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Juan Carreño provoca El motín de la Verónica



Por: Víctor Miguel Villanueva
@VictorMiguelV

El Atlante había iniciado su historia en el máximo circuito del futbol mexicano en 1927, desde entonces se convirtió en uno de los equipos más queridos, más seguidos y protagonistas de la Liga Mayor. Sus hazañas estaban a la orden del día, sus integrantes eran idolatrados, fue épica su rivalidad con Necaxa y también con el España. La historia, además, recogió los tumultos que provocaban sus aficionados para ver sus juegos. Pues bien, el domingo 13 de enero de 1937 escribió un episodio más para la posteridad. Esta vez no se trataba de una proeza futbolística, sino de un incidente vergonzoso protagonizado por su estrella Juan Trompito Carreño, su entrenador y sus simpatizantes en el Parque España. El hecho tuvo expulsiones, descalabrados, batalla campal, invasión al campo y destrucción e incendio en parte de las tribunas. Acontecimiento reprobable por donde se le quiera ver, que, sin embargo, dejó constancia de lo que era el Atlante en aquella época.
Periódico Excélsior con la noticia del escándalo.
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
            La mañana del 13 de enero de 1937, en el Parque España, no había un juego cualquiera. Se enfrentaban el actual campeón España contra el Atlante. Era los tiempos en que los albinegros eran el orgullo de la colonia hispana en México y los azulgrana representaban el nacionalismo mexicano y eran el equipo de las clases humildes. El Parque, como siempre, se llenó para ver a estos dos conjuntos. Nadie esperaba la hecatombe que estaba por suceder y que después la prensa capitalina bautizó como “El motín de la Verónica”.
            El España tenía en su delantera a Luis Pirata Fuente y a José López Herranz, al portero Navarro y otras figuras más. En el Atlante, aún jugaban las leyendas Felipe Diente Rosas y Juan Carreño, este último ya tenía para entonces un lugar perenne en la historia del futbol mexicano: en 1928, marcó el primer gol de México en Juegos Olímpicos y en 1930 el primer gol azteca en Copa del Mundo, ni más ni menos. Fue precisamente el Trompito quien desató la furia aquel día del campeonato de Liga Mayor entre el España y el Atlante.
            De hecho, el equipo azulgrana abrió el marcador cuando el inmenso Diente Rosas contrarremató un balón suelto por el portero Navarro a disparo de González. La euforia no se hizo esperar en la tribuna de sol, la que estaba repleta de seguidores del Atlante. Hasta ahí todo era normal. Incluso, el cronista de Excélsior escribió: “Se jugó un futbol en grande, durante quince minutos”. Coincidió en eso el reportero de El Nacional, quien sobre el juego del Atlante afirmó: “Los azulgranas juegan con rapidez y precisión, y ponen sobre el terreno de juego su futbol alegre y bravío que los ha hecho famosos”. Pero jugadas después, Guirán le comete una brusca falta a Gómez del España, quien incluso debe salir en camilla del campo para ser atendido. Pepe Rodríguez, extraordinario delantero albinegro, toma venganza y le regresa la falta a Guirán. Era el principio del fin, así como lo constató El Universal “el juego perdió por completo su carácter deportivo”.
Joya de fotografía: Representantes del Atlante y del España, con el árbitro
y Juan Carreño, discutiendo la expulsión.
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
            En efecto, Juan Carreño, mientras se colocaba la barrera para cobrar la falta, fue y abofeteó a Pepe Rodríguez. Lógicamente, el árbitro, uno de los de mayor experiencia en aquellos años, Carlos Esteva, expulsó al Trompito. Lo que sucedió después no puede ser aclarado por las fuentes hemerográficas. Para El Universal, Juan Carreño acepta su expulsión y cuando se va del campo, su entrenador, Emanuel Caballo Guevara, lo regresa al campo. En Excélsior se lee que el público, al ver la expulsión protesta airadamente, Guevara va a la tribuna atlantista a provocar a la gente para que impidan que Carreño deje el juego. Por su parte, El Nacional coincide en que el jugador azulgrana sí abandonó el campo, pero un día después publica una entrevista con el árbitro Esteva quien aseguró que Carreño no salió del terreno de juego hasta que un directivo se lo ordenó cuando ya habían pasado 40 minutos de suspensión.
            Tratemos de reconstruir la situación. Cuando Juan Carreño agrede de un puñetazo a Pepe Rodríguez, el árbitro Esteva lo expulsa. El Trompo se resiste a salir del partido. La tribuna de sol protesta y algunos ingresan al terreno de juego. Luis Arce, “manager del Atlante”, entra al campo para sacar a su jugador expulsado. En ese instante ingresa al campo el entrenador azulgrana, Emanuel Guevara, quien cruza el campo y “le dirigió un discurso a los del stand de sol: la gente esa, que poco necesita para encontrar una oportunidad para el escándalo”, la gente de sol es la afición del Atlante. Hay una invasión al campo. El Inspector Autoridad, Juan Durán,  brilla por su ausencia y la policía es incapaz de detener el zafarrancho.
La afición del Atlante arrancando parte de la tribuna del
Parque España y prendiendo fogatas.
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México
            Además de la invasión, “los muchachos de sol” arrancan tablas, prenden fogatas en la tribuna, quieren incendiar el Parque; arrojan naranjas y piedras, quieren que regrese Carreño. De hecho, el futbolista azulgrana se para frente a la tribuna para calmar al público, pero “redoblaron su actitud y escándalo arreció”. Por inverosímil que parezca, entre toda esta histeria colectiva, en el campo se reúnen directivos del España y del Atlante con el árbitro y el jugador expulsado. El equipo azulgrana propone seguir con el juego pero que no cuente el resultado para el campeonato. Pero el manager del España, Pardo Bonilla, no acepta. Así que se va a reanudar el partido luego de 40 minutos de suspensión, con un incendio ya controlado por los bomberos y con gente en el terreno de juego.
            El jugador del España García Cortina, en una jugada frente a la tribuna de sol, es descalabrado por una piedra. Sale en camilla. Luego Pedro González “que no es un futbolista sino un individuo que busca al adversario para asesinarlo a mansalva”, le clava las rodillas en el estómago al albinegro Gómez. Termina por fin el primer tiempo. Ninguna crónica hace referencia a lo que sucedió en el Parque España durante el entretiempo. Lo cierto es que se reanudó el partido.
            El campeón va igualar el marcador. Tití cobra un tiro de esquina que Luis Pirata Fuente conecta de cabeza y vence el arco azulgrana. Luego Domingo Alonso del España y Roberto Vargas del Atlante tienen “otro macht de boxeo”, se lidian a golpes y ambos son expulsados por Esteva. Se vuelve a reanudar el partido pero “los jugadores dejaban el balón y buscaban al hombre, entraban con el pie en alto, se buscaban los tobillos, se tiraban hachazos infames”. Al final Chundara Rosas y López Herranz, en otro episodio de box desatan una batalla campal: “Jugadores, policías y algunos espontáneos de la bofetada, armaron la tremolina más grande que tengamos recuerdo”.  Excélsior afirma que la policía fue agredida con cojines, esta vez por la tribuna de sombra, la del España, por su pasividad en el conflicto. Lo cual provocó que algunos de los encargados de cuidar el orden sacaran sus armas y desalojaran la tribuna pistola en mano.


Jugador Gómez del España retirado luego de recibir una falta de un atlantista
Hemeroteca Nacional
Universidad Nacional Autónoma de México

            El Universal reporta que la Cruz Roja atendió a cinco jugadores: Navarro, Rosas, Vargas, Gómez y López Herranz, además de a dos espectadores. Por su parte, Pioquinto, autor de la nota en El Nacional, fue duro para calificar el espectáculo en el campo de la Verónica: “Se perdió todo respeto por el deporte, la decencia y la cultura”. Pero su crítica fue más severa para el Atlante: “Los colores azulgrana, que significan tanto, sufrieron un borrón que empañará el historial ejemplar del Atlante”; terminó su texto así “mañana de ingrata memoria para nuestro futbol. Y por lo que respecta al Atlante, cualquier censura es pequeña para lo que se merece”.
            Al martes siguiente, se reunió la Comisión Disciplinaria y decidió las siguientes sanciones: Juan Carreño, de Atlante, y Manuel Alonso, del España, un mes de suspensión; Emanuel Guevara, entrenador del Atlante, suspendido un año, sin poder tener un cargo o representación en el futbol organizado. Además, se le quitó su pase como jugador olímpico. Dicho sea de paso, el representante del Necaxa pidió una suspensión de por vida para Guevara, pero tras una votación, quedó en un año. Finalmente, Roberto Vargas, del Atlante, fue suspendido 15 días por contestar la agresión de Manuel Alonso. Y, por increíble que parezca, Carlos Esteva declaró que no se percató de la batalla campal al finalizar el juego y por eso no reportó nada en cédula arbitral.
            En fin, El motín de la Verónica es una página más en la extraordinaria historia del Atlante. En efecto, es indefendible la actitud de Juan Carreño, de los otros jugadores involucrados en el escándalo, de Emanuel Guevara y del público atlantista. Más cuando en aquellos tiempos su futbol bastaba para llenar estadios, para ser reconocido por todos y ser un dignísimo contendiente de equipos tan poderosos como el España y el campeonísimo Necaxa. El Atlante enamoraba por su forma de tratar el balón, por su origen, por su colores, por sus futbolistas históricos y, definitivamente, lo sucedido aquella mañana del 13 de enero de 1937 no era parte de su esencia. Pero las leyendas también se nutren de estos pasajes. Y desde entonces, el Atlante ya era una leyenda del futbol mexicano, como lo sigue siendo hasta el día de hoy.

Fuentes: El Universal, Excélsior y El Nacional de enero de 1937.

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