lunes, 27 de abril de 2015

La temporada de ensueño de los 121 goles (Parte III)


La aplanadora azulgrana encaraba los últimos diez juegos de la temporada 1945-1946 con el mismo objetivo del inicio: ser campeón. Sólo estaba un punto abajo del líder Puebla, 27 por 26 puntos, y su delantera seguía haciendo goles; lo único que preocupaba era la lesión de Roberto Scarone, el alma verdadera de los Prietitos. En esta recta final el Atlante jugó tres partidos míticos que se inscribieron para siempre en la historia del futbol mexicano: ante el Marte, el España y el Veracruz; todos en el Parque Asturias. El primero fue bautizado como “una cena de caníbales” por la bronca que se desató; el segundo hizo pensar a la prensa que se debía construir otro escenario más grande, pues ahora hasta hubo balas de salva para contener a la afición atlantista; en el último, el magistral juego de Luis Pirata Fuente que definió el campeonato a tres jornadas del final.

            Luego de la derrota como local, ente León, que le impidió tomar el liderato, el trabuco del general Núñez visitó al San Sebastián. Martín Vantolrá y Roberto Scarone no jugaron por las lesiones en el último partido. Ante los Santos quien se lesionó fue Horacio Casarín y tuvo que irse a jugar de extremo. Aún así, con dos goles de Ángel Segura, uno de Rafael Meza y otro más de Mateo Nicolau se impusieron 4-2. Puebla también ganó por lo que la diferencia se mantenía en sólo un punto.
Este Atlante de 1947 sí sería campeón.
            El 21 de marzo de 1946 Marte visitaba al Atlante. Fue un escándalo. Además de ser calificado en Excélsior como “una cena de caníbales”, en El Universal decía que fue “una batalla campal de esas que se estilan en los barrios bajos de nuestra capital entre cinturitas o apaches”. Adalberto Dumbo López, quien sustituía al lesionado Casarín, hizo el primer gol a los 8 minutos. El árbitro Blat Garay anuló un gol del Marte que era el empate; enseguida Rafael Meza hizo el 2-0, según los Marcianos luego de que Vantolrá centrara un balón que ya había salido por la línea de meta. El jugador Navarro jaloneó al silbante y, por supuesto, se fue expulsado. En otra jugada por la banda de sol, Ávalos del Atlante y César del Marte, luego de una falta del primero, se dieron de trompadas y el árbitro Garay se hizo de la vista gorda: no marcó nada, ni siquiera hizo una llamada de atención.

            En el segundo tiempo “se generalizó el crimen”. Mateo Nicolau golpea a Piñal, éste le responde; el jugador del Marte cae al suelo, ahí es golpeado con un puntapié por el Dumbo López. Todos lo corretean, “nunca vimos correr tanto a un futbolista”; nadie le da alcance y el delantero azulgrana con “una rara habilidad” elude todos los golpes que le tiran. La policía entra al campo a detener la infructuosa persecución al Dumbo. Entonces los jugadores del Marte discuten en grupo con el árbitro; Martín Vantolrá se acerca y dice algo, la respuesta es un golpe franco de mano derecha del jugador César. Diez minutos tardan las asistencias en atender al Maestro. Mientras tanto, Garay expulsa a Piñal y César por el Marte, que se queda con 8 jugadores, y a Nicolau y Adalberto López por Atlante, que jugará con 9. Los Prietitos acaban el partido ganando 6 goles a 2. En cuanto a la clasificación Atlante logra pasar al Puebla, es líder del torneo, pero está empatado con Veracruz; ambos con 30 puntos.
José Rafael Meza
Uno de los mejores extranjeros que han
jugado en México.
            Otro épico juego se jugaría el 31 de marzo de 1946 en el campo de Oblatos, Guadalajara, entre el Atlas y el Atlante. Al minuto de juego Angelillo anotó el primero. Luego Roberto Scarone, que ese día reaparecía, lesionó al jugador rojinegro Aldrete; el árbitro no dijo nada, el público comenzó a arrojar cojines al campo y cada vez que la tocaba el charrúa era silbado. Todo se derrumbó para el Atlante del minuto 62 al 75; en menos de quince el Atlas le hizo tres goles. Primero El Peluche Ramos cometió mano, para penal que convirtió en gol Norberto Palafox, Ignacio Rojas dio la voltereta al 67’ y el mismo Palafox al 75 puso el marcador 3-1. Entonces creció la figura del portero atlista que “detuvo una tormenta de tiros”; sólo Casarín al 83’ lo pudo vencer para el 3-2; sin embargo, al minuto siguiente Atlas consiguió el 4-2. Al final el guardameta Meléndez de los rojinegros salió en hombros de Oblatos. Consecuencia: Atlante, Veracruz (un juego menos) y ADO todos con 30 puntos.
            Era más que obligado ganar en el siguiente partido. Así lo hicieron el 11 de abril de 1945 en el Parque Asturias ante el América. Llovió durante todo el juego e incluso hubo interrupciones de luz eléctrica, pero no se suspendió el cotejo. “Los futbolistas parecían fantasmas” pero el Atlante le hizo cuatro goles reales a los cremas: el novato Ávalos el primero, Meza dos y Angelillo el cuarto. Los azulgranas llegaban a 98 goles a favor y se mantenían en la punta de la clasificación empatados con Veracruz. Se venía el clásico ante el España.

            La noche del 25 de abril de 1946 las cosas para contener al público, en su mayoría atlantista, fueron más allá de los gases lacrimógenos de la policía y chorros de agua de los bomberos. La crónica de Excélsior afirma que sonaban “cañonazos de salva” para contener a la gente que deseaba entrar sin tener boleto. Otros medios como El Universal cuestionaban a las autoridades sobre por qué no construir un escenario más grande y evitar estas riñas de cada juego. El caos no sólo era fuera del Asturias, dentro los aficionados “estaban apiñados a lo largo de la alambrada, pegados, untados”. En lo que respecta al partido, el España no se jugaba nada, salvo su simbólico récord de no perder en encuentros nocturnos, para el Atlante era fundamental. La porra atlantista estalló de júbilo cuando a los 11 minutos el “hijo de don Venancio” venció al portero Sanjenís. Pero ese día estaba inspirado José Manuel Moreno, condujo el ataque albinegro, inmediatamente Linares empató y luego en el minuto 52 Isidro Lángara le dio la voltereta en el marcador. Las calamidades no terminaban, Scarone se resintió de la lesión, no quiso abandonar el campo y se llevó una gran ovación del público. Rafael Meza al 56’ empató el partido a dos y era ni más ni menos que el gol 100 del Atlante en el torneo. Luego marcaría el tercero, para derrumbar el mito de la imbatibilidad del España en partidos nocturnos y mantener al Atlante de líder del campeonato.
El Peluche Ramos. Otro ícono azulgrana.
            Los Prietitos se metieron a Orizaba para jugar ante el ADO el 5 de mayo de 1946. Lo hicieron sin Roberto Scarone y Rafael Meza, quien luego de los dos goles al España también se lesionó. Era una apuesta difícil. Pero en cuatro minutos la resolvió al poner 0-2 con goles de Horacio Casarín y Angelillo. En el segundo tiempo, Casarín y el Dumbo López redondearon un 1-4 para reducir la lucha por el campeonato 1945-1946 a sólo dos equipos: Atlante y Veracruz, que precisamente se enfrentarían en la ciudad de México el 12 de mayo.

            Una multitud acudió esa mañana de domingo al Parque Asturias. Esta vez a los gases, al agua y a las balas de salva, hay que agregar el enfrentamiento a piedras entre la afición del Atlante –sin boleto– y la policía. “Hubo golpeados y mojados”, pero no se habla de cosas mayores. La aplanadora morena sabía perfectamente la importancia de los dos puntos en disputa. Se fueron encima de su visitante desde que silbó el árbitro, Horacio Casarín ejecutó una vistosa volea que detuvo el arquero Urquiaga; Vantolrá y Meza fallaron goles hechos por “nerviosidad” y a los 12 minutos en un contragolpe de Luis Pirata Fuente, Raymundo González hizo el 0-1. Sin embargo, Rafael Meza empató con un disparo bombeado desde fuera del área que puso al público de pie. A los 36 minutos el delantero jarocho Lazcano disparó al área atlantista donde el balón fue desviado por Arizmendi; un claro autogol y 1-2. A los 39 minutos, Luis Pirata Fuente hizo el 1-3 con una jugada magistral: se quitó a tres enemigos y cuando el portero Villavicencio le quiso achicar el marco, el delantero del Veracruz le pasó el balón por la cabeza. Manuel Sayde escribió del Pirata: “fintador (sic) con la cintura, pianista con los pies, carambolista con el empeine. Es un artista en el medio campo”. En la segunda parte, Jesús García y José Valdivia complementaron la goleada. Horacio Casarín sobre el final hizo el 2-5 que significó la derrota del campeonato. Veracruz sacó ese día una ventaja de 4 puntos con un partido menos sobre el Atlante, al cual le restaban tres partidos y esperar un verdadero milagro. Que no ocurrió.
Una escena de la cinta Los hijos de don Venancio.
Horacio Casarin casi desmayado es auxiliado por
Martín El Maestro Vantolrá, entre otros.
            Terminó la temporada 1945-1946 ganando sus últimos tres partidos: 2-4 al Monterrey (Nicolau, Angelillo, Meza y Nicolau); luego 4-1 al Asturias (Casarín, Nicolau, Casarín y Meza); y por último, 6-1 al Moctezuma (hat trick de Mateo Nicolau, doblete de Angelillo y Martín Vantolrá). De ese último juego hay que resaltar que al medio tiempo se le hizo un homenaje al Maestro por 25 años de futbolista. El jugador catalán, casado con una mexicana y padre de tres hijos, recibió diplomas y medallas, él correspondió con lágrimas y con el sexto gol de ese 16 de junio de 1946. No era cualquier gol, era ni más ni menos que el número 121 del Atlante en aquella temporada de ensueño. Una marca que permanece vigente 69 años después; que no pudo ser rota ni siquiera en los campeonatos largos de 38 jornadas. Hoy que sólo se juegan 17 partidos por torneo, parece que nadie nunca podrá por lo menos acercarse a los 121 goles de la aplanadora azulgrana del general José Manuel Núñez. Ese trabuco un año después, en 1946-1947, sí lograría el primer campeonato de los Prietitos en el profesionalismo.

Fuentes: La Afición, Esto, El Universal, Excélsior y www.rsssf.com
Nota: el campeón goleador fue Isidro Lángara del España con 40 goles. Rafael Meza hizo 30, Horacio Casarín 26, Mateo Nicolau 21, Ángel Segura 15 y Martín Vantolrá 13.
Aclaración: Las gráficas no corresponden necesariamente a los hechos aquí narrados, sirven únicamente para ilustrar.
           

            

martes, 21 de abril de 2015

La temporada de ensueño de los 121 goles. (Parte II)



Fueron 44 goles los que el Atlante había conseguido en los primeros diez juegos de la temporada 1945-1946, más de cuatro por partido en promedio, pero hasta ahora estaba lejos del campeonato: era séptimo lugar. Los 44 tantos mantenían el apodo de La aplanadora morena”; los anuncios de prensa donde Horacio Casarín y Martín El Maestro Vantolrá vendían crema para afeitarse o los de cigarros Casinos que anunciaba Angelillo, sostenían la imagen de que el Atlante era un equipo de estrellas; por otra parte, el futbol de Roberto Scarone, “espectacular” a veces y otras tan recio, sostenía la esencia del futbol de los Prietitos: bravo y elegante. A todas estas características, había que agregarle que siguieron los bomberos y la policía arrojando agua y gases lacrimógenos, respectivamente, para evitar los sobrecupos en los partidos del Atlante; que se derribaron bardas para verlos, que la polémica siempre estuvo en cada juego de los azulgrana.
            El 13 de diciembre de 1945 en el Parque Asturias el Atlante recibió al San Sebastián, uno de los tres benjamines de la Liga Mayor, los otros eran Tampico y Monterrey. Los Prietitos estrenaban técnico en la persona de Luis Grocz, quién volvió a alinear a la delantera titular: Meza, Angelillo, Casarín, Nicolau y Vantolrá y con ellos los goles: el marcador final fue 9 a 2. En la primera parte el “hijo de don Venancio” dio dos asistencias para Mateo Nicolau, pero aun así fue abucheado. Casarín respondió en el segundo tiempo al marcar tres goles en diez minutos, del 65 al 75; hizo uno más al 85 y, desde luego, fue vitoreado por la afición azulgrana.
            Diez días después, en Orizaba, el Moctezuma paró en seco a la aplanadora morena. Ante un lleno en el parque local los Cerveceros se impusieron 6-3 al Atlante. Cuatro bajas considerables fueron determinantes. Andonegui jugó en el arco ante la ausencia del Potrillo Villavicencio; Alberto Medina estuvo ausente en la defensa; tampoco jugó Arizmendi en medio campo y el Maestro Vantolrá en la delantera. No dejaban de marcar goles, pero no sumaban puntos.
            En el último juego de 1945, el día 30 de diciembre, Atlas – con playera verde y pantaloncillo blanco– visitó al Atlante en el Parque Asturias y se desató una bronca en las tribunas ante el pésimo arbitraje del nazareno Serrano Linares. Aunque Nicolau (2), Meza y Angelillo hicieron 4 tantos en el primer tiempo, Manuel Sayde en Excélsior escribió que este Atlante “estaba exento de sabor bélico y viril que lo llevaron a la popularidad (sic)”. Todavía Casarín haría un gol más y le anularon dos para dejar el marcador 5-3. Pero la bronca en las gradas estalló cuando todo mundo vio como Potrillo Villavicencio, quien reapareció ese día, tomó el balón lanzado en un tiro de esquina, se introdujo a la portería y el árbitro no marcó gol. El público con esto y los dos goles anulados a Casarín enardeció en las tribunas del Asturias.
Gregorio Blasco.
Jugó pra el Athletic de Bilbao y River Plate.
En México para el España, Euzkadi y Atlante
            Partido clave era el del 13 de enero de 1946, lo era porque Puebla ya había terminado sus 15 juegos de la primera vuelta y tenía 21 puntos. Atlante con 13 juegos tenía 16; es decir, había que ganar a como diera lugar. Así que enfrentó al Marte en un jueves en que llovió todo el partido; el veterano portero vasco Gregorio Blasco apareció como portero titular. Roberto Scarone jugó “sin hacha y sin machete”, el argentino Mateo Nicolau hizo dos goles, uno más Angelillo y 3-1 contra los Marcianos. Atlante se ponía a tres puntos del líder Puebla.
            El equipo azulgrana cerró su primera vuelta en el Parque Veracruzano para enfrentar a los locales Tiburones Rojos. Luis Grocz mandó a lo mejor que tenía: Blasco en el arco; Medina y Peluche Ramos en la defensa; Arizmendi, Margarita Gutiérrez y Roberto Scarone en medio campo; Rafael Meza, Ángel Segura, Horacio Casarín, Mateo Nicolau y Martín Vantolrá. De poco sirvió: Veracruz hizo tres goles en 17 minutos; en el segundo tiempo, Meza y Angelillo pusieron las cosas 3-2 pero no lograron evitar la derrota. Las crónicas destacan al portero jarocho Urquiaga que evitó goles de Casarín, Vantolrá y Nicolau. Luego de 15 juegos Atlante era sexto a tres puntos del nuevo líder ADO (22), debajo del Puebla (21) y Moctezuma (19), y empatado con León y Veracruz todos con 18 unidades.
Mateo Nicolau.
Jugó en San Lorenzo en Argentina y en el Barcelona de España.
            Pese a esto la afición capitalina volvió a llenar el Parque Asturias, el Guadalajara era el siguiente rival. El tico Rafael Meza hizo tres goles, hat trick se diría en la actualidad, el Maestro Vantolrá y Mateo Nicolau cerraron la cuenta. Otros cinco goles contra el equipo tapatío que contó en el Asturias con un nutrido grupo que los apoyaban. El siguiente juego no sería tan fácil, ni siquiera porque repitieran de locales y ante el modesto Tampico.
            El 7 de febrero de 1946 hubo de todo. Doble hat trick; remontada espectacular del Atlante; un penal por mano que no se marcó y otro que por las mismas circunstancias que sí se hizo; gol de último minuto; la afición del Atlante que pasaba de la ovación a la reprobación de su propio equipo; y el genio de Roberto Scarone para conseguir una victoria trascendental en el campeonato.
            Tampico comenzó a los 9 minutos anotando a través de Felipe Altude, Horacio Casarín empató al 20’; Altude hizo el 1-2 al 23 y el 1-3 al 44’; así se fueron al descanso. Para el segundo tiempo, con el apoyo de la tribuna, Horacio Casarín marcó en dos ocasiones para igualar a tres el partido. La afición azulgrana estaba enloquecida, además porque Angelillo salió lesionado y jugaban con 10 únicamente. El mediocampista Arizmendi tocó el balón con la mano en el área local, Ranulfo Lara no marcó la pena máxima. En cambio, al minuto 90, el defensa del Tampico de apellido Arista “manoseaba el balón”; Roberto Scarone se dirigió al árbitro a reclamarle y éste al ver al jugador uruguayo marcó penal en tiempo de reposición. El público repudió la decisión arbitral. Scarone colocó el balón, disparó suave al centro, mientras el arquero Landeros se tiraba a su izquierda y gol. Atlante 4 Tampico 3. Los jugadores visitantes se fueron sobre Ranulfo Lara, lo empujaron, lo jalonearon y el público seguía disgustado por la forma en que un árbitro puede perjudicar un juego que la prensa calificó como “el mejor de la temporada”.
Roberto Scarone.
Surgió del Peñarol de Montevideo
Aquí con la camiseta de Gimnasia y Esgrima de La Planta,
en Argentina, entes de venir a México.
            No cabe duda que la temporada 1945-1946 estaba en su punto de ebullición. Para seguir en el mismo tenor, el 14 de febrero de 1946 –irónicamente día del amor y la amistad–, en el Parque Asturias se enfrentaban el 1 contra el 2: Puebla visitaba al Atlante. La afición pretendió derribar una barda del escenario y la policía arrojó “bombas” lacrimógenas para detenerlos. Roberto Scarone, el “destripador de niños” a los 30 segundos del juego golpeó a Álvarez, el mejor hombre del Puebla “quedó imposibilitado todo el partido”. A la media hora, tocó el turno a Zendejas que se lesionó tras una falta del mismo jugador uruguayo del Atlante. Aun así el reportero Manuel Sayde dijo que Scarone “movía al Atlante con espectacularidad”. Ese día, hasta el Maestro Vantolá lesionó a un contrario: a Pérez en un ojo. Con todo esto, fue hasta el minuto 61 en que el costarricense Rafael Meza marcó el 1-0, el mismo jugador tico hizo al 81 el 2-0 y cerró la cuenta Valtonrá al 87 ante el delirio de la afición atlantista que observa la tabla de posiciones así: Puebla 25, Atlante con 24.
            El siguiente partido fue en Guadalajara, ante el Oro. La aplanadora morena seguía pasando por encima de sus rivales. Horacio Casarín hizo el 1-0 a los 8 minutos, luego Gregorio Blasco realizó una “parada monumental” en un penal en contra; Martín Vantolrá marcó el 2-0 del juego y el gol 80 de la temporada a los 65’, cerró la cuenta ese día Casarín a los 78 minutos. 3 goles a uno. Seguía la disputa en la cima donde ahora Veracruz y León (con 24 ambos) también se sumaban a Puebla (27) y Atlante (26), en la lucha por el campeonato.
            Al llegar al juego 20, al igual que en el 10, el Atlante sufriría una derrota dolorosa como local, en el momento más inoportuno, pues Puebla había perdido y dejó el liderato a merced de los Prietitos. El domingo 3 de marzo de 1946 como era costumbre se llenó el Parque Asturias para ver al Atlante. Pero León a los 8 minutos se puso al frente en el marcador cuando Gregorio Blasco soltó un balón y Fernández aprovechó para el 0-1; lo peor vendría después. A los 15 minutos se lesionó Roberto Scarone “tocaron a Scarone y luego hicieron añicos a las líneas azulgrana”; nada más cierto. El primer tiempo quedó 2-0, luego que el veterano arquero vasco del Atlante le hiciera “una Verónica” a un tiro libre del jugador visitante Faustino Padilla; además, este mismo jugador del León, se dedicó a patear todo el juego a Mateo Nicolau. Para el segundo lapso, Luis Grocz ordenó que Scarone se fuera de centro delantero y Casarín ocupara el lugar del uruguayo en la media; no resultó el experimento: “el hijo de don Venancio” regresó a su lugar y el charrúa tuvo que salir, después regresó pero sólo “por vergüenza deportiva”. El visitante encontró un tercer gol, ante el desconsuelo del público en el Asturias, que aún pudo gritar el gol de Horacio Casarín a los 87 minutos. Un tres a uno en contra. La tabla general entonces quedaba así: Puebla 27, Veracruz, León, Atlante y ADO con 26 puntos. El trabuco del general José Manuel Núñez tendría que dejar todo en los últimos diez juegos de la temporada…(CONTINUARÁ)

Fuentes: La Afición, Esto, El Universal, Excélsior y www.rsssf.com

            

martes, 14 de abril de 2015

La temporada de ensueño de los 121 goles. (Parte 1)





Para la temporada 1945-1946 el general José Manuel Núñez formó un Atlante que establecería un récord absoluto y aún vigente para un equipo en la Liga Mexicana en cuanto goles anotados en una sola campaña. Fueron 121 goles en 30 partidos, un promedio de 4 por juego. No era para menos, la delantera estaba formada por: el catalán Martín El Maestro Vantolrá, el argentino Mateo Nicolau, Horacio Casarín, Ángel Segura Angelillo y Rafael Meza. Ellos cinco marcaron 105 goles y hubo quien los comparó y se atrevió a decir que eran mejores que Dionisio Nicho Mejía, Felipe Diente Rosas, Juan Trompito Carreño, La Marrana Olivares y Fernando Patadura Rojas. Los hombres que construyeron el Atlantismo y con sus goles llevaron a los Prietitos de los llanos a la Liga Mayor del futbol mexicano.

            Pero aquel Atlante de 1945 no sólo tenía una magnífica delantera, era un cuadro plagado de figuras: Adalberto Dumbo López; el portero Federico El Potrillo Villavicencio; los defensas Alberto Medina y Antonio El Peluche Ramos; los mediocampistas Salvador Arizmendi, José La Margarita Gutiérrez y el férreo uruguayo Roberto Scarone. El periodista Antonio Andere escribió en La Afición “El Atlante tiene ahora el equipo más poderoso de su historia”; Esto bautizó al equipo como “el trabuco del general Núñez”; y en El Universal lo llamaban “la aplanadora morena”. Sí, el Atlante era el equipo a vencer en la temporada 1945-1946.
El Maestro Vantolrá, el tico Meza, Horacio Casarín,
Angelillo y Mateo Nicolau
            El debut no pudo ser mejor. El 19 de agosto de 1945 Tampico recibió al cuadro azulgrana. El campo estaba lleno, hubo ceremonia de inauguración, se entonó el himno nacional y se dio una vuelta olímpica con la bandera mexicana; para este último acto Horacio Casarín y Salvador Arizmendi, por Atlante, corrieron alrededor del campo con el lábaro patrio. Luego el juego culminó con un 0-10 con cinco goles de Horacio Casarín –que un año antes filmó Los Hijos de don Venancio con Joaquín Pardavé–, cuatro del tico Rafael Meza y uno más del argentino Mateo Nicolau. ¿Quién podría negar que era el mejor inicio para el equipo destinado a golear donde se presentara y predestinado acabar como campeón?
            El día de su presentación en la capital de la República el cuerpo de bomberos tuvo que usar sus mangueras y arrojar agua a la multitud que acudió el 2 de septiembre de 1945 al Parque Asturias para ver la presentación de la llamada aplanadora morena. El Atlante era local ante el equipo dueño del escenario. Los azulgrana vencieron 3-2 con goles del uruguayo Roberto Scarone y los costarricenses Rafael Meza y Antonio Hutt. Jugaron con 10 desde el primer tiempo en que se lesionó Mateo Nicolau; luego el portero Villavicencio también se lesionó, tuvo que ser reemplazado en el arco por el mediocampista José La Margarita Gutiérrez, quien detuvo dos disparos de los rivales.

            Pero siete días después perdió el invicto. En un gran juego que fue descrito como “el mejor match de football que se ha visto en León”, el Atlante perdió 3-2 con los Panzas Verdes. Por los azulgrana anotó El Dumbo López y Mateo Nicolau; José La Margarita Gutiérrez provocó una bronca con el jugador leonés Flores y la gente arrojó cojines al campo. Los Prietitos no volverían a jugar hasta el 30 de septiembre en Guadalajara, ahí regresarían a la victoria y los goles, además los pleitos extracancha se volverían habituales en los juegos del Atlante.
El general José Manuel Núñez, creador de la
llamada "aplanadora morena".
            El trabuco del general Núñez goleó en el Parque Oro al Guadalajara por 3-5. Acudieron a ver el juego 35 mil personas. Atlante ese día fue una máquina de goles y fabricó sus cinco tantos en el primer tiempo: Rafael Meza el primero a los 10’, Mateo Nicolau al 24’, Horacio Casarín al 26 y el Maestro Vantolrá a los 35’ y 44’. El público reclamó que el primero y el tercer gol azulgrana habían sido en fuera de lugar. En el transcurso del juego Scarone y Covarrubias se liaron a golpes y, al silbatazo final, hubo invasión al campo, los jugadores de ambos conjuntos tuvieron que huir a los vestidores. El árbitro Gabriel Nieto tuvo que dejar el Parque Oro escoltado por la policía.
            Precisamente, ante el Club Oro el Atlante reapareció en la Ciudad de México, el Parque Asturias se llenó y se trató de un gran juego, “el mejor de la temporada”. El partido llegó hasta el minuto 80 con empate a tres goles; el segundo de los azulgrana, anotado por Meza de volea, había arrancado la ovación del público. Al minuto 81 se marcó penal en favor del Atlante, Roberto Scarone anotó su segundo gol de la noche y finalmente Horacio Casarín hizo el quinto, al parecer en fuera de lugar. Después de cinco juegos la “aplanadora morena” goleaba y ganaba.
            Pero justo, a la siguiente jornada, el 14 de octubre de 1945, vendría la primera tragedia de la temporada. Puebla ­–en el Parque Mirador– goleó 6-0 al Atlante. Se trataba del juego por la disputa del primer lugar entre los dos punteros del campeonato. Luego de la sacudida en Puebla, el trabuco azulgrana cayó al tercer lugar de la tabla general. La reivindicación se dio al siguiente juego. El 28 de octubre de 1945 le metió 10 goles a Monterrey. Pero el marcador escandaloso, 10-4, era una falacia, un espejismo. El 15 de septiembre el Club Monterrey sufrió el incendio de su autobús, hubo 8 heridos y tiempo después dos futbolistas perderían la vida; el equipo no se reponía de la tragedia; además era uno de los recién ascendidos a la máxima categoría. De hecho, se pusieron al frente en el marcador a los 30 segundos por conducto de Enrique Escalada que ese día haría un hat trick. Luego del gol tempranero, Atlante hizo cinco goles en 30 minutos: Meza a los 3’, Ángel Segura Angelillo a los 7’, Horacio Casarín 8’, Martín Vantolrá 11’ y otra vez Angelillo a los 30’. Antes de terminar el primer tiempo Escalada dejó el marcador 5-3. Incluso, los regios se acercarían al anotar José Noguera de penal, 5-4 y el público en el Asturias comenzó a abuchear. En los últimos 20 minutos, del 71 al 89, la delantera del Atlante hizo otro alarde de poderío: marcó cinco goles más. Rafael Meza dos, para hacer también hat trick; dos de Mateo Nicolau y uno de Martín Vantolrá. Volvieron los vítores para el conjunto azulgrana.
            Previo al siguiente juego ante América, el general José Manuel Núñez aseguró a la prensa capitalina que “no basta ganar, es necesario demostrar que se juega al football”. Por supuesto, una vez más el Parque Asturias fue insuficiente para tanto público que acudió al partido. Por otra parte, la afición del América no se resignaba a que tres de sus mejores hombres ahora fueran atlantistas: Roberto Scarone, Mateo Nicolau y Ángel Segura, décadas después lo historia sería al revés: América despojaría de sus mejores elementos al Atlante. El partido disputado el 11 de noviembre de 1945 terminó empatado a cinco goles; los azulgrana llegaron a 40 goles en ocho juegos, pero seguían terceros en la tabla general.

            La crisis continuó en el siguiente duelo, cuando en el Parque Asturias no pasó el Atlante de un empate a tres goles con el ADO, que además jugó con 10 hombres casi todo el partido. El duelo estaba programado el 22 de noviembre, pero una fuerte lluvia suspendió el compromiso que se realizó el sábado 24. El técnico Julio Biro en un acto de valentía sentó a tres de los delanteros titulares y colocó al cubano Antonio Méndez, al Dumbo López y al novato Luis Luévano; Meza, Angelillo y Casarín se fueron a la banca. Los cambios le resultaron al entrenador pues Luévano y López marcaron, pero la repartición de puntos fue poca cosa.
Horacio Casarín, el ídolo.
            El juego diez era otro clásico: Atlante vs España. Se decía que los azulgrana eran el “coco” de los albinegros, y que éstos no perdían de noche, como sería en el partido del 6 de diciembre de 1945. Una vez más los bomberos tuvieron que dispersar al público que no tenía boleto para ingresar al Parque Asturias. Atlante anunció el regreso de Horacio Casarín y el España tendría en el ataque a Isidro Lángara y a Juan Manuel Moreno, que diez días antes llegó de River Plate. Jorge Iraragorri marcó a los 40 minutos de penal; José La Margarita Gutiérrez prendió un balón desde fuera del área y lo incrustó en el ángulo superior para el empate a los 48 minutos. Golazo largamente aplaudido. Pero Lángara hizo dos goles y El Charro Moreno uno más. Claro 4-1 del España sobre su “coco”. La aplanadora morena cayó hasta el séptimo lugar al concluir el primer tercio del campeonato, por lo que el general José Manuel Núñez no esperó más y cambió de técnico. Se fue Julio Biro y tomó su lugar el húngaro Luis Grocz con el que ya había sido campeón en 1940-1941 en la época amateur….(continuará)

Fuentes: La Afición, Esto, El Universal y www.rsssf.com
             



Murió el portero, nació el técnico y surgió el lavolpismo

Por: Víctor Miguel Villanueva @VictorMiguelV L a noticia conmocionó al medio futbolístico: el Oaxtepec IMSS ten...