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Mostrando entradas de mayo, 2016

El día que el Atlante estrenó el Estadio Azteca

Por: Víctor Miguel Villanueva @victormiguelvh
En mayo de 1966 el futbol mexicano cambió para siempre. Se inauguró su máximo escenario: el Estadio Azteca. Lejos quedaban los Parques España, Asturias y Necaxa con sus gradas de madera; lo mismo que el Olímpico de la Ciudad de los Deportes con sus 40 mil lugares o el Olímpico Universitario con sus casi 70 mil asientos. A un costado de Calzada de Tlalpan se construyó un inmueble para más de 100 mil aficionados, con un diseño de una belleza insuperable; ahí el futbol capitalino tendría un recinto colosal para atestiguar sus hazañas y a sus héroes. En aquel mayo de 1966 no se hablaba de otra cosa que del nuevo escenario del balompié mexicano. El 5 de mayo, día de fiesta nacional, el colosal Azteca abrió por primera vez sus puertas y su inmaculado campo para un equipo de futbol. Se trataba del Atlante. El equipo azulgrana inscribió para la eternidad su nombre como el primer conjunto en entrenar en el Estadio Azteca. Se sabía que los tres equipos…

El Azteca de mis sueños

Porque un día me llevó mi viejo De esa mano que hoy tanto se extraña… Ignacio Copani.
Víctor Miguel Villanueva @victormiguelvh
A ciencia cierta no sé cuando fue la primera vez. Pero el primer recuerdo data de 1975. Un viernes por la noche. Un día de clásico... Mi papá llegó a casa y como siempre lo fui a recibir. Su respuesta era una invitación que me emocionó al máximo: ir al Estadio Azteca, jugaba el Necaxa contra el Atlante; eso sí, me advirtió, que era un juego de Segunda División. No me importó. Tras unos minutos en el Periférico sobre el Buick, a lo lejos apareció ese silueta mágica. Ahí estaba, sus luces lo delataban en lo oscuro de la noche. Fue un enamoramiento a primera vista. Pues desde entonces, apenas cruzo el Boulevard de la Luz, mis ojos buscan al Azteca. El partido lo ganó el Atlante por cuatro goles a cero. Durante la salida por las rampas, al caminar por la explanada inmensa en busca del Buick, tomado de la mano de mi papá, volteé a mirar al Azteca casi cada diez metros; no …