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DIEZ HISTORIAS ASOMBROSAS DE LOS CRISTEROS

El Padre Lauro López Beltrán (1) escribió en 1987 el libro La Persecución Religiosa en México (2). Se trata de una obra parcial en dos sentidos: uno, la principal, asume el conflicto religioso en México de 1926 a 1929 desde el punto de vista católico; dos, no menos importante, con marcado favoritismo a la forma de pensar y actuar del ala radical del Episcopado Mexicano que fomentó la resistencia armada y se mostró en contra de los Arreglos. Su parcialidad se encuentra en las 600 páginas que conforman su obra. Sin embargo, tiene un valor histórico innegable: las biografías que presenta de algunas de las personas, clérigos y seglares, que perdieron la vida durante la persecución religiosa de aquellos años y que fueron llamados Los Cristeros.

            De ahí tomé diez de las historias que me parecieron más asombrosas, llamativas y hasta inverosímiles de las que platica el Padre Lauro López Beltrán en su libro. El autor apunta que se apoyó en 20 obras que le envió un prelado de origen alemán desde Guadalajara; “más de 80” de un sacerdote graduado en la Facultad de Filosofía de la UNAM y 20 obras más que le facilitó un religioso. Es decir, por lo menos utilizó 120 fuentes para recrear las historias de los Cristeros. Una advertencia más, en particular las resumí aún más antes de presentarlas aquí y, además, evité hasta donde me fue posible los hechos que parecían más producto de una imaginación fanática religiosa, que de un historiador.

1.- El 10 de enero de 1927 un jefe militar de Parras, Coahuila, detuvo a 10 miembros de la Asociación Católica de la Juventud Católica (ACJM). Todos serían pasados por las armas, pero el Coronel decidió que les daría a cada uno el tiro de gracia. Los Cristeros se hincaron y colocaron sus brazos en cruz para recibir a la muerte. Uno de ellos, Isidro Pérez, pidió a Dios volver a ver a sus padres; cuando llegó su turno, instintivamente se llevó las manos a la cabeza. El disparo del Coronel le arrancó un dedo, pero la bala no llegó al cráneo de Isidro Pérez. En su mano llevaba un anillo de oro que fue el causante de que la bala se desviara. El cristero aún así cayó, pero desmayado y con una cruz de oro dibujada en la frente que se formó con el disparo. Al concluir la ejecución un soldado gritó: “ahora sí, que los resucite su Cristo Rey”. Isidro Pérez se puso de pie y dijo “A mi me ha resucitado”. El Coronel sorprendido pidió que lo llevaran a un hospital y le perdonó la vida.

2.- Manuel Reyes fue un general cristero del Ejército Nacional Libertador. Fue fusilado el 20 de agosto de 1927. Reyes fue capturado en Toluca, el Gobierno civil ordenó una ejecución pública, e hizo del acto casi una fiesta. El detenido fue llevado a la plaza España donde había una banda musical que entonaba corridos revolucionarios. Se organizó un desfile que encabezaba el gobernador de Toluca y el general que capturó a Manuel Reyes. El jefe cristero caminaba en medio de sus dos verdugos. Como era cojo, se le dificultaba mucho caminar, por lo que se ordenó a la banda entonar La Cucaracha. Ante el pelotón de fusilamiento Manuel Reyes le entregó a una persona dinero para que le diera cristiana sepultura; se ató un pañuelo en los ojos, tomó su rosario, lo besó y antes de recibir la descarga de balas dijo “Por Cristo he peleado y como cristiano muero”.
3.- José Sánchez del Rió (3) murió el 10 de febrero de 1928 a la edad de 14 años y 11 meses. Era un niño cristero. Desde 1927 quiso sumarse a la lucha hasta que el general Prudencio Mendoza lo aceptó pero sólo como ayudante y cuidador de caballos. En una batalla el 6 de febrero de 1928 en Cotija, Michoacán, fue muerto el caballo del jefe cristero Luis Guizar. José Sánchez le dio el suyo “Mi general, aquí está mi caballo: sálvese usted aunque a mi me maten. Yo no hago falta y usted sí”. El niño cristero fue capturado y llevado con el General Guerrero. Al momento en que iba a ser fusilado se le preguntó si quería unirse al Ejército Federal a lo que José Sánchez contestó “¡Primero muerto! Odio al Gobierno perseguidor. Es mi enemigo. Yo soy su enemigo ¡Fusílenme!”. Pero no lo hicieron, lo mandaron a la prisión de Cotija.

            Al siguiente día fue conducido a la Iglesia Parroquial de Sahuayo que servía de prisión y donde un diputado de nombre Rafael Picazo organizaba peleas de gallos y según testigos también orgías. José  Sánchez durante la noche mató a todos los gallos del diputado y luego se fue a dormir en un rincón. Al descubrir el hecho el niño cristero fue cuestionado sobre el por qué hizo tal cosa y contestó “la casa de Dios es para venir a orar, no para refugio de animales”. Se había ganado la horca. Ese día fue testigo de cómo colgaron a su amigo Lázaro, pero a él aún no le llegaba la hora. El general Guerrero pidió a sus  padres 5 mil pesos para soltarlo, no los juntaron pero ofrecieron su casa, muebles y todo lo que tenían, no hubo trato.
            El 10 de febrero de 1928 a las 11 de la noche fue sacado de su prisión, le desollaron los pies con un cuchillo y así lo hicieron caminar hasta el cementerio donde sería ejecutado. Lo pusieron al pie de su propia tumba, fue acribillado a puñaladas y después recibió el tiro de gracia el niño cristero de 14 años y 11 meses.
4.- Iniciado el conflicto religioso en 1926 en San Juan de los Lagos, Jalisco, se organizó una manifestación para protestar contra el Gobierno de Plutarco Elías Calles. Desfilaron hombres, mujeres, ancianos y niños. Entre estos últimos estaba José Natividad Herrera y Delgado, de sólo siete años de edad. Se colocó en su sombrero uno de los tantos letreros utilizados en la manifestación: ¡Viva Cristo Rey!. Luego del acto de protesta se puse a jugar canicas con otros niños de su edad. Pasó un grupo de soldados y le pidieron que retirara el letrero de su sombrero. Se negó. Su padre llegó al lugar, le pidió a su hijo que obedeciera y se lo quitara. Pero José Natividad contestó que jamás, porque su madre le dijo que no se lo dejara quitar por nadie. Un soldado sacó su arma y lo acribilló ahí mismo.
5.- José Guadalupe Nuño combatió contra el ejército federal desde 1926 en que inició la Cristiada. Luego de varias batallas en que salvó su vida, decidió huir a los Estados Unidos. Sin embargo, soñaba constantemente con el Padre José Isabel Flores que era amigo suyo y en sueños le pedía que regresara al campo de batalla. Así lo hizo. Volvió a Jalisco, su estado natal, participó en varios combates saliendo victorioso. Finalmente fue capturado y horcado. Según “testigos fidedignos” su cuerpo estuvo cuatro días a la intemperie sin corromperse.
6.- Simón Magallanes tenía 18 años cuando fue degollado en Zacatecas por negarse a gritar vivas al presidente de la República. Pertenecía a la A.C.J.M., a la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR) y al Ejército Nacional Libertador. Fue capturado el 9 de junio de 1928 mientras daba sepultura a su compañero de armas. Fue llevado a San Miguel, Zacatecas, donde los militares le pidieron que gritara ¡Viva Calles!. Simón Magallanes se negó y en cambió gritó ¡Viva Cristo Rey! Por lo que comenzaron a cortarle el cuello, cada vez que se negaba a dar el grito que le pedían, le hacían más grande la herida. Nunca lograron que vitoreara el nombre del presidente y hasta que las heridas se lo permitieron vitoreó a Cristo Rey.

7.- Aún no entraba en vigor la Ley Calles ni el Episcopado Mexicano decretaba la suspensión del culto público, cuando José García Farfán (4) perdió la vida por defender sus creencias religiosas ante miembros del Gobierno callista. El 28 de julio de 1928 este comerciante de Puebla fue capturado en su local por el general Juan Gualberto Amaya. Resulta que en su tienda don José García Farfán tenía letreros con las siguientes frases: “¡Viva Cristo Rey! ¡Sólo Dios no muere, ni morirá jamás! ¡Cristo vive, Cristo Reina, Cristo impera”. El general Amaya pidió que retiraran los letreros, el dueño se negó rotundamente, por lo que el militar le disparó al comerciante para asustarlo; comenzó a destruir la tienda y sobretodo los letreros, dicen que sólo quedó uno: “Dios no muere”. José García Farfán fue arrestado. A las afueras de la tienda había ya varias personas dispuestas a defender a su vecino. Una viejecita se atrevió a pedir que no se lo llevaran, por lo que un militar le cruzó la cara con un látigo. Al siguiente día fue puesto frente al pelotón de fusilamiento. El general Amaya le dijo a García Farfán “A ver ahora cómo mueren los católicos”. El tendero estrechó a su pecho el pequeño crucifico de su rosario y gritó ¡Viva Cristo Rey!.
8.- Ante la llegada de las fuerzas del Gobierno a Tancítaro, Michoacán, el señor cura y su familia huyeron de la iglesia y se fueron a refugiar a la casa del señor Miguel Vera. Los militares preguntaron por el sacerdote y no faltó quien les informara. Ingresaron a la casa del señor Vera y lo tomaron preso. Le preguntaron por el prelado pero el detenido no quiso decir nada. Fue sentenciado a la horca. Al día siguiente, 29 de noviembre de 1927, la tropa desfiló con don Miguel Vera al frente y la familia de este al final. En el trayecto se le dijo que confesara dónde estaba el cura y su familia, pero el prisionero alegó que nunca entregaría a un ministro de Jesucristo. Incluso, se le dijo que pensara en su esposa y sus hijos, pero respondió que Dios velaría por ellos. Todavía le dieron dos horas para que “renegara” de su fe y entregara al cura. No lo hizo y fue ahorcado.
9.- No entregar las limosnas le costó la vida a Bibiano Martínez. Al cerrarse los templos en julio de 1926 el de San Miguel de León, Guanajuato, fue encargado a Bibiano Martínez y su esposa. El general Daniel Sánchez tomó el pueblo el 11 de marzo de 1928 y pensó que en la iglesia del pueblo podría obtener dinero, así que mandó capturar al encargado. Bibiano negó tener dinero. Entonces el general Sánchez, que tenía fama de “cavernario, drogadicto y morfinómano” mandó llamar a la esposa de cuidador del templo. Le exigió las limosnas a cambio de la vida de su esposo. La mujer, que estaba embarazada, le entregó primero diez pesos con 85 centavos y después dos pesos. Cuando vieron que no le sacarían más dinero también la encarcelaron. La dejaron salir porque estaba por dar a luz. Mientras tanto el general Daniel Sánchez siguió torturando a Bibiano Martínez para que entregara las limosnas que él guardaba “como fiel custodio de los bienes de la Iglesia”. Le propinaba puntapiés, bofetadas y golpes con “ese instinto de hiena, feroz y cobarde”. El 18 de marzo, siete días después de su arresto, Bibiano Martínez fue informado del nacimiento de su hijo y el día 28 fue fusilado sin entregar las limosnas. Su cuerpo fue arrojado en el camino fuera de San Miguel de León.

10.- El Padre José María Robles (5) fue atrapado la madrugada del 25 de junio de 1927 en una cueva cerca de la Hacienda de Quila, Jalisco. El prelado se escondía en ese lugar desde el inicio del conflicto, estaba a punto de oficiar una misa cuando tropa del coronel Calderón, por ordenes del General Manuel Ávila Camacho, llegó a la caverna. Le arrancaron sus vestiduras y fue maniatado antes de ser conducido a la cárcel donde permaneció casi un día sin comida y agua. Por la noche del 26 de junio fue conducido a la Sierra de Quila. Un montecillo con un árbol sería el lugar donde sería ahorcado y sepultado. Antes el Padre José María Robles bendijo su sepultura, a sus verdugos, a los fieles de su parroquia y a la soga con la que sería ahorcado y que él mismo se colocó en el cuello. Finalmente fue colgado, al morir, lo enterraron. Se dice que en su tumba floreció un lirio en forma de cruz.

NOTAS:
1.- Sacerdote, escritor y periodista. Nació en Malinaltenango, Estado de México, en 1904 y murió en 2001. Se ordenó sacerdote en 1939 en Cuautla, Morelos.
2.- Publicado por  Editorial Tradición en 1987 y 1991.
3.- Fue declarado beato en 2005.
4.- Es considerado el primer mártir de la Guerra Cristera. Murió el 29 de julio de 1926, el día 31 de julio de 1926 entró en vigor la Ley Calles y la jerarquía católica suspendió el culto público. Esto dio inicio al conflicto religioso denominado Guerra Cristera.

5.- Fue canonizado por Juan Pablo II en mayo de 2000.

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