Crónica del regreso a Zacatenco
Después de 15 años, los equipos de futbol
americano del Instituto Politécnico Nacional dejaron de ser nómadas. Este
sábado 12 de septiembre de 2015, las Águilas
Blancas volvieron a jugar en su casa, en el Estadio Wilfrido Massieu de
Zacatenco. Cerca de ocho mil personas llenaron la tribuna local y lanzaron los Huelum para sus jugadores en su propio
emparrillado. Fue un partido familiar
donde fue notoria la ausencia de los grupos estudiantiles que no tuvieron
acceso al campus politécnico, mucho
menos al estadio. Tampoco estuvo presente la máxima autoridad del IPN, Enrique
Fernández, lo cual confirmó que precisamente fueron los ausentes, grupos
porriles y director general, los que por tres lustros impidieron la realización
de juegos en el Wilfrido Massieu. El resultado final: un ambiente de primera y
un triunfo de 20-7 de las Águilas Blancas
sobre los Potros Salvajes de la
Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).
![]() |
Esperando el momento histórico de volver a casa. Foto del autor. |
El
dispositivo de seguridad se implementó en los mismos planteles del Politécnico
Nacional, donde se pidió a los grupos porriles no acudir al estadio, pues no se
les daría acceso. En la Avenida Politécnico Nacional los camiones que los
transportaban fueron detenidos. Los jóvenes tuvieron que caminar pero les fue
negado el acceso, por no contar con boletos, al campus de Zacatenco. Antes de las 9 de la mañana el equipo
visitante llegó al inmueble. Una centena de aficionados ya estaban en las
tribunas blancas. Pasadas las 9:30 llegaron tres camiones con las Águilas Blancas, un jugador comentó: “Me
siento como Cristiano Ronaldo llegando al Santiago Bernabéu”.
![]() |
La entrada de las Águilas Blancas al Wilfrido Massieu. Foto del autor. |
Los
pronósticos de un lleno para el regreso histórico a Zacatenco del futbol americano
colegial de nuestro país se desvanecían poco a poco. La tribuna local, a una
hora del juego, no estaba ni a la mitad; la del visitante era más que
deprimente con menos de 100 personas. Sin embargo, en el estadio se seguían
esperando a los jóvenes que apoyarían al equipo de guinda y blanco; un iluso
dijo: “Van a tener que ponerlos del lado del visitante”. Fue entonces cuando
llegaron las versiones de que no dejarían pasar a nadie sin boleto. Un breve
recorrido por las puertas de acceso confirmó que sólo habría lleno en la
tribuna local; es decir, sólo 7 mil 500 aficionados.
Muchos
de ellos habían visto pasar su juventud en esas gradas, incluso algunos, habían
defendido los colores del Politécnico en la cancha. Se les veía en el rostro la
nostalgia y lo platicaban a sus vecinos de la grada. Otros más, quizá la
mayoría, nunca había visto un juego en el Wilfrido Massieu. Era su primera vez.
Igualmente, por lo menos tres generaciones de jugadores no tuvieron el
privilegio ni el derecho de defender sus calores en su estadio. De ahí lo
histórico de esta reapertura en Zacatenco para el futbol americano colegial.
En
repetidas ocasiones el espectáculo en la tribuna guida y blanca sobrepasaba por
mucho el accionar de sus equipos, curiosamente esta vez no ocurrió así, por lo
menos en la primera mitad. Cuando las Águilas
Blancas ingresaron al campo, 15 años después, con sus banderas de México y
del IPN, el Huelum retumbó en el
Massieu, pero sin la sincronía de otras veces. Hasta la presencia de la mascota
oficial del Politécnico Nacional pasó desapercibida para muchos, ya ni qué
decir del discurso de la funcionaria que estuvo en representación del Director
General y que en su discurso afirmó que las Blancas
y los Burros llegaría a la
postemporada de la ONEFA, lo que se ganó el oportuno y sincero grito en la
tribuna: “Pues denles suficiente dinero”. Finalmente, pasadas las once horas de
la mañana, se dio el Kick Off.
![]() |
Repleta la tribuna local. Foto del autor. |
Desafortunadamente,
la expectativa estuvo también por encima del juego. Blancas y Potros
intercambiaron una y otra vez ofensivas y el marcador no se movió. En la grada,
los gritos seguían sin estar sincronizados: los del centro por un lado, los de
los extremos por otro. El sol caía despiadadamente al norte del Distrito
Federal. El juego estaba resultando bastante nivelado, no como lo había
pronosticado el presidente de la ONEFA y miembro de la directiva de los Potros Salvajes, quien fuera de
micrófonos dijo: espero que el marcador no sea 97-0. Después de dos cuartos
sólo atinó en un dígito del marcador.
Para
la segunda mitad todo cambió. Una patada de despeje de los visitantes dejó a
los politécnicos en su propia yarda 5; es decir, encajonados. Marco García, en
primera oportunidad, le dio el balón a su corredor Luis Humberto López Tinoco.
El número 4 de las Águilas Blancas
parecía tener alas en sus pies, superó una, otra y luego otra tacleada en la
línea de golpeo, para después volar hasta las diagonales. 95 yardas de acarreo
para la primera anotación en el Wilfrido Massieu en 15 años y para instalarse
siempre en la historia del futbol americano del Instituto Politécnico Nacional.
Ahora sí, el Huelum fue al unísono,
un solo grito lanzado por 7 mil 500 almas y el posterior “el Guinda va ganando
ya, haciendo polvo a su rivales, el Guinda va ganando ya”.
Luis
Humberto López aún seguía eufórico por su anotación y recibiendo las
felicitaciones de sus compañeros, cuando Carlos Moreno le interceptó al quarterback de los Potros Salvajes. Luego de la brillante jugada del número 1 de las Blancas, Marco García necesitó de dos
jugadas para aumentar la ventaja al encontrar en las diagonales al capitán Luis
Pedroza. Por último, García y López Tinoco cerrarían su memorable actuación con
otro pase de anotación en el tercer cuarto. El equipo politécnico quería un
marcador de escándalo, pero no se pudo, todo quedó en un 20-7 para su primera
victoria de la temporada 2015 y la primera en casa desde hace década y media.
![]() |
Luis Humberto López celebra la primera anotación. Foto del autor. |
Al
final se repitió el ritual del futbol americano colegial: cada equipo fue a la
tribuna contraria a lanzar vítores al público; luego cada equipo se dejó querer
por sus propios seguidores. Del lado guinda y blanco fue una unión plena,
eufórica y sentimental entre tribuna y jugadores. Bien dicen que en este
deporte la victoria no es lo más importante, sino lo único. Por eso sólo había
sonrisas en el Wilfrido Massieu: la victoria era de las Águilas Blancas, del público al futbol americano estudiantil, del
Instituto Politécnico Nacional. Todos habían ganado. Se había recuperado uno de
los recintos más emblemáticos del deporte nacional. Que sea para siempre.
Comentarios
Publicar un comentario