El caos, el desconsuelo y la desesperanza ante la suspensión de cultos.
E l 24 de julio de 1926 el Episcopado Mexicano hizo oficial su resolución de suspender el culto público en todo el país. La medida, autorizada por el Vaticano , era la respuesta a la promulgación de la llamada Ley Calles –reformas al código penal en materia religiosa- que entraría en vigor el 31 de julio de ese año. Todo esto dejaría a los fieles mexicanos sin servicios religiosos de ningún tipo. La desesperación hizo presa fácil a miles de católicos que acudieron en forma masiva a los templos antes de que fueran abandonados por los sacerdotes. El rumor de que la élite eclesiástica suspendería el culto era del dominio público desde principios de mes. Tanto que el jueves 22 una multitud acudió a la Catedral Metropolitana para llevar a sus hijos a recibir el sacramento de la confirmación. Era habitual que todos los jueves el Arzobispo de México José Mora y del Río realizara confirmaciones; sin embargo aquel d...