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El Calaca González, el último gran héroe

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Por: Víctor Miguel Villanueva @victormiguelv C on él la identidad del Atlante estaba a salvo. Él era el atlantismo, los orígenes azulgrana, la facha del futbolista llanero, la esencia del equipo del pueblo, de los Prietitos. José Luis González , el Calaca, era el Atlante . Por eso era, es, de los jugadores más queridos por la afición atlantista. Fue el alma del equipo. Pero, además, poseía un talento único para dar un pase, hacer una gambeta, frenar de seco para cambiar el rumbo; un talento tan vasto y tan indiscutible que José Luis González fue figura del Atlante en los malos, los peores y los magníficos tiempos de finales de los años setenta y hasta mediados de los ochenta.             E l Calaca González lo mismo supo dar un pase de gol a Crescencio Sánchez y al Payo Correa , que a Cabinho o Luizinho ; entendió e interpretó el futbol de Gerardo Lugo Gómez , Gustavo Beltrán o Ignacio el Bambi Negrete , que el d...

Cuando el futbol mexicano conoció al Atlante

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Por: Víctor Miguel Villanueva @victormiguelv T an sólo habían transcurrido diez años de su fundación. Ya ostentaba el título de tricampeón de la Liga Nacional de equipos llaneros; ya las masas menos favorecidas lo seguían porque se identificaban con él; ya eran conocidos por azulgranas. Era 1926 y querían estar en la Liga Mayor de la Federación Central de Futbol, se lo habían ganado en la cancha. Sin embargo, les pusieron un requisito: jugar la eliminatoria rumbo a los Juegos Centroamericanos que aquel año se organizarían en México. El destino quiso que en ese certamen el Atlante mostrara su grandeza, venciera al campeón de México y fuera víctima de una serie de maquinaciones para dejarlo fuera. Pero ya nadie le pudo negar el acceso al futbol organizado y además, de aquel torneo eliminatorio de agosto de 1926, surgió la rivalidad entre Atlante y América, siendo la primera victoria de color azulgrana. El primer Atlante que pisó un campo con tribunas y pasto. Foto: Archivo Ge...

La inolvidable Euro del 2000 en Bélgica y Holanda

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Por: Víctor Miguel Villanueva @victormiguelvh S entados en una clásica banca de madera en el andén del metro de Bruselas, Oscar Francisco Cano y yo tuvimos un momento de soberbia: nos preguntábamos qué nos hacía falta en nuestra carrera como periodistas deportivos, incluso sentimos pena por quienes no sabían lo que era pasar los últimos seis veranos fuera de México en una justa deportiva. Aquella tarde del 10 de junio de 2000 nos trasladábamos al Estadio del Rey Balduino para ver la inauguración de la Copa Europea de Naciones entre las selecciones de Bélgica y Suecia. En efecto, estar en una Euro , era alcanzar el cielo con las manos como antes había sido en Copa América o en la Copa del Mundo.             S in embargo, la realidad nos dio una cachetada cuando en el IBC no había acreditaciones para nosotros. Veíamos el techo suspendido del estadio del barrio de Helsey, escuchábamos su ruido netamente de futbol europeo, ...