De cómo el Cabo se volvió azulgrana
En julio de 1979, el Atlante era un nuevo rico. Meses atrás el Instituto Mexicano del
Seguro Social (IMSS) le había comprado el equipo a Fernando González, Fernandón, y quería formar un conjunto
protagonista. Para los exprietitos
era como haberse ganado la lotería, ahora les sobraba dinero –del Estado, claro
está–. El Atlante tendría auténticas
posibilidades de ser campeón como no lo era desde tres décadas atrás, en la
época del general José Manuel Núñez.
Ya contaba con algunas figuras, Ricardo La Volpe, Spencer Coelho y Luiz Alberto
da Costa, Luizinho, mezcladas con
jugadores de la cantera y que mantenían, por su origen, la esencia de los ahora
llamados Potros de Hierro. No habían
calificado a la Liguilla en la temporada 1978-1979, por eso la directiva estaba
dispuesta a traer a uno o dos estrellas, costaran lo que costaran, para
asegurar por lo menos disputar el título. Se habló incluso de un ex Real Madrid
para el Atlante, pero al final
llegaría la máxima estrella del futbol mexicano: Evanivaldo Castro, Cabinho.
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Foto cortesía: Pepe Ramírez "Juanito 70". |
La
mañana del 9 de julio de 1979, en la Unidad Cuauhtémoc de IMSS se reportó el
cuadro azulgrana. El capitán Gustavo Beltrán dio la bienvenida a los nuevos
refuerzos: Luis Enrique Fernández –ex de Puebla–, Daniel Montes de Oca –que
volvía de la UdeG– y Rubén El Actor
Anguiano –también ex de los Leones Negros–. Dos días después los periódicos
anunciaban que los Pumas ponían a la venta a Cabinho, cuatro veces
consecutivas campeón de goleo. Pero Atlante
hablaba de contratar al joven Eduardo Moses y de regresar, para regocijo de su
afición, a Gerardo Lugo Gómez. Mientras esto pasaba se renovó a Alejandro Bonavena Ramírez, al goleador Crescencio
Sánchez, a Víctor Manuel Vucetich y al capi Beltrán. Los extranjeros Ricardo
Antonio La Volpe, Spencer y Marcelinho no reportaban aún, tenían días extras.
Luego
de una semana de pretemporada en las canchas del Estado de México se confirmó
que Eduardo Moses, de 21 años y precedente de Monterrey, había firmado para los
Potros. Pero lo que llamó más la atención es que el 17 de julio la prensa
publicó cables desde España que aseguraban que Quique Wolf del Real Madrid
ficharía para el Atlante. También se
habló de Clodoaldo, campeón del mundo con Brasil en 1970. A finales de ese mes
se insistía en Wolf y en Lugo. En Pumas también se insistía en que el Cabo
no volvería a jugar para los del Pedregal.
Los
primeros días de agosto el Atlante
viajó a Chachalacas, Veracruz, para su trabajo de playa. La Volpe amagó con
irse “tendré siempre la presión del periodismo mexicano”, el argentino se
refería a la competencia por el arco azulgrana donde la afición apoyaba al
veterano Armando Franco. Mientras tanto, Cabinho no llegó el día del inicio
de la pretemporada con Pumas y el equipo dijo que costaba 8 millones de pesos.
El brasileño había pedido salir y la directiva auriazul se comprometió a darle
facilidades. Pero se creía que en México nadie podía pagar su carta. A finales
de agosto, Atlante insiste en
Gerardo Lugo que se encontraba con el campeón Cruz Azul de gira por Europa
ganándose elogios de la prensa ibérica. Pero además, el licenciado Arsenio
Farell Cubillas, director del IMSS, tras un amistoso que Atlante ganó a Toluca aseguró que Quique Wolf sería nuevo jugador
de los Potros. El 4 de septiembre el
jugador argentino argumentó tener problemas familiares que le impedía venir a
México.
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Con Atlante llegó a 7 títulos de goleo. Foto: archivo periodístico del autor. |
Pero
el Atlante estaba empeñado en tener
una figura, así que su presidente deportivo, el licenciado Sergio Peláez, viajó
a Sudamérica con la maleta llena de dólares. Cabinho, por su parte,
declara que se le hacía elevado el precio que se fijó por su pase, más cuando
aseguraba que “costó 450 mil pesos a Pumas”. Monterrey y Tigres se retiraron de
la pugna por el brasileño cuando Pumas dijo que 8 millones son para el club y 4
para el jugador; es decir, ahora costaba 12 millones. Finalmente, luego de
hablar, directiva y jugador brasileño, se acordó que fueran 8 millones en total
el pase de Cabinho para quien lo quisiera.
El
inicio de la temporada estaba a la vuelta de la esquina. Atlante registró como extranjeros a Ricardo Antonio La Volpe, Luiz
Alberto da Costa Luizinho, Marcinho, Hugo Marcelino Gottfrit y
Spencer Coelho; además de Levir Culpi. A sus refuerzos: José de Jesús
Celestino, Luis Enrique Fernández, Daniel Montes de Oca, Eduardo Moses y Rubén
Anguiano. Y, por supuesto, a su base de atlantistas de cepa: Armando Franco, Alejandro
Ramírez, Ignacio El Bambi Negrete,
Miguel Hernández, Rolando Mejía, Arturo Zárate, Víctor Manuel Vucetich, Gustavo
Beltrán, Crescencio Sánchez, José Luis González Calaca II y Miguel Burela. Todos dirigidos por Ernesto Tetos Cisneros. Entre tanto, Puebla, el
Jalisco y hasta Cruz Azul pretendían a Cabinho, él solo decía: “Todo tiene
que decidirse pronto, ya sea que me vaya a Puebla, Guadalajara o Cruz Azul,
pero ya quiero jugar”.
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El Cabo marcó 109 goles de azulgrana. Foto: archivo periodístico del autor. |
De
hecho, inició la campaña 1979-1980 con el Cabo sin contrato y el Atlante
sin su fichaje estrella. En Sudamérica se hablaba de los uruguayos Julio
Rodríguez o Lorenzo Unanue, incluso, en Argentina se decía que sería azulgrana
o Rubén Américo Gallego o Luis Galván o Jorge Olguín, todos campeones del mundo
en 1978. Alguno de los tres vendría, se afirmaba cada día. Mientras tanto el Atlante debutó empatando a cero goles
de visitante contra Tampico. El Puebla puso los 8 millones por el pase de Cabinho
en la mesa, Cruz Azul y Jalisco se retiraron de la pugna. El 30 de septiembre los
Potros de Hierro se presentaron en
el estadio Azteca goleando 3-0 a Puebla con dos goles de Bonavena Ramírez y otro de Luizinho
de tiro libre. El 4 de octubre ganaron con otro tanto de Luizinho al Jalisco y era líder del torneo con 5 puntos y un gol en
contra.
Es
justo el momento en que estalla la bomba: el sábado 7 de octubre se informa que
el licenciado Arsenio Farrell Cubillas habló con Cabinho. El lunes 8 firmó
por dos años con el Atlante en la
oficina del licenciado Sergio Peláez, iba con una playera azul con algunos
dibujos al frente, de pantalón de mezclilla y posó con su amplia y
característica sonrisa. El día 9 fue portada de todos los diarios. Se afirmaba
que 5 millones de la transferencia fueron para Pumas, que el brasileño recibió
100 mil dólares por firmar, tendría un sueldo de 7 mil dólares mensuales por
dos años y con opción a uno más. El Cabo tenía 30 años, cuatro títulos
de goleo, reconoció que Tampico, Monterrey y Cruz Azul pudieron firmarlo,
finalmente, dijo que quería jugar y prometió anotar 30 goles ese año con su
nuevo equipo. Levantó los pulgares y sonrió a las cámaras fotográficas.
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Con el Atlante IMSS Foto<. archivo periodístico del autor. |
El
viernes 12 de octubre de 1979 debutó en el estadio Azteca ante los Tecos de la
Autónoma de Guadalajara. 30 mil personas acudieron a ver a la máxima figura de
la Liga ahora de azulgrana; el juego estaba programado a las 8:45, se retrasó
media hora por problemas en el alumbrado. Finalmente, el público azulgrana pudo
ponerse de pie y aplaudir a Cabinho, que con sonrisas y pulgares
en lo alto respondía al cariño que desde ese día le dieron los seguidores
azulgrana sin resabios y para toda la vida.
A
los 63 minutos José Luis González recibió una falta. Luizinho la cobra, pega el balón en la barrera, el árbitro Jorge
Alberto Leanza juzga que se adelantó la barrera y repite el cobro: Cabinho
dispara con efecto y vence a Prudencio Pajarito
Cortés. Gol de Cabinho, el primero de los 109 que anotaría de azulgrana y que
lo convertirían, hasta la fecha, en el máximo goleador del equipo de todos los
tiempos. Al 66, otra vez de tiro libre, pero ahora con fuerza, con la potencia
que lo distinguía, puso el 2-0. Para culminar una noche brillante, de ensueño,
el Cabo
hizo una pared con Spencer y el mineiro puso el 3-0. El juego terminaría 3-1 en
favor del Atlante IMSS.
Al final de la
temporada el Cabo cumplió su palabra: marcó 30 goles, ganó su quinto título de
goleo individual, el primero de tres que ganaría vestido de azulgrana. Atlante
no fue campeón, pero también le cumplió a su público: contrató a la máxima
figura del futbol mexicano con la que, sin duda, escribió una de las épocas
inolvidables y perennes de los 100 años de historia azulgrana.
Fuentes:
Esto, La Afición y El Heraldo de México.
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