domingo, 24 de abril de 2016

Cuando el Trompo Carreño ingresó a la eternidad


Por: Víctor Miguel Villanueva
@victormiguelvh

Ya pasaron más de ocho décadas; son casi 90 años, de que México fue invitado a participar en futbol en unos Juegos Olímpicos. De hecho, el balompié nacional es actualmente el campeón olímpico y defenderá su medalla de oro en Río de Janeiro 2016. Pero el principio fue distinto: una selección hecha a vapor, una colecta para financiar el viaje a Ámsterdam, una goleada estrepitosa con España y el recuerdo de que fue Juan Trompito Carreño, interior izquierdo del Atlante, autor del primer gol mexicano en Juegos Olímpicos.
            La Liga Mayor a principios de 1928, el 15 de enero para ser exactos, vio la culminación de la primera vuelta de su certamen 1927-1928. Había ocho equipos participantes, todos de la capital; el América era el campeón y la novedad era el exequipo llanero del Atlante, que el 9 de octubre de 1927 debutó en la máxima categoría con un empate ante el poderoso Necaxa. Las posiciones luego de siete juegos para cada uno de los clubes era la siguiente: Asturias 11 puntos; España 11; América 11; México 6; Marte 4; Germania 4; Necaxa 4, y Atlante 3.
Juan Carreño con el uniforme nacional.
            Sí, triple empate en la cima y Electricistas y Prietitos sin victoria. Sin embargo, en las filas azulgrana un jugador bajito, pasado de kilos, de boina inseparable, formidable bailarín, adicto al pulque y nativo de Tacubaya comenzaba a ser irresistible por su futbol y su carisma para la tribuna de los parques y para los aficionados. Había sido invitado por el Atlante para reforzarlos en los juegos ante el Colo Colo de Chile y el Real Madrid de España, cuando aún eran un equipo llanero de la Liga Nacional. Se trataba de Juan Carreño, el Trompo, el Trompito. Hasta ese enero de 1928 nadie sabía que aquel jugador tenía un destino que cumplir: ser ídolo indiscutible del Atlante, del futbol mexicano y ser el primer jugador nacional en marcar un gol en Juegos Olímpicos y luego en Copa del Mundo. Ni más ni menos.
            La Liga 1927-1928 continuó. El Atlante se apuntó su primera victoria en el futbol organizado el 29 de enero ante el Necaxa por 3-1. Luego, en lo que era una costumbre, se detuvo el campeonato local porque había un equipo extranjero de visita que jugaría ante la mayoría de los conjuntos nacionales, se trataba del Alianza de Lima. Todo febrero y parte de marzo no hubo partidos de Liga. El 25 de marzo de 1928 los periódicos publicaron que México estaba invitado a participar en los Juegos Olímpicos de la IX Olimpiada de la era Moderna en Ámsterdam 1928. Era noticia de portada en la primera sección de El Universal y de Excélsior.
            Ambos diarios hacían alusión que luego de su participación en París 1924 había que “seguir la huella que dejaron nuestros atletas en Europa”. También hablaban que acudir a la “Olimpiada Mundial”, como sus redactores llamaban a los Olímpicos de la capital holandesa, era un lógico progreso para el deporte nacional luego de participar –sin éxito alguno– a París 1924 y de organizar los primeros Juegos Centroamericanos de la historia en 1926. El futbol estaba, desde luego, invitado e incluso la Federación se entusiasmo con la idea, pero había un problema: lo económico ¿cómo llevar a un equipo de futbol hasta Ámsterdam?.
El Trompo, al centro, con el Atlante que debutaba
en Liga Mayor.
            Marzo estaba por terminar, el torneo de futbol de los Juegos Olímpicos de 1928 serían a finales de mayo, aunque la justa deportiva se desarrollaría en junio. Es decir, no había mucho tiempo. Se tomaron decisiones apresuradas pero que permitieran al futbol mexicano ir por primera vez a la máxima competencia deportiva del planeta. Se decidió que el campeón América fuera reforzado y representara a México; para cubrir los costos del viaje los equipos españoles del Asturias y del España jugarían dos partidos contra la selección nacional y lo recaudado en taquilla serviría para pagar la aventura a Holanda. América optó por pocos refuerzos, pero no dudó en seleccionar al interior izquierdo del Atlante: Juan Carreño.
            El 22 de abril se realizó el primer juego de preparación y de recaudación ante el Asturias. El resultado fue empate a cuatro goles. La delantera recibió elogios, no así la defensa que fue acusada de lentitud y de coordinación para detener los embates del cuadro blanquiazul; se trataba ni mas ni menos de Rafael Garza Gutiérrez Récord, fundador y capitán del América y de Emanuel Guevara. El Trompito Carreño tuvo una discreta actuación. El segundo y último juego de preparación fue ocho días después contra el España.
            La selección olímpica saltó al campo con su uniforme en camisa roja y short blanco. Cuando ingresó el España la tribuna de sol silbó a los dueños de casa, lo cual indignó al reportero de Excélsior pues afirmaba que eso no era apropiado para un equipo que prestó su campo, sus jugadores y otorgó la taquilla para que viajara la selección a los Juegos Olímpicos. El resultado final no fue nada halagador: 2-1 en contra, el interior izquierdo del Atlante no participó en el juego. Ante esto la prensa escribió “No van con esperanzas de obtener triunfos frente a los mejores cuadros del mundo, sino sencillamente a medirse con el que les depare la suerte y hacer todo lo posible por dejar la mejor impresión del futbol mexicano”.
            El 6 de mayo partió la primera selección mexicana de la historia a jugar unos Juegos Olímpicos. Partieron a Laredo, de ahí a Nueva York, luego cruzarían el Atlántico hasta a Francia y, finalmente, a la capital holandesa. Un viaje de 20 días. El 28 de mayo se hizo el sorteo y a México le tocó enfrentar en octavos de final a España. Era ganar o quedar eliminado, el juego se realizaría el día 30 en Ámsterdam, era una cita con la historia para el futbol mexicano y para Juan Carreño.
El futbol mexicano siempre sabrá que un atlantista
marcó el primer gol de México en
Juegos Olímpicos y en Copa del Mundo.
            La alineación de México presentada por el técnico Alfonso de la Vega  fue la siguiente: Oscar Bonfiglio (Marte); Rafael Garza Gutiérrez (América) y Agustín Ojeda (Marte); Nieves Hernández (México) Pedro Suinaga (América) y Luis Cerrilla (América); Carlos Garcés (América), Benito Contreras (América), Ernesto Sota (América), Juan Carreño (Atlante) y Juan Terrazas (América). Sí, en efecto, era el campeón América reforzado. Ahí estaba el equipo nacional para su primera aventura olímpica. Un año atrás Juan Carreño bailaba en Tacubaya, bebía pulque y la hacía de donjuán. Ni siquiera jugaba en el Atlante. Pero ese 30 de mayo de 1928 obtendría un pasaporte a la inmortalidad.
            Los jugadores mexicanos saltaron al campo del Altes Sportpark “lanzando gritos al estilo de los colegiales americanos”. El aire estaba a favor de los españoles que desde el primer minuto se fueron contra el arco de México. Bonfiglio hizo un espectacular vuelo a un disparo español para mandar a tiro de esquina. A los 11 minutos cayó el primer gol de Luis Regueiro; hasta el minuto 23 México pudo llegar al marco contrario que defendía José María Jáuregui. Sin embargo, el Corzo marcó el 2-0 a los 27 y José María Yermo cerca del final de primer tiempo el 3-0. Lo peor estaba por venir en la parte complementaria.
            En siete minutos la selección española venció en tres ocasiones a Oscar Bonfiglio: Yermo (63), Marculeta 66 y Ángel Mariscal al 70. Seis a cero. Desde luego el sueño olímpico para el futbol mexicano estaba terminado, pero no para el interior izquierdo del Atlante. En los últimos 20 minutos, con una lápida de seis goles sobre la espalda, México “dominó” a España. A los 75 se produce una melé en el área ibérica, que termina con un tiro de esquina. La selección mexicana cobra, el balón viaja por alto, lo mide Juan Carreño, se eleva y de cabeza conecta el esférico que termina incrustado en el arco español. ¡Gol de México! ¡Gol de Juan Carreño! Desde ese momento el futbol mexicano sabe lo que es gritar gol en Juegos Olímpicos.
            España conseguiría una séptima anotación a través de José María Yermo, el tercero para él ese día en el Altes Sportpark, a cinco minutos del final. Los 2,344 aficionados que acudieron al juego aplaudieron, dicen que en todo momento apoyaron al equipo mexicano. Se asegura que la asistencia fue tan baja porque más tarde el equipo local debutaría ante el campeón olímpico: Uruguay. La agencia de noticias AP entrevistó al jugador mexicano Pedro Suinaga que dijo “estoy satisfecho de haber perdido con un equipo tan fuerte como el español”. Del equipo nacional señaló “hizo lo que estuvo en nuestras manos y no se puede decir que quedó mal”. En México, el diario El Universal tituló “Honrosa derrota de los mexicanos”, los cables que publicó elogiaban la labor del portero del Marte Oscar Bonfiglio quien recibió siete goles pero pudo evitar más; a Rafael Garza y a Juan Carreño porque “realizaron una brillante labor”.
México jugaría después un partido de consolación con Chile que también perdió por 3-1. El primer gol del partido lo marcó el centro delantero Ernesto Sota, luego vinieron tres anotaciones de Guillermo Subiabre para el triunfo andino. Juan Carreño participó en el partido. Así terminó la primera aventura olímpica del futbol mexicano.
Juan Carreño entró para siempre a la historia, pero el Trompito tenía una cita más para inmortalizar su nombre: dos años después, en 1930, marcaría el primero gol de México en Copa del Mundo. Luego con sus goles le obsequió a la afición del Atlante tardes de futbol memorables e imborrables. En 2011, durante la Primera Investidura del Salón de la Fama del Futbol Internacional, el Trompo fue llevado a la eternidad.

Fuentes: Excélsior, El Universal y FIFA.com.
Nota: Las fotografías NO corresponden a los hechos aquí narrados, sólo sirven para dar ilustración al texto.


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