sábado, 6 de mayo de 2017

El “inexplicable” adiós de Cabinho en el Atlante.



Por: Víctor Miguel Villanueva
@VictorMiguelV

El martes 7 de diciembre de 1982, desde un estudio de televisión, en un programa a nivel nacional, Cabinho, siete veces campeón de goleo de forma consecutiva, anunció que se retiraba del futbol. Evanivaldo Castro dijo que su último juego sería el siguiente viernes en que el Atlante, su equipo los últimos tres torneos, recibiera al Puebla en el Estadio Azteca. El anuncio súbito de su retiro dejó pasmada a la afición, no sólo a la atlantista; la prensa deportiva escrita, en la mayoría de los casos, no supo descifrar qué había atrás de la repentina decisión de Cabinho. El fin del sexenio de José López Portillo y el inicio del de Miguel De la Madrid Hurtado fue fundamental, quizá la verdadera razón, de que el multicampeón de goleo decidiera su adiós del futbol.
La noticia conmocionó a todo el futbol mexicano.
Diario Estadio
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México.
            El poderoso Atlante IMSS en ese 1982 había perdido la final del campeonato en penales ante Tigres de la UANL. Así que la campaña 1982-1983 significaba la revancha para el cuadro azulgrana que se había desprendido de su portero Ricardo Antonio La Volpe, pero a cambio había contratado al mundialista polaco Gregorz Lato (1). Los Potros de Hierro había comenzado bien: segundos de la tabla general y Cabinho peleando por su octava corona individual de goleo; de hecho, el brasileño había declarado el último día de noviembre de 1982 al Heraldo de México “lo que deseo ahora es que todas las oportunidades de gol se cumplan en la red. Quiero otra corona de goleo, pero más ser campeón con el Atlante”.
            Sin embargo, el cambio de sexenio significaba un problema para el Atlante. El Instituto Mexicano del Seguro Social, en 1979, había adquirido a los Potros de Hierro (2). El licenciado Arsenio Farell Cubillas, director del IMSS, debía entregar el puesto a la nueva administración. El lopezportillismo había alcanzado límites insospechados e inimaginables de corrupción, comenzando por el Presidente de la República. Y, sin duda, que una institución dedicada a brindar seguridad social y médica a los trabajadores, adquiriera un equipo de futbol profesional con recursos públicos, era otra muestra de la perversión extralimitada del gobierno de López Portillo.
            Para nadie era un secreto que el mejor pagado del equipo azulgrana y además en dólares era Cabinho. Desde su candidatura Miguel De la Madrid Hurtado había hablado de Renovación Moral de la sociedad comenzando con el gobierno. Así como de un programa de austeridad al máximo ante una de las crisis económicas más grandes de las que tenga memoria la historia de México. El IMSS no se desprendió inmediatamente del Atlante pero seguramente advirtió que era imposible sostener por mucho tiempo los egresos que significaban para la institución mantener un equipo de futbol profesional y el sueldo de sus figuras. Es probable que la primera medida adoptada contra los ex Prietitos fuera reducir el sueldo de Cabinho o, por lo menos, no pagárselo en moneda estadounidense.
Toda la semana se especuló su adiós.
Diario Estadio
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México.
            En el seno del conjunto azulgrana había un desacuerdo entre el técnico Horacio Casarín y Cabinho. Era un duelo de egos: la máxima figura del Atlante en los años cuarenta y el máximo referente de la actualidad; ambos goleadores, ambos ídolos. En la final que se perdió con Tigres, Casarín había decidido que el Cabo cobrara el último penal, pero como fallaron Eduardo Moses, Sergio Lira y Rubén Ayala, el ariete brasileño ya no cobró. Ahora, el siete veces campeón de goleo había permanecido en la banca algunos juegos. Lo que le hizo declarar: “Yo me siento con fuerzas, con fortaleza en las piernas para seguir siendo titular, cuando sienta que no lo estoy, sé que me iré a la banca. Cabinho no es jugador para la banca y por eso no se retira”. Increíblemente, seis días después declaró todo lo contrario: estaba lesionado y se retiraba.
            El 3 de diciembre de 1982, en León el conjunto esmeralda recibió al Atlante IMSS. Los Potros se impusieron 2-0 con goles de sus bien amados José Luis González, Calaca II, y Alejandro Bonavena Ramírez. El Cabo jugó los 90 minutos sin problema alguno. Sin embargo, el siguiente lunes, 6 de diciembre, en el entrenamiento del Atlante en el Desierto de los Leones un rumor dominó la práctica azulgrana: Cabinho se iba a retirar del futbol. Pero él negó la versión: “Yo voy a seguir jugando, tengo un compromiso con mi directiva, aunque se haya ido el licenciado Farell, tenemos la seguridad de que ahora sí llegaremos al título. Ese es uno de mis grandes deseos”. Todo indicaba que no pasaría nada. Empero, la bomba estallaría al otro día en televisión.
            En el aquel torneo de Liga de 1982-1983 existía un concurso llamado Estrellas del Azteca, el cual premiaba cada mes al mejor técnico, portero, defensa, jugador y goleador de los equipos que jugaban de local en el estadio de Santa Úrsula. La premiación, placa y cantidad de dinero –en el caso de los goleadores era de 5 mil pesos por gol– en bonos del Ahorro Nacional, se realizaba en el programa televisivo Hoy Mismo del periodista Guillermo Ochoa y con la conducción de la sección deportiva de Juan Dosal. El martes 6 de diciembre en el estudio estaban Horacio Casarín, Jorge Rubí Valencia, Mario Hernández, Lato y Cabinho, todos integrantes del Atlante por lo realizado en el mes de noviembre. El conductor de deportes se acercó a Cabinho y le pidió una respuesta en torno a los rumores de su retiro. Ahí goleador brasileño dijo que efectivamente se iba del futbol: “Tengo molestias en las piernas, creo que debo parar”.
El ingreso al Azteca por última vez como azulgrana.
El Heraldo de México
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Universidad Nacional Autónoma de México
            El miércoles 8 de diciembre el retiro de Cabinho era portada de todos los diarios deportivos. El Atlante entrenó ese día en sus instalaciones de la Unidad Cuauhtémoc del IMSS en Naucalpan; Evanivaldo Castro ingresó al campo en ropa deportiva gris, con un short azul marino sobre el pantalón, con una casaca roja con la leyenda “Potros IMSS”; al enfrentar a los medios declaró que le dolían las rodillas, las ingles y los glúteos. Horacio Casarín dijo que esa decisión, la del retiro, era de la directiva. Rafael Lebrija, presidente deportivo del equipo, afirmó que el siguiente martes el licenciado Ricardo García Sainz, nuevo director del Seguro Social, hablaría con Cabinho. Ese mismo día García Sainz asumió su cargo en el IMSS.
            El jueves 9 de diciembre Cabinho entrenó normalmente con el Atlante. El doctor Miguel Ángel Meillone declaró a La Afición sobre las lesiones que argumentaba el jugador: “Cabinho nunca simuló una lesión. Nunca eludió nada, cumplió en todo, trabajó más que cualquiera. Por eso le creo”. Luego agregó: “Lo malo en esto es que no se ha inventado el dolómetro, o como se llame el instrumento que mide el dolor: Cabinho no tiene por qué inventar nada”. El jugador seguía insistiendo que no soportaba más los dolores de glúteos y en las ingles.
            A lo más que llegaron los medios impresos fue a insinuar levemente que las razones del retiro de Evanivaldo Castro se debían a cuestiones económicas. Por ejemplo, el reportero del Diario Estadio le preguntó a Rafael Lebrija si el problema era económico, a lo que el presidente deportivo contestó: “En ningún momento me habló de dinero; en teoría debería devolver lo que resta de esta temporada, pero el Atlante estima que no es necesario”. En la crónica del último entrenamiento en la misma fuente se lee “no le van a pagar en dólares. Entrenó como si nada”, queriendo explicar el porqué del retiro, pero no abunda más en el tema. Columnistas de esa época tampoco abordan el tema económico o el cambio de moneda del pago al goleador. Carlos Albert afirmó que se debía a la salida de Farell Cubillas del IMSS quién le daba toda clase de privilegios a Cabinho. “Resulta muy sospechoso que le empiecen a doler los músculos cuando llega el relevo del Lic. Farell al frente del Seguro Social. Mientras que José Manuel Flores en su columna Al Larguero en Ovaciones sostuvo que el adiós de Cabinho se debía a “su apego a la moral religiosa, quiere estar más tiempo con su familia” y, además, a la delincuencia que había en el país “le da prioridad a la seguridad”. El jugador jamás habló de cuestiones religiosas o de inseguridad, pero sí dijo que Arsenio Farell Cubillas “fue muy especial para mí, fue como mi padre”. Además reveló en La Afición “No es un capricho (la lesión). Desde hace tres años he jugado con lesiones y dolores. Se lo comuniqué al señor Farell (el retiro), hace 15 días se lo volví a comentar, pero como el cambio estaba cerca (de sexenio) no se pudo arreglar nada”.
El gol 284 en México y 102 con Atlante.
El Heraldo de México.
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México.
            Así, el viernes 10 de diciembre de 1982 Cabinho jugó, supuestamente, su “último” partido como futbolista profesional, pues dos años después regresó a jugar con León y ganaría su octava corona de goleo, para finalmente retirarse, ahora sí, vistiendo la camiseta de los Tigres de la Autónoma de Nuevo León. Pero, regresando a aquella noche del diciembre de 1982, el reportero Raúl Sarmiento le hizo un seguimiento especial al Cabo y cuenta: llegó el Atlante a las 19:40 al Estadio Azteca, Cabinho fue el séptimo jugador del Atlante en descender del autobús. De ahí se encaminó al altar del estadio a rezar, portaba “un pantalón de mezclilla, camisa y chamarra deportiva”. A los reporteros gráficos no los dejaron ingresar esa noche al vestidor, pese a que en esa época era habitual. Desde una ventana, el cronista de El Heraldo de México afirma que el Cabo se vistió de la siguiente manera: primero la camiseta, luego el short, las vendas, las medias y al final los zapatos; calentó con todo el equipo en el vestidor y fue masajeado por Pablo Estrella.
            Evanivaldo Castro Cabinho fue el primero en ingresar al campo ante la mirada de casi 15 mil atlantistas en el estadio Azteca, llevaba dos balones, uno lo regaló al público. Horacio Casarín alineó esa noche a los siguientes jugadores: Jorge Rubí Valencia; Miguel Ángel Pueblita Fuentes, Eduardo Rergis, Alejandro Bonavena Ramírez y Daniel Gigio Montes de Oca; Arturo Gonini Vázquez Ayala, José Luis González Calaca II y Mario Hernández; Eduardo Moses, Cabinho y Gregorz Lato. El árbitro fue Jorge Alberto Narváez. El rival era el Puebla, dirigido por Manuel Lapuente. Se trataba de la jornada 16 de la temporada 1982-1983 donde el Atlante era segudo lugar general con 23 puntos, tres menos que América. Desde luego, era líder de su grupo sobre Potosino (16), Atlas (14), Monterrey (12) y Necaxa (11). El líder de goleo individual era el argentino Alberto Mario Jorge del Oaxtepec con 16 tantos, luego Cabinho con 10 y Muricy Ramalho de Puebla también con 10. La ofensiva azulgrana era la segunda de la Liga con 29 goles anotados, dos menos que la de los Halcones.
Sonaron Las Golondrinas y el Cabo lloró.
El Heraldo de México
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México.
            A los 44 minutos del primer tiempo, el máximo goleador de la copa del Mundo de 1974, Gregorz Lato, realizó un disparo de larga distancia para poner el 1-0 en favor del Atlante. En la segunda parte, Rubén Ratón Ayala, quien ingresó de cambio, filtró un pase a Cabinho a la altura de la media luna del área poblana; el Cabo soltó todo el poder de su pierna derecha, su disparo paró irremediablemente hasta la red de Moisés Camacho. ¡Gol! ¡Gol! de Cabinho, el 284 en México. Su eterna sonrisa surgió en su rostro; Calaca, Rergis, Vázquez Ayala fueron los primeros en llegar a felicitarlo, el portero Valencia también acudió al abrazo. Melquiades Sánchez Orozco en el sonido local del Estadio Azteca repetía la frase tantas veces dicha: Gol anotado por Cabinho, número nueve del equipo Atlante. La porra del Atlante brincaba de júbilo y no cesaba de vitorear a su goleador.  A los 82 minutos, Ratón Ayala hizo el 3-0 luego de un pase de Calaca y pantalla del Cabo. Finalmente, Antonio de la Torre hizo el único gol del visitante. Cuando Narváez silbó el final, Las Golondrinas sonaron en el Azteca y Cabinho corrió al vestidor visiblemente conmovido, seguramente con lágrimas.
            El 14 de diciembre de 1982, Rafael Lebrija acudió a la Unidad Cuauhtémoc, ahí reconoció que tuvo una plática larga con Cabinho y aseguró: “Usé todos los recursos y argumentos posibles para convencerlo, pero reiteró su firme propósito de dejar el futbol, argumentando que no se sentía bien y se quejó de los intensos dolores que sentía después de los juegos”. Luego aseguró que “nunca me habló de dinero”.
            Un día después Evanivaldo Castro acudió a retirar sus objetos personales. Iba vestido de pantalón de vestir negro, camisa blanca y corbata. Se despidió de todos sus compañeros y de Horacio Casarín, los reporteros gráficos inmortalizaron el momento con una fotografía y a la prensa les repitió lo mismo: “Me duelen mucho los glúteos, las dos ingles y las rodillas”.
            Así, la máxima figura del Atlante IMSS decía adiós. Justo en el momento en que la opulencia de los Potros de Hierro estaba amenazada. Cabinho se fue por las modificaciones que sufriría su contrato a partir de la nueva administración del Seguro Social. Fue un acuerdo mutuo, pues no devolvió el dinero por su contrato, que tenía vigencia hasta el final de la temporada 1983-1984. El IMSS prefirió dar por terminada la relación y el contrato, a seguirle pagando.
Su despedida en la Unidad Cuauhtémoc.
Diario Estadio
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Universidad Nacional Autónoma de México.
            De esta forma se cerró un ciclo maravilloso e inolvidable en la historia del Atlante. Pues en cada atlantista que supo, gritó y festejó las 102 anotaciones de Cabinho como azulgrana, sabe que nadie como Evanivaldo Castro para marcar un gol; nadie con esa precisión, con esa potencia, con esa oportunidad, con esa manera tan natural de llevar el esférico a la red enemiga. Tan lo saben que, incluso, le perdonan, le perdonamos, que se haya marchado por dinero. Pues es el Cabo, quien con sus goles llevó al Atlante a alturas insospechadas por su afición en los tres años que fue Potro de Hierro.

NOTAS:
(1)  La historia de cómo llegó Gregorz Lato al Atlante está en este mismo blog.
(2)  La historia de cómo se realizó la adquisición de Atlante por el IMSS se encuentra en este mismo blog.

FUENTES:
Estadio, El Heraldo de México, Ovaciones y La Afición.

ACLARACIÓN: Las fotografías son propiedad de la Hemeroteca Nacional de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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