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Ochenta años del fin del Maximato

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E l día anterior había dejado su residencia de Las Palmas en su ciudad adoptiva: Cuernavaca, que más que un lugar de descanso por sus innumerables quehaceres en la Revolución, se había convertido en el sitio donde la política nacional se decidía. Ni el asesinato del Caudillo ni la Guerra Cristera lo habían debilitado, todo lo contrario, pues asumió el pomposo cargo de Jefe Máximo que los hombres de la Revolución otorgaban a la voluntad política más fuerte del país. Esto último estaba por llegar a su fin, lo sabía perfectamente Plutarco Elías Calles la mañana del 18 de junio de 1935 en que se dirigía al aeropuerto de la Ciudad de México para exiliarse las playas de El Tambor, Sinaloa, en una cabaña de madera que construyó su hija Alicia. El Gral. Lázaro Cárdenas.             A las 6:30 de la mañana el expresidente viajaba en un auto acompañado por sus hijos Plutarco, Rodolfo y Alfredo. En un vehículo atrás iban sus hija...

LA GRAN RECEPCIÓN Y EL BANQUETE “MONSTRUO” PARA EL GRAL. OBREGÓN

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E l rito de la adoración al “hombre fuerte” de México es una costumbre bien añeja en la vida política del país.  En el siglo XX con el priismo alcanzó sus puntos máximos pues, al igual que la Revolución, se institucionalizó. Pero su verdadero origen fue mucho antes de que se creara el PRI, vamos pues, ni siquiera existía el Partido Nacional Revolucionario (PNR), aunque ya un personaje se había apoderado de la Revolución Mexicana: Álvaro Obregón .             E n efecto, el general sonorense inauguró esos actos de culto tan sui géneris de la política mexicana. Ya se hacían con Porfirio Díaz, pero fue Obregón quien los “perfeccionó” y los heredó para todos sus sucesores del siglo pasado y para los que van del actual que, increíblemente, siguen recurriendo a este tipo de adulaciones con el consabido besamanos de los representantes de los sectores políticos y económicos del país, las clases populares que se co...