martes, 18 de agosto de 2015

El Atlante se mide con el River Plate



Antes de que el Atlante fuera admitido en la Liga Mayor representó a México en los primeros Juegos Centroamericanos de 1926; un año después jugó con el Real Madrid dirigido por Santiago Bernabéu; luego fue épica su victoria sobre el Bella Vista de Uruguay plagado de los campeones del mundo de 1930. En fin, el Atlante tiene una historia dilatada enfrentando a equipos extranjeros de prosapia, por eso don Fernando Marcos en su libro Mi amante el futbol escribió que los Potros eran “la carta victoriosa del futbol mexicano para equipos de extranjeros”. Una página más en esta historia se escribió el 4 de septiembre de 1981 en que el equipo azulgrana se midió en el estadio Azteca al poderoso River Plate de Argentina.
            No era cualquier River Plate, de ninguna manera, en sus filas estaban los campeones del mundo de 1978: Ubaldo Matildo Fillol, Alberto Tarantini, Daniel Alberto Pasarella y Mario Alberto Kempes, ni más ni menos. Acompañados éstos por dos inmortales del conjunto Millonario y del futbol argentino: Norberto Beto Alonso y Reinaldo Mostazas Merlo. Además de la nueva estrella argentina Ramón Ángel Díaz, el Pelado, que tendría una noche extraordinaria aquel día en Santa Úrsula Coapa. ¿Más? Sí: el director técnico de River Plate era otra leyenda del futbol mundial: Alfredo Di Stéfano. Todos ellos enfrentaron al Atlante con excepción del Pato que estaba lastimado del meñique izquierdo luego de un amistoso entre Argentina y la Fiorentina.
Ramón Ángel Díaz festeja en el Azteca.
Foto: La Afición
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
            Toda esa constelación jugaría contra el Atlante de don Horacio Casarín: Ricardo Antonio La Volpe, José Luis González, Alejandro Bonavena Ramírez, Alberto Mario Jorge, Eduardo Moses, Cabinho y Rubén Ratón Ayala, que se preparaba para iniciar la temporada 1981-1982. Se trataba de un cuadrangular internacional que organizaba la Casa Pedro Domecq, en el que entregaría un bello trofeo –diseñado ni más ni menos que por Pedro Ramírez Vázquez– y en el cual también participaban América y Guadalajara.
            River Plate llegó a México el lunes 31 de agosto con parte del equipo y esperando la reincorporación de los seleccionados nacionales que estaban de gira con la selección de César Luis Menotti en Europa. Para acentuar el glamour del conjunto rioplatense en la comitiva viaja la modelo María del Carmen Pata Villanueva, sensación en ese entonces en Argentina y que era esposa del Conejo Tarantini. Di Stéfano se había hecho cargo del equipo días previos y el juego ante Atlante en el Azteca era su debut en el banquillo millonario. Cuando la prensa mexicana le preguntó a la leyenda por qué se hizo cargo de River Plate contestó: “Porque se me dio la gana”. Respuesta que la sensible prensa nacional calificó como “altanería”.
            Mientras el Atlante cerraba en el mercado local los pases del delantero Sergio Lira, el mediocampista Ernesto de la Rosa y el portero Jorge Rubí Valencia. Su rival entrenó en las instalaciones de Coapa, propiedad del América. Ahí Norberto Alonso dijo que “ni le pido ni le envidio nada a Maradona” y además agregó que Menotti era un vividor y debía dejar a la selección. Desde luego que el Beto estaba marginado por el técnico campeón del mundo y opacado su extraordinario futbol por el de Diego Armando. Por la tarde se hizo una conferencia de prensa conjunta donde el técnico del Atlante aseguró “no me importa el resultado”.
            Esa misma noche llegó a México Alberto Tarantini. Al otro día, el River Plate entrenó en la cancha del Estadio Azteca; sus jugadores se mostraron sorprendidos por el inmueble, por sus gradas y su campo. Por la noche arribó al aeropuerto Benito Juárez el campeón de goleo de la Copa del Mundo de 1978: Mario Alberto Kempes, el Matador, quien dijo “vine a jugar”. El organizador del cuadrangular, Jorge Berlanga, informó que River Plate recibiría 40 mil dólares por juego en el torneo, siempre y cuando alinearan Pasarella, Díaz, Kempes y Tarantini. De no ser así el pago bajaba considerablemente, casi a la mitad.
Calaca González anota al minuto del juego.
La Afición
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México.
            Finalmente, llegó la noche del 4 de septiembre de 1981, la entrada en el Estadio Azteca fue de 20 mil personas. Atlante jugó con su camiseta azulgrana a rayas verticales; de short y calcetas azules. Don Horacio Casarín decidió debutar a Rubí Valencia en lugar de Ricardo La Volpe, ya que el argentino estaba suspendido para los primeros cuatro juegos de Liga. Así, los Potros que salieron a la cancha fueron: Valencia; Miguel Ángel Pueblita Fuentes, Alejandro Bonavena Ramírez, Arturo Vázquez Ayala y Daniel Gigio Montes de Oca; Ernesto de la Rosa, José Luis Calaca  González y Alberto Mario Jorge; Eduardo Moses, Cabinho y Rubén Ratón Ayala. Por su parte, River Plate saltó a la cancha con playera blanca con la flanja roja cruzando el pecho, calzoncillo negro y calcetas blancas. La Saeta Rubia puso el siguiente cuadro titular: Ceja; Eduardo Saporitti, Alfredo De los Santos, Daniel Alberto Pasarella y Alberto Tarantini; Pedro Vega, Reinaldo Mostazas Merlo y Norberto Beto Alonso; Comisso, Mario Alberto Kempes y Ramón Ángel Díaz, el Pelado. El árbitro fue Mario Rubio, sí, el teniente coronel.
            Los atlantistas sólo tuvieron que esperar un minuto para contar un gol contra el poderoso River Plate. Eduardo Moses se deshizo de Tarantini por la banda derecha; sirvió para Calaca González, que “dejó en el piso” a Pasarella, luego de un recorte y finalmente fusiló a Cejas. Gran gol. La defensa millonaria iba a soñar a Moses y González durante todo el primer tiempo. Minutos después Eduardo Moses hizo casi la misma jugada: eludió al Conejo y a Pasarella, le puso en bandeja el 2-0 a González, pero éste la falló. A los 15 minutos River empató: Kempes en jugada personal por la izquierda tocó al centro donde estaba el Pelado, éste ante el achique del Bonavena sirvió a Camisso quien de derecha disparó fuerte dejando sin oportunidad a Jorge Rubí Valencia. A los 39 minutos una gran maniobra de Alberto Jorge que culminó con un disparo de larga distancia, bombeado, con efecto, la tribuna gritó gol antes de tiempo, pues el arquero argentino de gran forma desvió a tiro de esquina el esférico.
            La banda derecha del Atlante seguía produciendo ataques constantes. River comenzó a jugar al fuera de lugar como sistema, no como recurso, tan efectivo fue que Teodoro Cano en El Heraldo de México afirmó que durante todo el juego fueron 25 los que se marcaron contra los Potros. Pese a eso, antes del descanso, Evanivaldo Castro detuvo un balón fuera del área argentina, esperó perfecto la llegada de Miguel Ángel Fuentes y le tocó el esférico, Cejas salió recostando el cuerpo, pero el Pueblita tocó con suavidad por encima del portero y gol. 2-1 para el Atlante cuando terminó el primer tiempo.
Eduardo Moses, gran actuación ante River Plate
y elogiado por Alfredo Di Stéfano.
Foto: Archivo del autor.
            En la segunda mitad tres jugadores brillaron sobre todos en el Azteca, lo malo para los azulgrana, fue que todos eran de River Plate: Kempes, el Pelado Díaz y el Beto Alonso. De éste último dicen los periódicos mexicanos que se hizo del balón y “marcó el ritmo”; del Matador señalan su poca pero efectiva participación y de Ramón su contundencia ante el marco del Atlante. Mientras los Potros seguían cayendo en fuera de lugar y por fin Moses fue controlado por Tarantini, al minuto 69 Norberto Alonso hizo una jugada individual, sirvió a Kempes quien de un cambio de juego rápido dejó a Díaz libre para que de zurda empatara el partido.
            Los últimos veinte minutos fueron de buen futbol de ambos. Para el Esto el Atlante “ni fue apabullado y tuvo momentos de superioridad”. Del juego en general, la crónica dice que “fue un lindo duelo futbolístico salpicado de grandes jugadas, de alardes técnicos y habilidades continuas”. Cabinho tuvo una oportunidad para darle el triunfo a los Potros, pero falló frente al arco argentino.
A los 90 minutos, en cambio, River Plate ganó el juego. Otra vez Mario Alberto Kempes luego de una jugada individual volvió a encontrar a Díaz en el área azulgrana; el Pelado bajó con el pecho el pase alto del Matador, antes de que la bola cayera Ramón la tocó con el pie izquierdo y la puso en el ángulo, a donde desde luego no llegó Rubí Valencia. Golazo. 3-2 para River Plate.
            Por supuesto que la prensa mexicana no escatimó elogios para el equipo argentino y sus figuras. La Afición escribió “al final la balanza se inclinó donde la calidad fue mayor”; Ovaciones más “analítico” dijo “vaya calidad de los fulanos” y su relator Francisco Villegas escribió “todo el juego fue de constante velocidad, River tuvo cambios de ritmo impresionantes, toque corto al pie y velocidad supersónica”. En cambio, en El Heraldo de México se lee: “River no tuvo una actuación relevante, pero fue honrado, salió a buscar la victoria, a brindar espectáculo y sus figuras tuvieron chispazos”.
Vuelo de Jorge Rubí Valencia y mirada de Bonavena Ramírez
La Afición.
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
            En los vestidores del Azteca, el técnico argentino Alfredo Di Stéfano elogió al Atlante en general y a Eduardo Moses, en particular. La Saeta Rubia declaró “Es un buen equipo, está bien armado; cuenta con defensa sólida, sus medios son veloces y la delantera funciona muy bien, sobre todo el extremo derecho que es muy buen jugador, muy peligroso y veloz”. Por su parte don Horacio Casarín afirmó que “River tuvo un digno rival”. José Luis González dijo “cumplimos con nuestro cometido que era responder a nuestros aficionados” y el Ratón Ayala aseguró del partido que “lo perdimos nosotros, no lo ganaron ellos”. Mientras que los jugadores de River Plate salieron aplaudidos del Azteca; Ramón Ángel Díaz con una camiseta azulgrana en los hombros.
            Seguramente desde hace 34 años el Atlante no tiene un equipo tan fuerte y no ha enfrentado a un rival tan poderoso como el River Plate de aquella noche de viernes del 4 de septiembre de 1981.

FUENTES: Esto, La Afición, Ovaciones y El Heraldo de México.

NOTA: Atlante quedó en tercer lugar del cuadrangular al vencer a Chivas (5-4 en penales). Mientras que River Plate fue subcampeón al caer con América (2-1)

jueves, 6 de agosto de 2015

El Atlante se saca la lotería en 1978


Fernando González, el singular Fernandón dueño del Atlante, había declarado a la prensa que se sentía como “perro en el Periférico” la noche del 10 de octubre de 1978. Sin embargo, en ese mismo momento el atlantismo comenzaba a vivir una época de bonanza económica, inédita en su historia, de éxito deportivo aunque no alcanzaría a coronar con un título. El llamado equipo del pueblo esa noche vio el final de sus limitaciones monetarias: era un nuevo rico. Al otro día, los atlantistas leían en los periódicos que su equipo había sido cedido por Fernandón al Instituto Mexicano del Seguro Social, sí, al IMSS.
            El Atlante en la temporada 1975-1976 había descendido por primera vez en su historia. Regresó al máximo circuito al siguiente año. En la temporada 1977-1978 eludió un nuevo descenso de puro milagro: superó por un punto al Unión de Curtidores y por diferencia de goles al Atlético Potosino. Para la temporada 1978-1979 el equipo fue encomendado a Ernesto Tetos Cisneros y se “mexicanizó”, que fue un eufemismo que uso Fernandón para decir “no tengo dinero para reforzar al equipo”, es decir, estaba una vez más condenado a pelear por el no descenso. En la jornada 1 en el estadio de la Martinica luego de ir ganado 2-0 con goles de Crescencio Sánchez y José Luis González Calaca II, Unión de Curtidores le sacó el empate a dos sobre el final. En su presentación en el Azteca, el 17 de septiembre, no sólo los atlantistas vieron un contundente 4-0 de Cruz Azul sino que además observaron a Gerardo Lugo Gómez vestido de azul celeste, quien fue vendido después de representar a México en la Copa del Mundo de Argentina 1978; una tragedia más. En la fecha 3 perdió en su visita al Plan de San Luis por 2-0. En la 4 y en la 5 no pasó de un empate sin goles con Veracruz y Zacatepec, respectivamente.
            Fue justo cuando la luz se hizo. La noche del 10 de octubre de 1978, Fernando González citó a los medios de comunicación al despacho ubicado en el primer piso del número 6 de la calle de Berna en la Colonia Juárez. Era el despacho de su apoderado el licenciado José Luis Mendoza, que estaba ahí junto con Joaquín Badillo presidente del equipo y Gustavo Beltrán capitán de los Potros de Hierro. Con su característico pelo cano por completo y sus cejas negras, Fernandón anunció algo insólito: se desprendía del Atlante. Había cedido gratuitamente los derechos del equipo al Instituto Mexicano del Seguro Social.
Camiseta y escudo del Atlante-IMSS.
            Aseguró que lo hizo “sin dinero y sin presiones de ninguna índole”. Luego se justificó “sabemos que el futbol profesional ha evolucionado y estamos conscientes de que ya no podemos darle al seguidor del equipo todo lo que él quisiera como tal”. Agregó que no fue venta “pese a que hubo muchas ofertas de firmas comerciales”, así como del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y del Departamento de Distrito Federal (DDF). Un reportero le preguntó ¿cómo se sentía luego de 15 años como dueño del Atlante” y Fernando González contestó “como perro en Periférico”.
            Joaquín Badillo leyó las cinco cláusulas que contenía el documento para ceder al Atlante. La tercera tenía 5 condiciones, entre las que sobresalían no cambiarle el nombre –se le podía agregar después de este alguna nomenclatura– y no abandonar el Estadio Azteca. El capitán azulgrana, vestido con traje claro, camisa blanca sin corbata, su abundante melena y su cara de incredulidad dijo “el cambio será benéfico, pero extrañaremos al señor Fernando González”.
            Diez días después de este anuncio en una entrevista a Esto el exdueño del Atlante contó que en 1965 el general José Manuel Núñez le cedió al equipo con las condiciones de que “no lo vendas nunca, jamás le cambies el nombre ni de colores al uniforme”. Cuando le cuestionaron que la operación con el IMSS era por cuestiones de adeudos con el Seguro Social, Fernando González contestó “al Seguro no le debo ni madres” y aseguró que “entregué al Atlante limpiecito”. Además de recordar que lo mismo hizo años atrás cuando cedió al América a la familia Azcárraga.
            El día 11 de octubre, el IMSS aceptó la donación del Atlante. El Consejo Técnico del Seguro Social formado por un representante del Instituto, uno del sector empresarial y otro de los trabajadores, dieron el sí a las 9 de la noche. El director del IMSS, Arsenio Farrell Cubillas, dijo “que el equipo sirva como un medio para impulsar el deporte entre los trabajadores”.
Arsenio Farell Cubillas, aceptó al Atlante.
El jefe de Relaciones Públicas de la dependencia gubernamental, Amado Treviño, fue más efusivo en sus declaraciones a la prensa; antes que nada dijo que el IMSS peleó por equipo incluso “con gobernadores” que querían para ellos a Los Potros. Luego aseguró que a partir de ese momento el Atlante era “el equipo con mayor de afiliados en el mundo”, pues el IMSS contaba con “22 millones de afiliados”. Finalizó afirmando que “el club sería el más rico de la Primera División”.
Ya con la noticia confirmada, la afición del Atlante se hizo presente en el Deportivo Reynosa para ver el entrenamiento de su Potros y qué había cambiado. Alejandro Bonavena Ramírez, Crescencio Sánchez y el veterano Marcos Rivas Barrales –que buscaba regresar al equipo para retirarse del futbol– coincidieron en que el cambio era “benéfico” y explicaron por qué: “Ahora los pagos serán puntuales”. Los rumores entre el nuevo rico se volvieron el pan de cada día. Se afirmaba que tendrían nuevos campos de entrenamiento, que los primeros refuerzos no tardaban en llegar y hasta se publicó que Carlos Reinoso dejaría al América para ir al Atlante.
El 15 de octubre el Atlante-IMSS debutó contra los Tecos de la Autónoma de Guadalajara en el Estadio Azteca. Era la jornada 6 de la temporada 1978-1979. Los once exprietitos que eligió el Tetos Cisneros fueron: Armando Franco; Arturo Zárate, Alejando Bonavena Ramírez, Miguel Hernández y Emilio Gallegos; Cosío, Víctor Manuel Vucetich y Gustavo Beltrán; Palomino, Crescencio Sánchez y José Luis González Calaca II. Pero en la cancha se les negó el gol: 0-0, mientras que en la tribuna, al parecer, a la mayoría de los 22 millones de afiliados se les olvidó ir al Azteca: la entrada no pasó de 5 mil personas. Lo más sobresaliente es que el técnico azulgrana informó que el jueves 19 el IMSS daría una conferencia de prensa para dar a conocer los planes del nuevo Atlante.
Calaca II, vivió los dos polos. Brilló con el Atlante pobre
y con el Atlante rico.
Antes, el día 17, los jugadores recibieron puntual y completa su quincena, lo que significó una “magnífica novedad” comentaron algunos de ellos. Aunque se les informó que no habría aumento de sueldo, que conservarían los mismos de la era Fernandón hasta el fin de la campaña, pero que sí recibirían primas por objetivos alcanzados. Se informó que el equipo dejaría de entrenar en Azcapotzalco y se mudaría a la Unidad Cuauhtémoc del IMSS en Naucalpan. Se insistía en que Reinoso sería Potro, lo mismo que José de Jesús Aceves, Luizinho y José Váldes, todos ellos del equipo de Coapa.
Finalmente, el día 19 de octubre de 1978, el Instituto Mexicano del Seguro Social hizo oficial el anuncio de que aceptaba la donación del Atlante. El titular del IMSS insistió en que el equipo era parte de la estrategia de la dependencia para promover el deporte entre los trabajadores; que había un presupuesto para esto de 90 millones de pesos y que el Atlante no sería una carga; que el objetivo era hacerlo campeón como hicieron a Felipe Muñoz campeón olímpico en 1968. Además anunció que los derechohabientes del IMSS pagarían la mitad del costo del boleto en el Azteca cuando jugara el Atlante. Ofreció a los jugadores, presentes en la conferencia, atención médica y de capacitación a todos los niveles para ellos y sus familias; incluso tendrían “una dieta alimenticia determinada por especialistas”. Arsenio Farrell Cubillas miró a los jugadores y les dijo “sean un ejemplo de limpieza dentro y fuera de la cancha”; luego volteó al frente y afirmó “hemos tomado a este equipo para mejorarlo, no para destruirlo”. Finalmente, prometió no cambiarle el nombre ni los colores y desmintió la construcción de un estadio propio para los Potros.
Ese mismo día se confirmó que José de Jesús Aceves y Luis Alberto Da Costa, Luizinho, se incorporarían de inmediato al Atlante. Lo de Carlos Reinoso no se concretó porque el chileno no quiso. Se fichó al portero Jorge Cruz Teista, se buscaría hacerse de los servicios del brasileño Spencer y se trataría de regresar a Gerardo Lugo al feudo azulgrana. Sólo lo del llamado Talento no se concretó. Pero Aceves y Luizinho fueron fundamentales para regresarle el gol al Atlante.
Los dueños del Atlante con 22 millones de socios.
Esa temporada, 78-79, el equipo azulgrana terminó en el lugar 17 con 31 puntos. No era el mejor de los inicios para el Atlante-IMSS, pero era sólo eso, un inicio de algo grande en la historia del club, que alcanzó su máximo esplendor en la temporada 1981-1982 cuando fue primer lugar con el 69 por ciento de efectividad, con el tercer título de goleo de Cabinho, con tribunas con público y con una final ante los Tigres que se perdió. En 1984 el IMSS cedió al Atlante al Departamento del Distrito Federal y comenzó otra época.
Es innegable que el 10 de octubre de 1978 el Atlante se sacó la lotería al ser cedido por Fernando González al IMSS. No hubo campeonatos, pero se evitó un descenso más que posiblemente hubiera sido el fin del equipo. Pero sin lugar a dudas, lo más trascendental fue que, con el Seguro Social, el Atlante volvió a ser protagonista de la Liga, respetado por sus contrincantes y los atlantistas tuvieron algunas temporadas para saber lo que era apoyar a un equipo que les ofrecía más victorias que derrotas y que era un orgullo decirse atlantista y portar una playera azulgrana.

Fuentes:
Esto, Estadio, La Afición y El Heraldo de México, octubre de 1978.
Nota: las fotografías no responden necesariamente a los hechos aquí contados.


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