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Horacio Casarín: del Necaxa al Atlante y a la inmortalidad

Por: Víctor Miguel Villanueva
@VictorMiguelV


En la temporada 1941-1942 el Atlante era el campeón del futbol mexicano. La prensa lo consideraba el mejor equipo de la Liga Mayor y lo apodaban trabuco. Pero le faltaba la estrella del torneo; el futbolista que se había ganado la admiración de todos, el hombre gol de la Liga y llamado a ser el primer gran ídolo de nuestro futbol. Se trataba de Horacio Casarín, pero había un problema: el Chamaco era el centro delantero del acérrimo rival, del Necaxa. Pero como en esos tiempos, ya bastante lejanos, el Atlante era el todo poderoso y se propuso convertir al electricista en azulgrana. Lo iba a conseguir al final de la campaña.
            En efecto, el Atlante salió a defender su campeonato en esa temporada 1941-1942. Fue una lucha sin cuartel contra el España y el Moctezuma de Orizaba, que se decidió hasta las últimas jornadas. Los Prietitos cerraron su participación el 9 de abril de 1942 en el Parque Asturias enfrentando al colero general América. Los azulgrana debían vencer para asegurar el primer puesto, lo cual obligaría al España a ganar también el último juego y a los Cerveceros los dos últimos. Atlante no tuvo piedad de su rival y lo derrotó 6-2; el campeón tenía 18 puntos y esperaba resultados. Paradójicamente, el 26 de abril en Orizaba, el Necaxa rescató un empate a tres goles y con eso el Moctezuma quedó fuera. Mientras que el España vencía 2-0 al Asturias y habría definición por el título.
El primer gran ídolo del futbol mexicano.
            El equipo azulgrana terminó con 8 victorias, una más que los albinegros; pero, el España perdió únicamente 3 juegos y el Atlante cuatro. En cuanto a goles los Prietitos tenía 44 a favor por 36 en contra, su rival 38-26. El 4 de mayo de 1942 se anunció el juego final. Se decidió que se jugara en el Parque Asturias y no en el Necaxa por el aforo. En la campaña regular el Atlante goleo 6-2 al España en la primera vuelta y en la segunda empataron a dos goles; quizá por eso La Afición se aventuró a cabecear el domingo 10 de mayo de 1942: “El Atlante conservará hoy el cetro del futbol”.
            El partido, ante 25 mil almas, fue apoteósico, de epopeya, digno de Homero (1). Que el Atlante perdió por 5 goles a 4. Luego de no alcanzar el bicampeonato, el equipo azulgrana anunció su segunda gira consecutiva de final de temporada a Estados Unidos. Del otro lado del Río Bravo se sabía de la calidad de su futbol y deseaban presentarlo en seis compromisos ante lo más selecto del futbol estadounidense. Así, el 16 de mayo se publicó en la prensa nacional la lista de viajeros. En ella estaba incluido Horacio Casarín. Nadie reparó en el hecho y esto no levantó sospechas o suspicacias, para un cronista de Excélsior el delantero del Necaxa se había ido de “turista a Nueva York con el Atlante”.
            De hecho, Casarín debutó como azulgrana en la gira, durante el primer juego en Nueva York (2). Fue el 24 de mayo de 1942 en el Estadio Triboro de la Isla de Randall, ante 10 mil personas. Atlante empató a tres goles con la Selección de la Liga Americana y el exnecaxista jugó los 90 minutos. Su primer gol como atlantista fue en el segundo juego ante Baltimore, Casarín marcó el empate a un gol al minuto 25 del primer tiempo; luego el Atlante ganaría 6-3 el partido, ante 12 mil aficionados. La alarma se produjo el 31 de mayo en Filadelfia cuando a los 10 minutos del juego se lesionó el tobillo derecho y tuvo que abandonar el juego. No volvería a participar más en la gira por la Unión Americana.
            Mientras tanto, en México se había puesto en marcha el torneo de Copa 1942. En vísperas del debut copero del Necaxa ante el Jalisco, el entrenador y manager de los Electricistas, el entrenador Ernesto Pauler escribió un comentario en La Afición para explicar que a su equipo no le afectaría la salida de Horacio Casarín, confirmando así la transferencia del goleador al Atlante. El exportero austriaco dijo que el goleador “fue hecho en el regazo del club”, pero aseguró que su equipo no sufriría la ausencia del Chamaco: “el Necaxa no es un equipo que dependa de las individualidades, sino de su conjunto”. Pauler finalizó justificando la salida de Casarín: “nos hemos preocupado siempre porque surjan jugadores y con ello, a mi entender, hacemos una labor deportiva de gran satisfacción y enorme provecho”. Necaxa goleo 5-2 al Jalisco y “nadie suspiró por Casarín”.
De azulgrana subió a los altares de la idolatría popular.
            El martes 16 de junio por fin regresó el Atlante a México. Tenía programado el domingo siguiente su debut en la Copa contra el América, pero se decidió posponer el partido para que los jugadores azulgrana estuvieran bien físicamente. Lo cual no fue bien visto por algunos medios que criticaron las preferencias con el Atlante y denunciaron que el equipo completo estuvo en las tribunas viendo el España vs Moctezuma.
            Atlante oficializó ante la Federación Mexicana de Futbol la adquisición de Horacio Casarín el 24 de junio de 1942. No hubo más detalles periodísticos, simplemente que acudieron con la carta de retiro del Necaxa y lo registraron. También se confirmó que no había más lesión y que debutaría el domingo en el Asturias contra el América. La prensa no tuvo empacho en resaltar lo que significaba el pase de Casarín de los Electricistas a los Prietitos. Por ejemplo, Antonio Andere escribió: “Con la inclusión de Horacio Casarín en su seno, el Atlante y, en forma muy especial su delantera, adquiere un poderío extraordinario y el equipo azulgrana que ya gozaba de fama de trabuco, ahora merece llevar ese nombre con más razón”. Luego, el redactor de La Afición le preguntaba a sus lectores “¿imagina usted a Horacio Casarín rematando los centros tempraditos, ideales, de Valtonrá, o los también inmejorables de Julio Munlloch?”, después agregaba que la delantera del Atlante sería “un manantial de peligro para los porteros enemigos”. Finalmente, aseguró sin cortapisas que la ofensiva azulgrana con Alberto Caballo Mendoza, Leonardo Chanclas Zumbido, Horacio Casarín, Julio Munlloch y Martín El Maestro Valtonrá; con los suplentes José Antonio Huitt y Gabriel La Nacha Olivares, hacían “la mejor delantera que hay actualmente en México. Con esa delantera no se puede tener miedo ni al diablo”. Manuel Sayde en Excélsior dijo “de ahora en adelante el poder ofensivo del Atlante será un ángulo formado por Valtonrá, Casarín y Munlloch, cuyo vértice será el centro delantero exeléctrico, que resulta terriblemente peligroso”.
            Finalmente, llegó el domingo 28 de junio. Las tribunas en el Parque Necaxa estaban repletas. La afición del Atlante sólo tuvo que esperar 15 minutos para ser testigo del nacimiento de una de las parejas más sensacionales en la historia particular del equipo azulgrana: Valtonrá-Casarín. Sí, Antonio Andere acertó: centro del Maestro y gol de Casarín. Un leitmotiv desde ese 1942 y hasta la inmortalidad. Así fue el primero de los cientos de goles que saldrían de la formula Valtonrá-Casarín: El Maestro desbordó por derecha, burló a Goyo Morales, enseguida se deshizo de Evaristo; mandó un centro medido, “matemático”, a unos centímetros sobre el césped; Casarín “sobre la carrera logró un cañonazo a placer, fusilando al guardameta”. Gol. Gol del Atlante. Gol de Horacio Casarín a pase de Martín Valtonrá. Sí, había nacido una de las parejas más explosivas de la historia del futbol mexicano. Era azulgrana y fue adorada por todos quienes tuvieron la fortuna de verlos. Incluso, hasta hicieron una película juntos.
            Aquel juego lo ganó el Atlante. Se puso tres a cero en ventaja con goles de Casarín, Munlloch y Valtonrá; luego el América empató a tres goles con anotaciones de Vial, Matamoros y Proal. A los 64 minutos Horacio Casarín volvió a sacudir la red con un tiro “fuerte y colocado” al resolver una melé en el área del América que esa mañana jugó de azul. El quinto y último gol azulgrana lo convirtió el tico de origen alemán Huitt. Las gradas de sol despidieron al Atlante y a su nuevo centro delantero con ovación de pie; sin embargo, el reportero de El Universal, que firmó la crónica con el seudónimo de El Guardameta, escribió “Por el Atlante lo único –bueno– fue el debut de Casarín, que ayer no estuvo en uno de sus días afortunados, aunque anotó dos (SIC)”. Seguramente esperaba que Horacio marcara los cinco, tuvo que esperar hasta el 11 de abril de 1944 en que Atlante goleó 5-0 al América y todos fueron del Hijo de don Venancio.
El Maestro, socio ideal de Casarín. 
            En fin, el domingo 28 de junio de 1942 se inscribió en los anales de la historia del futbol nacional porque ese día se conformó una dupla formidable, eterna, mágica y goleadora como pocas, la de Martín Valtonrá y Horacio Casarín. Igualmente, ese día el centro delantero del Atlante, ex del Necaxa, comenzó un viaje definitivo y para siempre a la idolatría. El primer gran ídolo que conoció y de quien tiene memoria el futbol mexicano nació aquel día, estaba vestido de azulgrana y fue, definitivamente, la afición atlantista quien lo encumbró. El mejor futbolista del país jugaba en el mejor equipo de la Liga.
NOTAS:
(1)  Es tema de una futura entrada.
(2)  En otra entrada se detallará ésta y la gira anterior por Estados Unidos.
Las fotografías NO corresponden necesariamente a los hechos aquí narrados. Cumplen la función de ilustrar el texto.

FUENTES:

La Afición, El Universal y Excélsior.

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