martes, 28 de julio de 2015

La noche negra del Atlante



El gol los había abandonado; las crónicas periodísticas relataban que jugaban bien, pero no anotaban. Por ende, las victorias eran escazas, casi nulas. La suerte ni hablar, también los había abandonado. Incluso, el general José Manuel Núñez ya no iba a su palco en el Estadio Azteca. En pocas palabras, el Atlante sólo contaba con su afición la noche del 29 de julio de 1976. Esto último resultó poco: perdió por primera vez en su historia la categoría; descendió a Segunda División aquella noche de hace 39 años, cuando en las gradas se escuchó un lastimoso “les guste o no les guste” y en los vestidores se vieron lágrimas.
            Pero ¿cómo se llegó a esa noche triste, a esa noche negra para el atlantismo? Fue un cúmulo de sucesos extraordinarios, entre los que destacan, por supuesto, la mala dirección de la directiva encabezada por Fernando González, Fernandón, y una dirección técnica infame que no supo mantener una ventaja de 5 puntos a 8 juegos del final y la impotencia de un equipo por hacer goles. Todo esto mezclado con amenazas de desafiliación por deudas de parte de la Federación Mexicana de Futbol, el rumor de un complot de parte de Televisa para descender al Atlante y una supuesta compra del equipo por la porra y exjugadores. En fin, una auténtica tragicomedia.
Lágrimas de impotencia.
            En los últimos ocho juegos de la temporada 1975-1976 el último lugar era el Atlético Potosino con 19 puntos y el Atlante tenía 24 unidades; si entre el último y el penúltimo había tres o menos puntos de diferencia habría una Liguilla por el no descenso a dos juegos. Los Potros, en ese momento, no eran penúltimos, sino el Puebla con sólo 23 puntos. El Atlante perdió en la jornada 31 con Atlas. En la siguiente venció a Tecos con gol de Gustavo Beltrán y no volvería a ganar en esa temporada. El equipo de San Luis también ganó ese fin de semana. En la 33 ambos equipos perdieron. Faltaban 5 juegos y la ventaja azulgrana seguía siendo de cinco. En las fechas 34 y 35 sucedió lo mismo. Sólo restaban 3 juegos.
            Es en la jornada 36 cuando la lumbre le llega al Atlante. Fueron goleados 3-0 por el Atlético Español en un juego en que el diario Esto afirma que los Potros jugaron mejor y donde al final el técnico Carlos Iturralde dijo: “No le anotamos a nadie”. Mientras tanto Puebla ganó y superó a los azulgranas y el Atlético Potosino empató para acercarse a 4 puntos faltando dos juegos. En la penúltima jornada el destino alcanzó a los Potros: Los Cachorros golearon en el Agustín Coruco Díaz al Zacatepec por 4 a 1, mientras que el Atlante caía en el Azteca 1-0 con la Unión de Curtidores. De tal forma que la única salida era: una victoria obligada en Veracruz y que el Potosino perdiera en el Plan de San Luis ante Tigres. De otra forma habría Liguilla por el no descenso pues la diferencia entre uno y otro era de sólo dos puntos.
            El 13 de julio de 1976 los periódicos publicaban que el Atlante ni siquiera jugaría por mantener la categoría, pues tenía una deuda con la Femexfut y el reglamento impedía a los equipos deudores jugar cualquier tipo de liguilla. La Afición informó que el Atlante debía medio millón de pesos. Explicó que cada equipo aporta  6 mil pesos cada mes a la Primera División y 15 mil al Consejo Nacional y que, en efecto, el equipo podría no jugar para salvar su condición de equipo de máximo circuito.
Fernandón, el José Antonio García de aquella época.
Un día después, el Esto aseguraba que Televisa y Fernandón habían llegado a un acuerdo para tener equipo de Segunda División en el Estadio Azteca y que fuera transmitido los viernes por la noche; de tal forma que Cruz Azul jugaría en el horario del Atlante. Por su parte, la directiva ofreció “prima doble” si vencían al Veracruz, la cantidad era de 2 mil 600 pesos por jugador. En tanto, la porra hacía lo suyo: invadieron la cancha del Deportivo Reynosa y le otorgaron “un amuleto de la buena suerte” al portero Armando Franco que atajaría en el Luis Pirata Fuente. Pero además exigía la destitución del técnico Carlos Iturralde.
La versión de un supuesto complot contra el Atlante, también apareció en las páginas del diario Estadio. En su versión del 15 de julio y en una nota sin firma, aseguran que el Atlante es parte de una “maquinaria” en la cual le “conviene” descender, luego explican el por qué: “Un Atlante poderoso, con trayectoria brillante e imagen propia resultaría rival para el América. Resulta preferible la posibilidad de un descenso a 2ª División a que ataque al líder dentro de la propia organización”. La misma fuente entrevistó a los líderes de la porra del Atlante y afirmaron que Pepsi Cola y Herdez pagarían “lo que sea” por los Potros. Se afirma que entre porra y exatlantistas llegaron a juntar 10 millones de pesos, pero que Fernandón pidió 25 para “venderles” al equipo.
Mientras tanto, hubo glorias atlantistas que levantaron la voz. Uno de ellos fue Manuel Viejo Artero, masajista catalán con 30 años en el equipo dijo: “Andamos naufragando, jamás habíamos estado tan mal”. El periódico Estadio entrevistó a Benjamín Alonso, lateral campeón en 1940-1941, que añoró los “increíbles tiempos en que el equipo arrasaba a las multitudes”, luego señaló al culpable de la situación del Atlante “se debe a la directiva”. También habló el grandísimo Roberto Scarone, campeón en 1947 y símbolo indiscutible de la historia azulgrana, el uruguayo afirmó: “Si llegamos a caer en la Liguilla sabrán levantarse (los jugadores) y salir adelante. Pocas personas como las que visten la camiseta del Atlante saben del cariño tan grande que se le puede tener a un equipo”.
Orlando Medina, cuando el Atlante tenía extranjeros
que se partían el alma en la cancha.
El 17 de julio se reunieron Agustín Pérez, el Compadre; Manuel Rosas, el Chaquetas; Rafael Guirán, el Apipizca, y el inmenso Felipe Rosas, el Diente. Todos coincidieron en algo: “Nos duele hasta el alma que el nombre del Atlante esté tan abajo”. También hicieron una declaración que es válida en la actualidad: “El Atlante es un equipo que no tiene jugadores buenos, porque todos los vende, los compra en un precio y los vende a uno mucho más elevado”. Una de esas leyendas aseguró que “una de las copas que ganamos, partiéndonos el alma en la cancha, sirve de cenicero para ese que se dice dueño del Atlante”. Y concluyeron opinando sobre la supuesta venta que se manejaba “el equipo es del pueblo hasta que nosotros vivamos”.
            Finalmente, en la jornada 38, el Atlante no pasó de un empate a 1 con los Tiburones Rojos. El internacional peruano Juan Carlos Oblitas de tiro libre venció a Franco a quien, al parecer, no le funcionó el amuleto. El empate vino a cargo de Enrique Zamora con un penal y luego Rafael Romero Reyes estrelló un balón en el travesaño del Veracruz. El Potosino no pudo jugar porque una lluvia inundó el Plan de San Luis, dos días después ganó a los Tigres con gol de Alberto Guerra. Así, los Cachorros sumaron 26 puntos por 27 del Atlante: habría liguilla.
Armando Franco, no le sirvió el amuleto.
            En un hecho insólito la directiva designó a Dagoberto Moll, quien en esa temporada fue técnico del Atlético Español, como asesor de Carlos Iturralde. Fue el día 21 de julio y el exentrenador burel dijo: “Sólo falta algo de armonía y afinar detalles”; una fase clásica y vacía de la época y absolutamente alejada de la realidad que de nada le serviría al Atlante.
            El domingo 25 de julio, El estadio Plan de San Luis no se llenó para el juego de ida por el no descenso. Según Carlos Trápaga de Esto, el equipo local “jugó mal, ganó; Atlante jugó bien, perdió”. Mientras que La Afición consignó que se trató de un juego rudo y con agresiones que el árbitro Mario Rubio dejó pasar. Hugo Coscia hizo el 1-0 al minuto 9 del juego con un tiro libre donde el arquero argentino Rubén Sánchez no llegó; Jorge Davino –padre de Flavio y Duilio– aumentó la ventaja potosina a los 36 luego de entrar al área, en aparente fuera de lugar, rematar contra el cuerpo del arquero azulgrana y en el contrarremate anotar. Sin embargo, tres minutos después el lateral Zárate desbordó por derecha, centró al área y Romero de cabeza puso el 2-1. No hubo más goles, porque el Atlante siguió fallando: Gustavo Beltrán estrelló un balón en el poste “con la desesperación dibujada en el rostro”. Gerardo Lugo haría lo propio al minuto 85 del juego. En otro momento, el joven Gabino Pedroza quedó sólo en el área a pase de Crescencio Sánchez pero se tardó en rematar y el portero Palacios lo despojó del balón, de hecho, el arquero potosino “se rifó el organismo hasta en cinco ocasiones”. Moll dijo en el vestidor “los muchachos lucharon para no perder”, mientras que Iturralde vivía en otro mundo: “ni siquiera nos trajeron refrescos para los jugadores”, se quejó del trato recibido en la casa del rival con quien luchaba para no descender a la Segunda División.
            Dos días después, el 27 de julio, los periódicos publicaron que en caso de descender el “Atlante no jugaría en el estadio Azteca”, debido a que los dueños de los palcos del inmueble les habían garantizado cuando compraron sus lugares tener futbol de Primera División. Mientras tanto, el capitán Gustavo Beltrán aseguraba “aquí los acabaremos” en relación con el juego de vuelta; Romero Reyes pensaba lo mismo “aquí no se nos escapan”; Zárate igual de optimista “aquí les ganamos y no hay duda de que seguiremos en Primera”; finalmente, Rolando Mejía afirmó “hay que salvar una tradición”. Cabe mencionar que el equipo para los duelos del descenso se concentró en Toluca, que supuestamente entrenaría en La Bombonera, la cual se les negó hasta en dos ocasiones debido a que entrenaba el equipo local y los Potros tuvieron que improvisar sus entrenamientos en un campo aledaño y hasta en el campo de una empresa de autos.
El siempre amado por la afición:
 Gerardo Lugo Gómez.
            Llegó finalmente el 29 de julio de 1976. Atlante debía ganar el juego para forzar uno más o ganar por más de dos goles para salvar la categoría. 50 mil personas llegaron a las gradas del Azteca. Los once azulgrana elegidos para salvar al equipo fueron: Rubén Sánchez; Arturo Zárate, Rolando Mejía, Rafael Romero Reyes e Ignacio Bambi Negrete; Rubén Techera, Orlando Medina y Gustavo Beltrán; Alberto Romero, Gerardo Lugo y Enrique Zamora. No iban ni cinco minutos cuando el capitán Beltrán falló la primera oportunidad. A los 10 minutos Gerardo Lugo mandó un centro, Gustavo Beltrán remata de cabeza, pero el Tarzán Palacios desvía iniciando una noche inolvidable para él. Terminó el primer tiempo. El palco del general Núñez estaba cerrado. La prensa deportiva había intentado días antes conocer su opinión, pero la esposa había dicho que el general estaba “muy enfermo” y que tenía tiempo de no ir al estadio. Dato que confirmó un empleado de los palcos del Estadio Azteca. En la segunda parte, con 45 minutos por delante, el Atlante mostró su incapacidad ante el arco rival como lo hizo toda la temporada y el gol no cayó. Pedroza y Rubén Romero tuvieron la oportunidad, él primero cruzó demasiado su disparo y el segundo intentó de larga distancia pero el portero Palacios evitó el gol. Al cumplirse el tiempo, el árbitro Alfonso González Archundia silbó el final.
Atlante había descendido. Gustavo Beltrán, Crescencio Sánchez y Gerardo Lugo “se soltaron a llorar como chiquillos”. La porra corrió a despedir a los jugadores que bajaban al vestidor atrás de la portería norte con el clásico “les guste o no les guste”, con sollozos y con nudos en la garganta. Dagoberto Moll dijo “sólo Dios sabe el por qué de todo esto”.
Dieciséis días después enfrentaban al Cuautla en su primer juego en la Segunda División.

Fuentes:
Periódicos: Esto, La Afición y Estadio de julio de 1976.
Aclaración:
Las imágenes NO necesariamente corresponden a los hechos aquí narrados.

             

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