Noventa años de la toma del templo de La Soledad.
Crear una Iglesia nacional desvinculada de
Roma fue una tentación para Benito
Juárez y para Venustiano Carranza
cuando ostentaron el cargo de presidente de la República. Pero el general Plutarco Elías Calles fue más lejos: su
gobierno protegió la creación de la Iglesia
Católica Apostólica Mexicana, le dio registro legal, reconoció a su
jerarquía y solapó la toma violenta de un templo de la Iglesia mexicana fiel al
Vaticano: el de La Soledad. Ésta
última acción es sin duda una de las causas más significativas que generaron la
Cristiada (1926-1929).
Policía en el interior de La Soledad luego de los sucesos del 22 de febrero de 1925 |
La
toma violenta e ilegal del templo católico, apostólico y romano de La Soledad
puso frente a frente a la élite eclesiástica con la élite política del país. La omnipotente
Confederación Regional Obrero Mexicana, la CROM, dirigida por el funcionario
consentido del callismo, Luis N. Morones;
el secretario de la misma, Ricardo Topete, que dirigía un grupo de
choque llamado Los Caballeros
Guadalupanos y algunos prelados renegados del catolicismo romano,
organizaron la Iglesia Mexicana. El
19 de febrero de 1925, a través de un panfleto que se repartió en la Ciudad de
México, anunciaron su separación de Roma.
En
una primera instancia la jerarquía católica mexicana no observó los verdaderos
alcances de este suceso. Incluso, José
Mora y del Río Arzobispo de México declaró a la prensa que el panfleto y
las intensiones que ahí venían eran “un chiste”, aseguró que “nunca como hoy es
inquebrantable la adhesión de la Iglesia Mexicana a la autoridad del Sumo
Pontífice”. Y remató “pretender que haya iglesia mexicana, iglesia guatemalteca
o iglesia china, es necio y ridículo”. Finalmente, Mora y del Río afirmó que la iglesia del patriarca Pérez –líder de
los cismáticos– sólo existía en “su imaginación”, pues no había “ningún
católico que lo siguiera”.
En
eso último, posiblemente tenía razón el anciano prelado, pero Joaquín Pérez, ex sacerdote católico y
juez militar, tenía otro apoyo: Los
Caballeros Guadalupanos de la CROM. Con ellos y el sacerdote español Luis Monge irrumpió la noche del 21 de
febrero de 1925, hace exactamente 90 años, en el templo de La Soledad. El padre Alejandro
Silva entregó el recinto religioso sin enfrentar a los cismáticos, días
después Joaquín Pérez declararía
ante las autoridades que el padre Silva estaba de acuerdo con entregarles el
templo. El verdadero problema ocurrió el domingo 22 de febrero cuando la Iglesia Mexicana quiso oficiar su
primera misa en La Soledad.
A
las 10:45 de la mañana sonaron las campanas para llamar a misa y se abrieron
las puertas. Un gran número de fieles, no ajenos a los sucesos de la noche
anterior, se acercaron al templo “abundaba principalmente el género femenino”.
Siendo las 11 de la mañana en punto a apareció Luis Monge vestido de sacerdote y rodeado por varios Caballeros Guadalupanos “con sus
pistolas al cinto”. Al ver a Monge las mujeres se pusieron de pie, según las
crónicas periodísticas comenzaron a gritarle al padre español y a sus
acompañantes “luteranos”. Una de ellas alcanzó a llegar a Monge, con la mano
cerrada propinó un golpe en el rostro del sacerdote cismático, además de
lanzarle un escupitajo.
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Periódico El Universal. Hemeroteca Nacional Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) |
Se
vino el zafarrancho dentro de La Soledad.
El grupo de choque disparó al aire para asustar a la gente, pero ésta no salía
y gritaba “¡Mueran los farsantes! ¡Mueran los falsos católicos! ¡Mueran los
herejes!. De pronto llegó la policía montada que comenzó a repartir culetazos y
también a disparar al aire. Poco a poco se fue vaciando el templo. Pero la
trifulca estaba lejos de terminar. La gente salió del recinto, pero para armarse.
Las
mujeres “desempedraron la calle”. En sus faldas y en sus delantales cargaron
piedras que utilizarían como armas. En eso llegaron los bomberos que con las
mangueras de agua trataron de deshacer el motín formado por aproximadamente mil
o mil quinientas personas que querían recuperar el templo de La Soledad. El cual, por cierto, a
decir de Las Damas Católicas “fue
construido por nuestros mayores para el culto católico, apostólico y romano”.
Hubo un momento de paz. Unos, los cismáticos, se encerraron en la iglesia;
otros, los católicos, se agazaparon en las calles adyacentes, listos para
volver a intentar recuperar La Soledad.
En
este primer enfrentamiento, el soldado Fernando Salazar murió al recibir un
balazo en la cabeza. El causante había sido el gendarme Francisco Téllez que
inmediatamente fue detenido y llevado a prisión. Otro difunto fue el albañil
Mauro Hernández que también recibió un disparo en la cabeza mientras gritaba
¡Viva Nuestra Señora de La Soledad y mueran los farsantes!. Otros que resultaron lesionados fueron Guillermo Iglesias, también albañil y herido de bala; Juan
Solano descalabrado y el bombero Francisco Padilla con un golpe en el vientre.
Todos fueron conducidos por la Cruz Roja al hospital de San Jerónimo.
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Periódico Excélsior. Hemeroteca Nacional Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) |
A
la una de la tarde se suscitó otro enfrentamiento. Armados con piedras
y lo que podían, los católicos intentaron recuperar la iglesia. La montada con
disparos al aire y los bomberos con chorros de agua no les permitieron
acercarse. En cambio, la policía poco a poco fue cerrando calles aledañas y
formando retenes, para envolver a los amotinados y evitar que se incorporaran
más. La tensión aumentó, sin embargo ya no volvió a ocurrir otro
intento masivo para expulsar de La
Soledad a los miembros de la Iglesia
Mexicana.
Sólo
un pequeño grupo de hombres y mujeres a las siete de noche, amparados en la
oscuridad, pretendieron entrar al templo y recuperar la imagen de la Virgen de
La Soledad. Ni la policía ni los bomberos se los permitieron. En cambio,
algunos periodistas sí pudieron ingresar al inmueble. Ahí pudieron hablar con
uno de los cismáticos, que por todo este tiempo permanecieron en el templo que
ilegalmente había ocupado un día antes. Al redactor de Excélsior le pidieron que constatara e hiciera público que todas
las imágenes del templo estaban intactas, lo mismo que los objetos de valor
“para que no se nos diga que hemos robado”.
El
lunes 23 de febrero de 1925 José Mora y
del Río acudió a la Secretaría de Gobernación exigiendo la devolución del
templo de La Soledad y el poder
hablar con el presidente Plutarco Elías
Calles. El secretario Gilberto
Valenzuela lo recibió y ofreció garantías y que les dijo que el presidente
era el único que podría devolverles e templo. El arzobispo de México declaró
que todos los cismáticos estaban “excomulgados por separarse”. El martes 24 Gilberto Valenzuela pide a José Mora y del Río y a Joaquín Pérez que rindieran un informe
de lo sucedido los días 21 y 22.
El Patriarca Pérez le escribió al
presidente Calles para solicitarle el templo para predicar, pues según él, la Iglesia Mexicana, tenía “el mismo
derecho de hacer uso de los templos de la nación como lo hacen los sacerdotes
de la iglesia romana”. Mientras tanto Mora
y del Río declaraba que no temían al cisma, pues estaba convencido de “la
fidelidad y sumisión de todos los católicos mexicanos y de todo nuestro Clero a
la silla de San Pedro”.
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El Arzobispo de México José Mora y del Río. |
Días
después el templo de La Soledad fue
convertido en museo por el gobierno de Plutarco Elías Calles y les entregó a
los cismáticos el de Corpus Cristi
que se encontraba abandonado. Por su parte, la jerarquía católica mexicana no
iba a olvidar este agravio de parte de la élite política. Un año después, en
1926, José Mora y del Río, en pleno
festejos del aniversario de la Constitución de 1917, pidió a los católicos no
obedecer las leyes de la Carta Magna queretana por ser anticlericales. Cinco
meses después estallaría la Guerra
Cristera.
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