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El Atlante se mide con el River Plate

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A ntes de que el Atlante fuera admitido en la Liga Mayor representó a México en los primeros Juegos Centroamericanos de 1926; un año después jugó con el Real Madrid dirigido por Santiago Bernabéu; luego fue épica su victoria sobre el Bella Vista de Uruguay plagado de los campeones del mundo de 1930. En fin, el Atlante tiene una historia dilatada enfrentando a equipos extranjeros de prosapia, por eso don Fernando Marcos en su libro Mi amante el futbol escribió que los Potros eran “la carta victoriosa del futbol mexicano para equipos de extranjeros”. Una página más en esta historia se escribió el 4 de septiembre de 1981 en que el equipo azulgrana se midió en el estadio Azteca al poderoso River Plate de Argentina.             N o era cualquier River Plate, de ninguna manera, en sus filas estaban los campeones del mundo de 1978: Ubaldo Matildo Fillol, Alberto Tarantini, Daniel Alberto Pasarella y Mario Alberto Kempes, ni más ...

El Atlante se saca la lotería en 1978

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F ernando González, el singular Fernandón dueño del Atlante , había declarado a la prensa que se sentía como “perro en el Periférico” la noche del 10 de octubre de 1978. Sin embargo, en ese mismo momento el atlantismo comenzaba a vivir una época de bonanza económica, inédita en su historia, de éxito deportivo aunque no alcanzaría a coronar con un título. El llamado equipo del pueblo esa noche vio el final de sus limitaciones monetarias: era un nuevo rico. Al otro día, los atlantistas leían en los periódicos que su equipo había sido cedido por Fernandón al Instituto Mexicano del Seguro Social, sí, al IMSS.             E l Atlante en la temporada 1975-1976 había descendido por primera vez en su historia. Regresó al máximo circuito al siguiente año. En la temporada 1977-1978 eludió un nuevo descenso de puro milagro: superó por un punto al Unión de Curtidores y por diferencia de goles al Atlético Potosino. Para la temporada 1978-...

La noche negra del Atlante

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E l gol los había abandonado; las crónicas periodísticas relataban que jugaban bien, pero no anotaban. Por ende, las victorias eran escazas, casi nulas. La suerte ni hablar, también los había abandonado. Incluso, el general José Manuel Núñez ya no iba a su palco en el Estadio Azteca. En pocas palabras, el Atlante sólo contaba con su afición la noche del 29 de julio de 1976. Esto último resultó poco: perdió por primera vez en su historia la categoría; descendió a Segunda División aquella noche de hace 39 años, cuando en las gradas se escuchó un lastimoso “les guste o no les guste” y en los vestidores se vieron lágrimas.             P ero ¿cómo se llegó a esa noche triste, a esa noche negra para el atlantismo? Fue un cúmulo de sucesos extraordinarios, entre los que destacan, por supuesto, la mala dirección de la directiva encabezada por Fernando González, Fernandón, y una dirección técnica infame que no supo mantener una ven...