habitual que todos los jueves el Arzobispo de México José Mora y del Río realizara confirmaciones; sin embargo aquel d...